Relaciones con Vietnam
Pietro Parolin dedicó especial atención a la normalización y consolidación de las relaciones entre la Santa Sede y Vietnam. El diálogo buscó favorecer la vida de la Iglesia católica vietnamita, el nombramiento de obispos y una relación estable con las autoridades civiles.
La Santa Sede presentó la presencia de un representante pontificio residente como una expresión de la solicitud del Sucesor de Pedro hacia la Iglesia local.
Relaciones con China
Parolin también participó en el largo proceso de diálogo entre la Santa Sede y la República Popular China. En 2018 la Santa Sede y el Gobierno chino firmaron un acuerdo provisional sobre el nombramiento de obispos.
La diplomacia pontificia vinculó este proceso con la búsqueda de una relación basada en el respeto mutuo, el conocimiento recíproco y el bien de los católicos chinos. El acuerdo provocó debates y distintas valoraciones dentro y fuera de la Iglesia, especialmente acerca de sus efectos pastorales, su transparencia y la situación de la libertad religiosa.
Oriente Próximo
La actividad de Parolin ha prestado una atención constante a Oriente Próximo. La Santa Sede defiende la protección de las poblaciones civiles, la libertad religiosa, la presencia histórica de las comunidades cristianas y la búsqueda de soluciones políticas negociadas.
En relación con Israel y Palestina, la diplomacia vaticana ha apoyado la convivencia de dos Estados capaces de vivir en paz y seguridad, junto con el rechazo del odio, el terrorismo y toda forma de violencia contra la población civil.
Paz y conflictos internacionales
Parolin ha representado a la Santa Sede en numerosos encuentros internacionales relacionados con la guerra, la pobreza, las migraciones y la persecución religiosa. Su acción diplomática parte de la convicción de que la Iglesia no pretende sustituir a los Gobiernos, sino ofrecer un servicio al bien común y a la dignidad de toda persona.
El papa León XIV ha presentado la diplomacia de la Santa Sede alrededor de tres principios: paz, justicia y verdad. La paz cristiana no consiste únicamente en la ausencia de guerra, sino que exige diálogo, conversión del corazón, respeto de la libertad religiosa y rechazo de la venganza.