Cooperación subordinada de María
La teología católica afirma que María cooperó de manera singular con la obra de la salvación. Esta cooperación comenzó con su consentimiento en la Anunciación, continuó durante toda su vida unida a Jesús y alcanzó una expresión particularmente intensa en su presencia al pie de la cruz.
En este contexto, algunos teólogos emplean el término corredentora. El vocablo debe entenderse con precisión: el prefijo co- no sitúa a María al mismo nivel que Cristo, como si existieran dos redentores equivalentes. Indica una cooperación asociada, participada y dependiente.
La redención pertenece única y exclusivamente a Jesucristo. Cristo es el Redentor en sentido propio, porque su sacrificio posee valor infinito por la dignidad de su persona divina. María participa en la obra de su Hijo de modo secundario y subordinado, siempre por gracia de Dios y en virtud de los méritos de Cristo.
La tradición teológica distingue entre una cooperación mediata, relacionada con el consentimiento de María a la Encarnación y con su maternidad divina, y una cooperación inmediata, entendida como unión de sus actos de fe, amor y sufrimiento con la entrega de Cristo. Ambas explicaciones aparecen en la teología católica, aunque no todos los autores las formulan del mismo modo.
Cristo, único mediador
La devoción a Nuestra Señora de la Vera-Cruz debe conservar siempre la doctrina fundamental sobre la mediación de Cristo. Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres, porque solo Él reconcilia plenamente a la humanidad con el Padre mediante su Encarnación, su Pasión, su muerte y su resurrección.
La mediación de María no compite con la de Cristo ni añade una eficacia paralela. Es una mediación participada y dependiente de la única mediación del Señor. María recibe de Cristo toda la gracia y toda la capacidad de cooperación que posee.
El Concilio Vaticano II explicó que la acción maternal de María depende enteramente de los méritos de Cristo, brota de ellos y orienta a los fieles hacia una unión más profunda con el Salvador. Por ello, la devoción mariana bien entendida no aparta del Señor: conduce a Él.
La mediación maternal de María no oscurece ni disminuye la mediación única de Cristo; manifiesta su eficacia.