La Misa postconciliar conserva la división tradicional en dos grandes partes, precedidas y seguidas por otros ritos:
- Ritos iniciales.
- Liturgia de la Palabra.
- Liturgia eucarística.
- Ritos de conclusión.
La tradición cristiana contempla la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística como un único acto de culto. La escucha de la Escritura conduce al altar, y la Eucaristía realiza sacramentalmente el sacrificio de Cristo y alimenta al pueblo cristiano. La importancia de esta unidad exige una adecuada catequesis litúrgica.
Ritos iniciales
Los ritos iniciales disponen a la comunidad para escuchar la Palabra y celebrar la Eucaristía. Comprenden normalmente:
Estos elementos expresan la convocación de la Iglesia, la orientación hacia Dios y la necesidad de la conversión. La asamblea no aparece como un grupo reunido por iniciativa autónoma, sino como el pueblo convocado por Cristo.
Liturgia de la Palabra
La liturgia de la Palabra comprende habitualmente:
La proclamación litúrgica no constituye una simple lectura informativa. Cristo continúa anunciando el Evangelio en la Iglesia, y la asamblea recibe la Escritura como Palabra viva dirigida a la comunidad concreta.
Liturgia eucarística
La liturgia eucarística comienza con la preparación de los dones. El pan y el vino, fruto de la tierra y del trabajo humano, llegan al altar para convertirse sacramentalmente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
La plegaria eucarística ocupa el centro de la celebración. Comprende normalmente:
La Iglesia ofrece al Padre el único sacrificio de Cristo, presente sacramentalmente bajo las especies de pan y vino. La variedad de plegarias eucarísticas no modifica la identidad del misterio celebrado.
Ritos de la Comunión
Los ritos de la Comunión incluyen:
- el Padrenuestro;
- el rito de la paz;
- la fracción del pan;
- el Cordero de Dios;
- la invitación a la Comunión;
- la recepción del Cuerpo y la Sangre de Cristo;
- la oración después de la Comunión.
La Comunión no constituye simplemente una comida comunitaria. La dimensión de banquete pertenece a la Eucaristía, pero brota del sacrificio de Cristo y conduce a la unión real con Él. La Eucaristía posee simultáneamente carácter sacrificial, memorial, convival y escatológico.