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Amor

El amor, en la doctrina católica, constituye una realidad humana, moral y teológica que alcanza su plenitud en Dios, cuya naturaleza revela la Primera Carta de Juan con la afirmación: «Dios es amor». El término comprende la inclinación hacia el bien, el deseo de la perfección propia y ajena, la benevolencia, la amistad, la entrega personal y, en su forma sobrenatural, la caridad, virtud teologal infundida por Dios que une al ser humano con Él y ordena todas las demás virtudes. La tradición católica, especialmente en santo Tomás de Aquino, distingue entre el amor de concupiscencia -por el que se desea un bien- y el amor de benevolencia o amistad -por el que se quiere el bien de una persona por ella misma-, sin convertirlos en realidades necesariamente opuestas.

Romeo and Juliet
Ver información de la imagenRepresentando la famosa escena del balcón de Romeo y Julieta, c. 1884. http://www.odysseetheater.com/romeojulia/romeojulia.htm, Frank Bernard Dicksee, Dominio Público. 📄
Infografía de Amor
Ver información de la imagenInfografía de Amor. Autor: Enciclopedia Wikitólica. Licencia CC BY-SA 4.0
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreAmor
CategoríaTérmino
DescripciónRealidad humana, moral y teológica que alcanza su plenitud en Dios, expresada como caridad, la virtud teologal que une al ser humano con Él y ordena todas las demás virtudes. Amor es el movimiento del apetito hacia el bien, orientado por la voluntad y la razón, que culmina en la entrega a Dios y al prójimo
Aplicación moralDirige la acción hacia el bien del otro, integra la justicia con la misericordia y orienta todas las virtudes hacia Dios y el prójimo.
Conceptos relacionadosCaridad; Concupiscencia; Benevolencia; Amistad; Amor natural; Amor sobrenatural
Contexto históricoDesarrollado en la escolástica tomista (siglo XIII) y reforzado en la teología católica posterior, con referencias en la Enciclopedia Católica (1913) y declaraciones papales como Juan Pablo II (1999).
Descripción breveInclinación al bien que, en su forma sobrenatural, constituye la virtud teologal de la caridad.
Fundamento magisterialJuan Pablo II, Audiencia General 13-10-1999, 4
Fundamento tradicionalSanto Tomás de Aquino, Summa Theologiae (1274)
Importancia eclesialEs una de las tres virtudes teologales (junto con fe y esperanza) y fundamento de la vida cristiana y de la misión de la Iglesia.
Interpretación tradicionalSegún Santo Tomás de Aquino, el amor es el primer movimiento de la voluntad; se distingue entre amor de concupiscencia (deseo de bien) y amor de benevolencia (amor al bien de la persona).
Personas relacionadasSanto Tomás de Aquino; Juan Pablo II
Referencias bíblicas1 Juan 4:8
TipoVirtud, teologal, caridad
Virtudes relacionadasFe; Esperanza

Tabla de contenido

Concepto general

En sentido amplio, el amor designa el movimiento del apetito hacia un bien. El ser humano ama aquello que percibe como bueno, verdadero, bello o conveniente para su perfección. El amor no consiste únicamente en una emoción intensa: también incluye el juicio de la razón, la orientación de la voluntad y la decisión de actuar en favor del bien amado.

Santo Tomás de Aquino considera el amor como el primer movimiento de la voluntad y de toda facultad apetitiva. La voluntad tiende al bien; por ello, el amor precede al deseo, a la esperanza, al gozo, al dolor y al rechazo. Una persona desea algo porque antes lo ama como un bien todavía no poseído, y goza de ello porque lo ama como un bien ya alcanzado.1

La tradición tomista describe el amor como una cierta complacencia ante el bien. El bien amado atrae al sujeto, produce en él una afinidad afectiva y lo impulsa hacia la unión con aquello que ama. De este modo, el amor posee tres momentos relacionados:

  • la complacencia ante un bien;
  • el movimiento del deseo hacia ese bien;
  • el gozo que nace de su posesión o de la unión con él.

Santo Tomás llama pasión al amor cuando pertenece propiamente al apetito sensible, aunque utiliza también el término en un sentido más amplio para referirse al movimiento de la voluntad. La pasión no equivale aquí a una emoción desordenada: designa el efecto producido en una facultad apetitiva por el bien que la atrae.2

El amor en Dios

Dios como fuente y plenitud del amor

La fe cristiana confiesa que Dios es amor. Esta afirmación no presenta el amor como una cualidad accidental de Dios, sino como una expresión de su misterio trinitario y de su vida eterna. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven una comunión perfecta de conocimiento, donación y recepción.

Dios ama a las criaturas porque quiere para ellas el bien. En la teología de santo Tomás, todo cuanto existe posee bondad en la medida en que existe y participa de alguna perfección. La voluntad divina, causa de todo lo creado, concede a cada criatura su existencia y sus bienes. Por esta razón, Dios ama todo lo que existe: su amor no depende de una bondad previa que lo atraiga, sino que el amor de Dios comunica y produce la bondad de las criaturas.3

El amor humano responde a un bien que ya encuentra; el amor divino, en cambio, causa el bien que concede. Esta diferencia permite comprender la gratuidad de la creación, de la providencia y de la gracia.

Amor y Trinidad

La caridad introduce al cristiano en la vida de amor de la Trinidad. El Espíritu Santo transforma interiormente a la persona y configura en ella la respuesta cristiana al amor del Padre. La caridad no constituye únicamente una disposición moral para realizar buenas obras: comunica una participación real, aunque creada y recibida, en la vida divina.4

La acción del Espíritu Santo eleva la capacidad humana de amar sin destruirla. La gracia no sustituye la naturaleza ni elimina las inclinaciones humanas, sino que las purifica, las sana y las orienta hacia su finalidad sobrenatural. Por ello, la caridad perfecciona las formas auténticas del amor humano y las ordena según Dios.

Distinción entre amor de concupiscencia y amor de benevolencia

Significado de la distinción

La distinción entre amor de concupiscencia y amor de benevolencia, también llamado amor de amistad, ocupa un lugar fundamental en la teología moral católica.

El amor de concupiscencia no equivale necesariamente a un deseo sensual, egoísta o pecaminoso. En el lenguaje tomista, designa el amor dirigido al bien que alguien desea. Una persona ama de este modo la salud, el descanso, la sabiduría, la seguridad o la felicidad, porque considera esos bienes valiosos para sí misma o para otra persona.5

El amor de benevolencia se dirige, en cambio, a la persona para la que se quiere el bien. Amar con benevolencia significa querer el bien de alguien por consideración a esa persona, no simplemente por la utilidad, el placer o el beneficio que pueda proporcionar.

Santo Tomás ordena ambos amores de manera jerárquica:

  • la persona constituye el objeto amado por sí mismo;
  • el bien deseado para ella constituye el objeto amado en relación con alguien;
  • por tanto, el amor de benevolencia posee prioridad sobre el amor de concupiscencia.

Una persona no ama correctamente un bien aislado de toda persona. Ama la salud para alguien, el conocimiento para alguien, la prosperidad para alguien o la felicidad para alguien. El amor de benevolencia proporciona el sentido último a los bienes deseados.6

Concupiscencia no significa desorden moral

La palabra concupiscencia puede inducir a error en el lenguaje contemporáneo. En la terminología de santo Tomás, no identifica por sí misma el deseo sexual desordenado ni el egoísmo. Designa, en primer lugar, el amor de un bien querido por su relación con alguien.

Por ejemplo, quien ama a un enfermo puede desear su curación. La curación constituye el objeto del amor de concupiscencia; el enfermo, amado por su propia dignidad, constituye el objeto del amor de benevolencia. Ambos movimientos pueden formar parte de un único acto de amor plenamente humano.

El desorden aparece cuando una persona trata a otra como un simple instrumento para conseguir placer, utilidad, prestigio o seguridad. En ese caso, el bien propio desplaza a la persona y la reduce a medio. El amor auténtico, por el contrario, desea bienes para la persona sin dejar de reconocerla como un fin digno de respeto.7

Complementariedad de ambos amores

La tradición católica no exige que la benevolencia excluya todo beneficio para quien ama. El amor de amistad también enriquece al amante, porque la comunión en el bien constituye un bien para ambos. Amar a otra persona por ella misma no significa permanecer indiferente ante la alegría, la ayuda o la plenitud que nacen de esa relación.

El amor de concupiscencia y el amor de benevolencia pueden coexistir ordenadamente:

  • una persona puede amar a su cónyuge por su dignidad personal;
  • puede desear también la alegría de compartir su vida con él;
  • puede querer bienes concretos -salud, descanso, protección, prosperidad- para ambos;
  • puede recibir legítimamente felicidad de la unión con la persona amada.

La moral católica no considera malo recibir bienes del amor. La cuestión decisiva consiste en determinar si la otra persona permanece amada por sí misma o queda subordinada a la satisfacción del propio interés.8,9

Amor natural y caridad sobrenatural

El amor natural

El amor natural nace de las inclinaciones propias de la creación y de la estructura de la persona. Cada ser tiende hacia su propia perfección, hacia el bien que corresponde a su naturaleza y hacia el bien común del que forma parte.

Santo Tomás explica que toda criatura posee una inclinación natural hacia el bien. Incluso los seres sin conocimiento manifiestan, de modo analógico, una orientación hacia su perfección propia. En el ser humano, el amor natural alcanza el nivel racional: la persona puede reconocer que Dios es el bien universal y amarle naturalmente por encima de sí misma.10

Este amor no resulta perverso ni contrario a la gracia. La caridad no destruye el amor natural, sino que lo perfecciona y lo eleva. La naturaleza creada conserva una ordenación fundamental hacia Dios, aunque el pecado debilite la inteligencia, la voluntad y las inclinaciones humanas. La restauración plena de esa ordenación necesita la ayuda de la gracia.10

El amor natural puede incluir:

Un acto de ayuda puede ser natural cuando nace de la compasión, de la justicia, de la amistad o del reconocimiento de la dignidad de otra persona. Ese acto posee valor moral aunque el sujeto no lo realice explícitamente por una motivación religiosa.11

La caridad como virtud teologal

La caridad sobrenatural es una de las tres virtudes teologales, junto con la fe y la esperanza. Su objeto inmediato es Dios, y su origen no procede del esfuerzo humano ni de la mera repetición de actos buenos: Dios la infunde en el alma junto con la gracia santificante.12

La caridad capacita a la voluntad para:

  • amar a Dios sobre todas las cosas y por Él mismo;
  • amar al prójimo por amor de Dios;
  • amar rectamente a uno mismo;
  • ordenar todas las acciones hacia la comunión con Dios.

La caridad reside propiamente en la voluntad racional. Puede producir emociones intensas y repercutir en la sensibilidad, pero no depende de sentir entusiasmo, ternura o consuelo. Una persona puede amar verdaderamente a Dios y al prójimo incluso durante una etapa de sequedad espiritual, cansancio o sufrimiento, siempre que conserve la voluntad de buscar el bien conforme a Dios.12

Diferencia entre un acto natural y un acto sobrenatural

La diferencia entre el amor natural y la caridad sobrenatural no depende únicamente de la acción exterior. Dos personas pueden realizar la misma obra -por ejemplo, asistir a un pobre- y actuar desde disposiciones interiores distintas.

Un acto pertenece a la caridad sobrenatural cuando procede de la virtud infundida de la caridad y reconoce, de manera explícita o implícita, el amor de Dios y la dignidad de la persona como criatura llamada a la comunión con Él. La caridad cristiana contempla al necesitado como hijo de Dios y como miembro de la familia humana redimida por Cristo.11

La caridad sobrenatural no elimina los motivos humanos legítimos. La compasión, la amistad, el afecto familiar y el sentido de justicia pueden acompañar la acción caritativa. La gracia integra esos motivos y los orienta hacia el amor de Dios.

La caridad como virtud teologal

Objeto y motivo

La caridad ama a Dios por su bondad infinita y no únicamente por los beneficios que la persona espera recibir. El creyente puede desear la felicidad eterna, pedir ayuda divina y esperar la salvación; sin embargo, la caridad alcanza su forma propia cuando Dios aparece como digno de amor por Él mismo.12

La esperanza y la caridad no deben presentarse como enemigas. La esperanza desea la unión con Dios y la felicidad que procede de ella; la caridad ama a Dios como Bien supremo y fuente de toda felicidad. La tradición católica rechaza tanto el egoísmo espiritual como la pretensión de amar a Dios excluyendo todo deseo de salvación.12

Amor a Dios y amor al prójimo

El amor a Dios y el amor al prójimo forman una única virtud de caridad, aunque poseen un orden: Dios recibe el amor primero y el prójimo lo recibe por referencia a Dios. El mandamiento de amar al prójimo no constituye una obligación secundaria o meramente humanitaria, sino una consecuencia inseparable del amor a Dios.

La caridad abarca:

Cristo une el amor de Dios y el amor al prójimo en el mandamiento supremo. La persona humana posee una dignidad común porque todos participan de la misma naturaleza y están llamados a un destino último en Dios.11

La forma de todas las virtudes

La caridad recibe tradicionalmente el nombre de forma de las virtudes. No significa que sustituya a la prudencia, la justicia, la fortaleza o la templanza, sino que les proporciona su orientación última y su unidad interior.

Una acción puede resultar exteriormente correcta y carecer de caridad si la mueve el desprecio, la vanidad, el deseo de dominar o la búsqueda exclusiva de reconocimiento. La caridad purifica los actos buenos, ordena los deseos y conduce cada virtud hacia Dios y hacia el verdadero bien de la persona.4

La caridad también purifica la capacidad humana de amar y la eleva a una perfección sobrenatural. Por ello, no constituye solamente una virtud entre otras, sino el principio que anima la práctica cristiana de todas ellas.4

Amor y amistad

Santo Tomás interpreta la caridad como una forma de amistad entre Dios y el ser humano. La amistad implica una unión afectiva, la comunicación de bienes y cierta reciprocidad. Dios ofrece al ser humano su gracia y le permite participar de su vida; el ser humano responde mediante la fe, la esperanza y la caridad.13

La amistad humana posee también un valor propio. La caridad no convierte a las relaciones naturales en realidades insignificantes, sino que las perfecciona. Una amistad auténtica busca el bien del amigo, respeta su libertad y favorece su crecimiento moral y espiritual.

La amistad basada exclusivamente en la utilidad o en el placer contiene un elemento de amor de concupiscencia. Puede conservar cierta bondad, porque todavía desea algún bien para otra persona, pero pierde parte de la plenitud de la amistad cuando subordina enteramente al otro al propio beneficio.8

Amor conyugal

El amor entre el hombre y la mujer ocupa un lugar singular en la reflexión cristiana sobre el amor. La unión conyugal compromete inseparablemente el cuerpo y el alma, y alcanza su verdad mediante la donación personal, la diferencia sexual y la apertura a la vida. Estas dimensiones forman una unidad que impide reducir el amor conyugal a emoción, deseo, convivencia o contrato afectivo.14

El amor conyugal integra:

  • la entrega total de las personas;
  • la fidelidad;
  • la exclusividad;
  • la permanencia;
  • la apertura generosa a la vida;
  • la ayuda mutua;
  • la educación de los hijos;
  • la participación en el bien espiritual del otro.

La atracción y el deseo poseen un lugar legítimo dentro del amor conyugal, pero necesitan integrarse en el amor de benevolencia. El cónyuge no puede tratarse como un objeto destinado a proporcionar placer. La entrega corporal expresa la entrega de toda la persona y reclama respeto por la dignidad y la libertad del otro.

Amor propio y dignidad humana

El amor propio ordenado no constituye egoísmo. La persona debe reconocer su propia dignidad, cuidar su vida, desarrollar sus capacidades y buscar su bien integral. Quien desprecia sistemáticamente su propia dignidad difícilmente puede amar al prójimo de forma plena, porque el mandamiento cristiano presenta el amor a uno mismo como referencia del amor al otro.

El amor propio se vuelve desordenado cuando convierte el yo en medida absoluta de la realidad. El egoísmo busca el bien personal al margen de la verdad, de la justicia y del bien ajeno. La caridad, en cambio, integra el amor a uno mismo dentro del orden del amor: la persona desea su propia plenitud, pero reconoce que esa plenitud consiste en vivir en la verdad, en la virtud y en la comunión con Dios y con los demás.

Amor, justicia y solidaridad

La caridad no reemplaza a la justicia. La justicia reconoce al prójimo como sujeto de derechos y como persona con dignidad propia; la caridad lo contempla además como hermano. La justicia exige dar a cada uno lo suyo, mientras que la caridad impulsa a compartir, servir y asumir las necesidades del otro como una responsabilidad humana y cristiana.11

La caridad posee una dimensión interior y otra exterior:

  • la dimensión interior quiere sinceramente el bien del prójimo y se alegra de su bien;
  • la dimensión exterior traduce ese deseo en obras concretas de ayuda material, moral y espiritual.

La solidaridad nace de la comunión entre las personas. El amor auténtico no destruye la identidad individual, sino que confirma a cada persona en su singularidad y la integra en relaciones de servicio mutuo. La sociedad alcanza una forma más humana cuando las personas y las instituciones reconocen que el bien personal y el bien común no viven enfrentados.15

Amor, sacrificio y sufrimiento

El amor verdadero puede exigir sacrificio. El sacrificio cristiano no consiste en buscar el sufrimiento por sí mismo ni en justificar abusos, violencia o injusticias. Consiste en aceptar las renuncias necesarias para permanecer en la verdad, proteger al débil, cumplir una responsabilidad o procurar el bien de otra persona.

La cruz de Cristo manifiesta un amor que entrega la propia vida por la salvación de los demás. La tradición cristiana contempla en ella la fuente de la capacidad humana para amar de manera eficaz: Dios no solo ordena amar, sino que comunica primero su amor y lo muestra en Cristo.16

El sufrimiento no adquiere automáticamente valor moral. La persona puede vivirlo cristianamente cuando lo une a Cristo y lo transforma, con la gracia, en ocasión de fidelidad, compasión y entrega. La caridad nunca permite utilizar el sufrimiento ajeno ni exige permanecer pasivamente ante una injusticia evitable.

Amor y libertad

El amor requiere libertad. Una acción exteriormente generosa pierde su verdad cuando nace de la coacción, de la manipulación o del miedo injustamente impuesto. La libertad no significa actuar al margen de toda verdad, sino poder entregarse al bien conocido y querido.

La caridad perfecciona la libertad porque libera a la persona del dominio de los bienes inferiores, del egoísmo y de las pasiones desordenadas. La persona caritativa no ama menos por obedecer a Dios: aprende a ordenar sus deseos y alcanza una libertad más plena para entregarse.

El amor también respeta la alteridad. Amar no consiste en absorber al otro ni en convertirlo en una prolongación del propio yo. La unión auténtica confirma la identidad de cada persona y permite una comunión que no elimina las diferencias.15

Amor y verdad

La caridad necesita la verdad. Un afecto intenso no convierte en bueno todo aquello que desea, y la sinceridad subjetiva no basta para justificar una elección. El amor auténtico busca el bien real de la persona, aunque en ocasiones deba corregir, advertir o poner límites.

La corrección fraterna puede formar parte de la caridad cuando nace de la benevolencia, respeta la dignidad del otro y busca su bien. La dureza, la humillación y el deseo de imponer la propia voluntad contradicen el amor, aunque adopten un lenguaje moral o religioso.

La verdad protege al amor de dos deformaciones opuestas:

  • el sentimentalismo, que identifica el amor con la emoción pasajera;
  • el rigorismo, que defiende normas sin misericordia ni atención a la persona concreta.

La caridad une la verdad y la misericordia. Ama a la persona sin aprobar el mal que la perjudica, y combate el mal sin despreciar a quien necesita conversión, ayuda o perdón.

Amor a los enemigos

El amor cristiano alcanza una exigencia particular en el perdón y en el amor a los enemigos. Amar al enemigo no significa aprobar sus actos, renunciar a la legítima defensa, ignorar el daño causado o eliminar toda prudencia. Significa rechazar el odio y la voluntad de venganza, desear la conversión y el bien auténtico de quien ha obrado mal, y buscar la justicia mediante medios proporcionados.

El perdón puede requerir un proceso prolongado. La caridad no obliga a restablecer inmediatamente una confianza que el otro ha destruido, ni impide establecer límites para proteger a las víctimas. La reconciliación plena necesita verdad, arrepentimiento y reparación cuando resulten posibles.

Dimensión espiritual de la caridad

La caridad crece mediante la unión con Dios, la oración, la recepción de los sacramentos, la escucha de la palabra divina y la práctica concreta de las obras de misericordia. La vida cristiana no produce caridad únicamente mediante esfuerzo moral: necesita la gracia que procede de Cristo y actúa por el Espíritu Santo.

La caridad puede manifestarse en actos ocultos y cotidianos:

  • escuchar con paciencia;
  • visitar a quien sufre;
  • compartir bienes;
  • cuidar a un enfermo;
  • enseñar al que no sabe;
  • consolar al afligido;
  • perdonar;
  • soportar con mansedumbre una dificultad;
  • defender al inocente;
  • orar por vivos y difuntos.

La calidad cristiana del amor no depende solamente de la magnitud visible de una obra. También depende de la verdad de la intención, de la atención a la persona y de la disposición a servir sin convertir el bien realizado en instrumento de vanagloria.

Amor en la vida de la Iglesia

La Iglesia recibe su identidad de la caridad de Cristo. La comunidad cristiana no puede reducirse a una asociación de intereses religiosos, porque nace de la comunión con Dios y está llamada a hacer visible esa comunión en el servicio a los demás.

La caridad eclesial comprende la liturgia, la evangelización, la vida comunitaria y la atención a los pobres. Una celebración cristiana pierde su coherencia cuando la comunidad desprecia al necesitado, fomenta rivalidades o mantiene injusticias. Del mismo modo, la acción social de la Iglesia alcanza su plenitud cuando reconoce en cada persona una dignidad recibida de Dios y una vocación a la vida eterna.

La caridad también ordena la autoridad. Toda autoridad cristiana debe orientarse al servicio, actuar con humildad y respetar la verdad y la conciencia. La obediencia auténtica no destruye la voluntad, sino que ayuda a ordenar los deseos hacia el bien.15

Jerarquía del amor

La tradición católica propone un orden objetivo del amor:

  1. Dios, amado por sí mismo y sobre todas las cosas.
  2. La propia persona, amada como criatura de Dios y llamada a la salvación.
  3. El prójimo, amado por sí mismo y por su relación con Dios.
  4. Los bienes creados, amados según su valor y ordenados al bien de las personas.
  5. El mundo creado, recibido como don y tratado con responsabilidad.

Este orden no reduce el amor a una escala fría de preferencias. Permite discernir conflictos y evitar que un bien inferior destruya uno superior. La riqueza, el placer, el éxito o la comodidad pueden tener valor, pero no poseen la dignidad de una persona ni pueden convertirse en el fin último de la existencia.

Síntesis teológica

La concepción católica del amor integra varias dimensiones que no deben separarse:

  • el amor como inclinación hacia el bien;
  • el amor como acto de la voluntad;
  • el amor como pasión sensible;
  • el amor como benevolencia;
  • el amor como amistad;
  • el amor como deseo de bienes;
  • el amor como entrega personal;
  • el amor como virtud moral;
  • el amor como caridad sobrenatural.

Santo Tomás ofrece las categorías clásicas para distinguir estas dimensiones sin reducir el amor a una sola de ellas. La teología contemporánea ha profundizado especialmente en la dimensión relacional, personal y comunitaria del amor, así como en su conexión con la dignidad, la solidaridad, el matrimonio y la vida social. Estas perspectivas no sustituyen las definiciones clásicas: las desarrollan cuando conservan la prioridad de Dios, la verdad del bien y la orientación de la persona hacia la comunión.

El amor natural prepara el camino para la virtud y conserva una bondad propia; la caridad sobrenatural lo sana, lo eleva y lo dirige hacia la participación en la vida divina. El amor de concupiscencia expresa el deseo de bienes, mientras que el amor de benevolencia ama a las personas por sí mismas. La vida cristiana alcanza su plenitud cuando ambos movimientos quedan ordenados por la caridad: amar a Dios por encima de todo y amar a cada persona buscando su verdadero bien.

Citas y referencias

  1. Primera parte - Amor de Dios - ¿Existe el amor en Dios? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I, Q. 20, A. 1, co. (1274).
  2. Primera parte de la segunda parte - De las pasiones del alma en particular: Y primero, del amor - ¿Es el amor una pasión? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I-II, Q. 26, A. 2, co. (1274).
  3. Primera parte - Amor de Dios - ¿Ama Dios a todas las cosas? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I, Q. 20, A. 2, co. (1274).
  4. La caridad es la esencia del nuevo «mandamiento», Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 13 de octubre de 1999, 4 (1999). 2 3
  5. Primera parte de la segunda parte - De las pasiones del alma en particular: Y primero, del amor - ¿Está el amor propiamente dividido en amor de amistad y amor de concupiscencia? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I-II, Q. 26, A. 4, co. (1274).
  6. Lawrence Feingold. La Palabra exhala Amor: La analogía psicológica para la Trinidad y la complementariedad del intelecto y la voluntad, 9 (2019).
  7. Margaret H. McCarthy. 'Maridos, amad a vuestras esposas como a vuestros propios cuerpos': ¿Es el amor nupcial un caso de amor o su paradigma? , 15 (2005).
  8. Margaret H. McCarthy. 'Maridos, amad a vuestras esposas como a vuestros propios cuerpos': ¿Es el amor nupcial un caso de amor o su paradigma? , 17 (2005). 2
  9. Margaret H. McCarthy. 'Maridos, amad a vuestras esposas como a vuestros propios cuerpos': ¿Es el amor nupcial un caso de amor o su paradigma? , 18 (2005).
  10. Steven A. Long. Sobre la pérdida y la recuperación de la naturaleza como principio teonómico: Reflexiones sobre la controversia naturaleza/gracia, 45 (2007). 2
  11. Caridad y obras de caridad. Enciclopedia Católica, Caridad y Obras de Caridad (1913). 2 3 4
  12. Amor (virtud teológica). Enciclopedia Católica, Amor (Virtud Teológica) (1913). 2 3 4
  13. Kevin White. Amistad Grado Cero: Tomás de Aquino sobre la Buena Voluntad, 20 (2011).
  14. Angelo Cardeal Scola. La unidad del amor y el rostro del hombre: Una invitación a leer Deus Caritas Est, 7 (2006).
  15. Stratford Caldecott. Communio: Revista Católica Internacional - Verano, 1992, 3 (1992). 2 3
  16. Rodney Howsare. ¿Por qué comenzar con amor? Eros, Ágape y el problema del secularismo, 21 (2006).
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