La conciencia intencional
Lonergan distinguió entre la conciencia entendida como simple percepción y la conciencia entendida como presencia del sujeto a sus propias operaciones. La conciencia humana incluye experimentar, comprender, juzgar y deliberar.
Su análisis puede resumirse en cuatro niveles:
- Experiencia: atención a los datos de los sentidos, de la memoria y de la propia conciencia.
- Comprensión: búsqueda de una explicación inteligible de esos datos.
- Juicio: valoración de las pruebas para determinar si una afirmación resulta verdadera.
- Decisión: orientación responsable de la acción hacia bienes auténticos.
Este esquema no describe una técnica externa, sino la estructura dinámica de la actividad humana. La persona que conoce no recibe pasivamente una realidad ya interpretada: pregunta, investiga, comprende, verifica y afirma.
La conversión intelectual
La conversión intelectual consiste en descubrir que conocer no equivale a mirar, imaginar o formar conceptos. Conocer exige alcanzar un juicio verdadero mediante la comprensión y la comprobación suficiente.
Lonergan formuló esta conversión mediante preguntas radicales:
- ¿Qué hago cuando conozco?
- ¿Por qué esas operaciones conducen a la verdad?
- ¿Qué conozco realmente cuando afirmo algo?
La conversión intelectual corrige tanto el empirismo -que reduce el conocimiento a los datos- como el idealismo -que encierra la realidad en las estructuras del sujeto-. Para Lonergan, la inteligencia humana puede alcanzar lo real porque su dinamismo apunta espontáneamente hacia lo inteligible, lo incondicionado y el bien.
La autenticidad
El conocimiento exige autenticidad. Una persona puede comprender correctamente y, sin embargo, negarse a aceptar la verdad por intereses, prejuicios o temor. Por ello, Lonergan vinculó la autenticidad intelectual con la autenticidad moral y religiosa.
La autenticidad intelectual pide atender a los datos, comprender sin precipitación y juzgar conforme a la evidencia. La autenticidad moral pide elegir bienes verdaderos y no limitarse a satisfacer preferencias inmediatas. La autenticidad religiosa orienta toda la existencia hacia Dios.