Obispos y sacerdotes diocesanos
Entre los mártires figuran obispos y sacerdotes que continuaron su ministerio pese a las amenazas. Algunos permanecieron junto a sus comunidades; otros ocultaron el Santísimo Sacramento, atendieron a enfermos o protegieron a personas perseguidas.
El beato José Samsó i Elias, sacerdote de la diócesis de Barcelona y párroco de Santa María de Mataró, destacó por su catequesis, su atención a los pobres y su acompañamiento de enfermos y presos. Detenido el 30 de julio de 1936, permaneció encarcelado hasta el 1 de septiembre, cuando fue fusilado en el cementerio de Mataró. Antes de morir perdonó a sus verdugos. Benedicto XVI autorizó el decreto sobre su martirio y lo beatificó en Mataró el 23 de enero de 2010.
El beato Pedro Asúa Mendía, sacerdote de Vitoria y antiguo arquitecto, ejerció su ministerio mediante la predicación, la catequesis, la adoración eucarística y la ayuda a los pobres. Los milicianos lo arrestaron, torturaron y trasladaron a Liendo, donde lo fusilaron el 29 de agosto de 1936. Murió perdonando a sus enemigos y fue beatificado por el papa Francisco el 1 de noviembre de 2014.
También forman parte de este grupo sacerdotes como Gaietà Clausellas Ballvé, capellán de un asilo de ancianos en Sabadell. Aunque conocía el peligro, decidió permanecer junto a las personas mayores confiadas a su cuidado. Los milicianos lo detuvieron el 14 de agosto de 1936 y lo asesinaron al día siguiente. La Iglesia lo beatificó junto con Antoni Tort Reixachs el 23 de noviembre de 2024, durante el pontificado del papa Francisco.
Religiosos y religiosas
Las comunidades religiosas sufrieron de manera particular la persecución. Los perseguidores identificaban con facilidad los conventos, colegios, hospitales y casas religiosas. Muchos religiosos fueron asesinados por llevar hábito, pertenecer a una congregación o continuar su servicio pastoral y caritativo.
Entre los grupos reconocidos figuran:
- Los mártires de Motril, encabezados por el agustino recoleto Vicente Soler y varios compañeros, junto con el sacerdote diocesano Manuel Martín. La Iglesia los beatificó el 7 de marzo de 1999, durante el pontificado de Juan Pablo II.
- Los 122 mártires españoles beatificados el 25 de octubre de 1992 por Juan Pablo II, entre ellos religiosos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y misioneros claretianos.
- Los 233 mártires beatificados el 11 de marzo de 2001 por Juan Pablo II, grupo compuesto por sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas, padres y madres de familia y jóvenes laicos.
- Los 498 mártires beatificados el 28 de octubre de 2007 por Benedicto XVI, pertenecientes a diversas diócesis y familias religiosas.
- Los 522 mártires beatificados en Tarragona el 13 de octubre de 2013 por el papa Francisco, entre pastores, personas consagradas y fieles laicos.
El beato Ángel Marina Álvarez, dominico, ejercía como prior de la comunidad de Almagro cuando fue asesinado el 14 de agosto de 1936. El papa Francisco lo beatificó el 18 de junio de 2022 junto con diecinueve compañeros.
Laicos, jóvenes y padres de familia
La persecución alcanzó también a laicos cuya identidad cristiana resultaba conocida. El beato Joan Roig i Diggle, joven laico de diecinueve años, murió en 1936 por odio a la fe. El papa Francisco lo beatificó el 7 de noviembre de 2020.
El beato Antoni Tort Reixachs, esposo y padre de familia, acogió en su casa a sacerdotes y religiosas perseguidos. Los milicianos lo detuvieron el 1 de diciembre de 1936, lo llevaron al convento de Sant Elies, convertido en prisión, y lo asesinaron la noche del 3 al 4 de diciembre. La causa canónica consideró probado que sufrió malos tratos e insultos por su condición de cristiano practicante. Francisco lo beatificó el 23 de noviembre de 2024 junto con Gaietà Clausellas.
El grupo de los 233 mártires beatificados en 2001 incluyó también a Francisco Castelló y Aleu, joven químico y miembro de Acción Católica, que escribió cartas de serenidad y perdón antes de morir. En el mismo grupo figuró el joven sacerdote Germán Gozalbo, asesinado poco después de celebrar su primera misa.
Mujeres consagradas
Numerosas religiosas fueron asesinadas por su consagración a Dios y por la labor que realizaban en colegios, hospitales, asilos y obras de asistencia.
Las beatas Rita Dolores Pujalte Sánchez y Francisca del Sagrado Corazón de Jesús Aldea Araujo, religiosas de las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús, permanecieron en el colegio de Santa Susana, en Madrid, para no abandonar a las niñas y huérfanas atendidas por la comunidad. Los milicianos las detuvieron el 20 de julio de 1936 y las fusilaron en Canillejas. Juan Pablo II las beatificó el 10 de mayo de 1998.
En aquella misma celebración fueron beatificadas María Gabriela Hinojosa y seis compañeras, salesianas mártires, y María Cecilia Cendoya y Araquistáin, religiosa de la Visitación. La homilía de Juan Pablo II presentó su fidelidad comunitaria, su oración y su permanencia junto a sus hermanas como expresiones concretas de amor cristiano.
Las beatas María Teresa Ferragud Roig y sus cuatro hijas religiosas constituyen uno de los testimonios más conocidos. María Teresa, de edad avanzada, pidió acompañar a sus hijas y morir después de ellas para sostenerlas en el momento supremo. El grupo fue beatificado por Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001.