Infancia, formación y conversión
Avery Robert Dulles nació en 1918 en una familia vinculada a la tradición presbiteriana. Durante sus años en la Universidad de Harvard atravesó un periodo de búsqueda intelectual y religiosa. La contemplación del orden del universo y la insuficiencia de las explicaciones materialistas contribuyeron a su reconocimiento de la existencia de Dios.
Su itinerario espiritual también incluyó la lectura de san Agustín y de diversos autores cristianos. Dulles encontró en los Evangelios una presentación de Jesucristo que superaba la imagen de un simple maestro moral. La persona de Cristo, tal como aparece en el Nuevo Testamento, le condujo a preguntarse por la Iglesia fundada por Él.
Antes de incorporarse a la Iglesia católica, visitó comunidades protestantes, en parte por respeto a la tradición religiosa de su familia. Más tarde estudió a pensadores católicos como Jacques Maritain, Étienne Gilson, Martin D’Arcy y Fulton J. Sheen. La coherencia de la doctrina católica le llevó a ser recibido en la Iglesia en 1940. Dulles describió posteriormente su conversión como la llegada a su «verdadero hogar».4,3,5
Después de un año en la Facultad de Derecho de Harvard, prestó servicio en la Marina de los Estados Unidos. Al concluir esa etapa ingresó en la Compañía de Jesús y comenzó la formación propia de la vida religiosa y sacerdotal. Recibió la ordenación sacerdotal en 1956. Más tarde obtuvo el doctorado en teología en la Universidad Gregoriana de Roma.5
Vida sacerdotal y académica
Dulles desarrolló la mayor parte de su ministerio en el ámbito de la enseñanza y la investigación teológica. Ejerció como profesor distinguido de teología en la Universidad Católica de América y, desde 1988, ocupó la cátedra Laurence J. McGinley de Religión y Sociedad en la Universidad Fordham.2,3
Su producción intelectual comprendió más de veinticuatro libros y más de ochocientos artículos y recensiones académicas. La amplitud de sus escritos abarcó la apologética, la cristología, la eclesiología, la revelación, la teología fundamental, la autoridad doctrinal y la relación entre la Iglesia y el mundo moderno.2,3
Durante la década de 1970 presidió la Sociedad Teológica Católica de América. Su prestigio académico y su servicio a la Iglesia le condujeron posteriormente al Colegio de Cardenales. Adoptó como lema episcopal las palabras de san Pablo: «Sé en quién he creído» (2 Tim 1,12). El lema expresaba la orientación fundamental de su vida: la confianza personal en Cristo y la búsqueda racional de la verdad revelada.3
Murió en 2008, después de una larga vida dedicada al sacerdocio jesuita, a la docencia y a la elaboración teológica.1,2



