La Virgen con el Niño
La representación característica de la Virgen de Belén muestra a María con el Niño Jesús, normalmente en brazos o sentado sobre su regazo. La composición puede presentar a la Virgen sentada, de pie, inclinada sobre el pesebre o formando parte de una escena más amplia de la Natividad.
El Niño puede aparecer:
- envuelto en pañales;
- recostado sobre un pesebre;
- sentado sobre el brazo o las rodillas de María;
- sosteniendo una esfera, un libro, una cruz o un gesto de bendición;
- estrechando el rostro contra la mejilla de su Madre;
- acompañado por san José, los pastores, los Magos o los ángeles.
La iconografía no busca únicamente representar una escena doméstica. La postura, los gestos y los atributos expresan una afirmación teológica: el Niño es el Salvador y María es verdaderamente su Madre.
Modelos orientales y occidentales
Muchos tipos iconográficos marianos proceden de modelos desarrollados en Oriente cristiano. Entre ellos figura la Eleúsa, que presenta una relación afectuosa entre la Madre y el Niño; la Hodigitria, en la que María muestra al Hijo como camino de salvación; y la Kiriotisa, que representa a la Virgen como Señora y trono del Rey. La tradición iconográfica posterior derivó otros modelos de estas formas fundamentales.
La Virgen de Belén suele aproximarse especialmente a las imágenes de ternura maternal, porque el tema de la Natividad favorece la proximidad física entre María y Jesús. También puede adoptar una configuración majestuosa, en la que María aparece sentada como trono de la Sabiduría y sostiene al Niño como Rey.
En el arte occidental, la advocación puede combinar el retrato mariano con elementos del nacimiento: el pesebre, la cueva, la mula y el buey, los pastores, los ángeles y la estrella. Las imágenes destinadas al culto suelen recibir coronas, mantos bordados, cetros u otros ornamentos, según la tradición de cada santuario.
Rasgos simbólicos
Los elementos iconográficos más frecuentes poseen un significado determinado:
- El Niño en brazos: expresa la maternidad real de María y la humanidad verdadera de Cristo.
- El pesebre: recuerda la humildad del nacimiento y la pobreza asumida por el Salvador.
- La estrella: evoca la manifestación de Cristo a las naciones y la guía de los Magos.
- El manto azul: alude tradicionalmente a la dignidad celestial y a la protección maternal de María.
- El color rojo o púrpura: puede expresar la realeza, la dignidad y la participación de María en la historia de la salvación.
- La cueva o el establo: sitúa la escena en el contexto concreto de Belén.
- El libro o la filacteria: relaciona al Niño con la Palabra eterna y con el cumplimiento de las promesas proféticas.
No todos estos elementos aparecen en cada imagen. La iconografía depende de la época, la escuela artística, la finalidad litúrgica y las costumbres del lugar.