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Novaciano

Novaciano fue un presbítero romano del siglo III, teólogo latino y fundador del novacianismo. En 251 promovió un cisma contra el papa san Cornelio y aceptó una consagración episcopal irregular para presentarse como legítimo obispo de Roma. Su movimiento defendió una disciplina penitencial extremadamente rigurosa, especialmente la exclusión permanente de los cristianos que habían apostatado durante las persecuciones.1,2,3

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreNovaciano
CategoríaCisma
Fecha251
LugarRoma
NacionalidadRomano
Cargo EclesiásticoPresbítero
FundadorNovacianismo
Contexto HistóricoPersecución de Decio, siglo III
Descripción BrevePresbítero romano del siglo III, fundador del novacianismo y líder de un cisma contra el papa Cornelio en 251

Tabla de contenido

Vida

Origen y formación

Los datos biográficos sobre Novaciano proceden principalmente de sus adversarios contemporáneos, en particular del papa san Cornelio, de san Cipriano de Cartago y de Dionisio de Alejandría. Su nombre aparece también como Novato en algunos autores griegos, aunque esta forma puede provocar confusión con Novato de Cartago, un presbítero distinto que colaboró con él.1

Novaciano recibió una sólida formación literaria y destacó por su capacidad retórica. San Cipriano conocía su elocuencia, mientras que san Cornelio, aunque lo criticó duramente, reconocía su preparación intelectual y lo describía irónicamente como un «fabricante de dogmas» y defensor de la erudición eclesiástica.1

Bautismo y acceso al presbiterado

San Cornelio relata que Novaciano recibió el bautismo mientras padecía una grave enfermedad, mediante infusión de agua, al encontrarse en peligro de muerte. Después de su recuperación, no habría recibido todos los ritos complementarios de la iniciación cristiana ni la confirmación episcopal. Cornelio utilizó este hecho para cuestionar su posterior admisión al clero.1

A pesar de las objeciones de parte del clero y de algunos fieles, un papa -probablemente san Fabián- lo ordenó presbítero. Una tradición posterior, atribuida a Eulogio de Alejandría, lo presenta como antiguo diácono de Roma y sostiene que su ordenación sacerdotal pretendía impedirle acceder al pontificado. Esta versión contradice el testimonio de Cornelio y suele considerarse menos fiable.1

La persecución de Decio

En el año 250, el emperador Decio ordenó que todos los habitantes del Imperio ofrecieran sacrificios a los dioses y obtuvieran un certificado oficial que acreditara el cumplimiento del mandato. Muchos cristianos apostataron, mientras otros sufrieron prisión, tortura o martirio. La persecución impidió durante un tiempo la elección del sucesor de san Fabián, martirizado el 20 de enero de 250.1

Durante aquella crisis, Novaciano escribió cartas en nombre del clero romano dirigidas a san Cipriano. Esas cartas trataban principalmente de la situación de los lapsi, es decir, los cristianos que habían abandonado públicamente la fe durante la persecución. El clero romano defendía una postura firme, pero no rechazaba por principio la posibilidad de reconciliar a los arrepentidos. Exigía penitencia y prudencia pastoral, aunque también pedía evitar la crueldad con quienes regresaban sinceramente a la Iglesia.1,3

El debate enfrentaba dos excesos. Algunos confesores pretendían readmitir inmediatamente a todos los apóstatas mediante cartas de paz, mientras otros reclamaban una disciplina severa y prolongada. San Cipriano rechazó la intervención arbitraria de los confesores y defendió la autoridad de los obispos para regular la reconciliación.4,3

El cisma romano de 251

Elección de san Cornelio

Cuando la persecución disminuyó, la Iglesia romana eligió a san Cornelio como sucesor de san Fabián, en marzo de 251. La elección contó con el apoyo de la mayor parte del clero, del pueblo y de los obispos presentes.1

Novaciano había declarado anteriormente que nunca aspiraría al episcopado. Sin embargo, después de la elección de Cornelio, sus partidarios convocaron a tres obispos procedentes de una región apartada de Italia. Con el pretexto de resolver la división existente en Roma, los llevaron a conferir a Novaciano la ordenación episcopal. Uno de aquellos obispos reconoció posteriormente su error y regresó a la comunión eclesial.1

Novaciano comenzó a presentarse como el verdadero obispo de Roma. Para asegurar la fidelidad de sus seguidores, exigía que jurasen, durante la recepción de la Eucaristía, que no abandonarían su grupo para unirse a Cornelio. Ambos bandos enviaron mensajeros a las distintas Iglesias para defender sus respectivas pretensiones.1

Reacción de la Iglesia

San Cipriano reunió un concilio en Cartago, cuya investigación concluyó a favor de Cornelio. Todo el episcopado africano apoyó al papa romano, y Dionisio de Alejandría también reconoció su legitimidad. Antes de finalizar el año 251, un concilio romano formado por unos sesenta obispos excomulgó a Novaciano.1,5

La controversia no quedó limitada a Roma. Novaciano envió partidarios a diversas ciudades y promovió la instalación de obispos rivales allí donde los pastores legítimos no aceptaban su autoridad. La crisis mostró la importancia que ya tenía la comunión con la sede romana: la disputa por el obispo legítimo de Roma provocó divisiones en numerosas Iglesias de Occidente y también repercusiones en Oriente.1

Dionisio de Alejandría escribió a Novaciano para exhortarlo a abandonar el cisma. Le recordó que habría sido preferible soportar cualquier sufrimiento antes que dividir la Iglesia de Dios, y comparó el valor de preservar la unidad eclesial con el del martirio sufrido por no ofrecer sacrificios a los ídolos.1

El novacianismo

La cuestión de los lapsi

El núcleo del novacianismo fue su interpretación de la penitencia de los cristianos que habían apostatado durante la persecución. Novaciano sostenía que quienes habían cometido idolatría no podían recibir nuevamente la comunión eclesial, aunque se arrepintieran sinceramente. Podían hacer penitencia durante toda la vida y confiar en la misericordia divina, pero la Iglesia no podía pronunciar sobre ellos una reconciliación sacramental plena en esta vida.1,2

Esta doctrina difería de la disciplina adoptada por san Cornelio, san Cipriano y la mayoría de los obispos. Los concilios de Roma y Cartago establecieron que los apóstatas arrepentidos podían ser readmitidos después de una penitencia pública cuya duración dependía de las circunstancias de la apostasía. Quienes habían ofrecido sacrificios voluntariamente podían recibir la reconciliación al final de la vida, mientras que otros casos admitían una restauración más rápida.3

La Iglesia católica rechazó el novacianismo porque consideró que negaba a la Iglesia el poder de reconciliar a determinados pecadores. San Cipriano sostuvo que los novacianos ya no profesaban correctamente la fe bautismal cuando confesaban creer en «la remisión de los pecados por medio de la santa Iglesia» y, al mismo tiempo, negaban que la Iglesia pudiera perdonar ciertos pecados graves.1

Rigorismo y eclesiología

El novacianismo no representaba simplemente una disciplina penitencial más severa. Su posición implicaba una concepción restrictiva de la Iglesia y de su poder sacramental. El rigorismo penitencial tendía a presentar la comunidad cristiana como una asamblea de puros, incapaz de restaurar plenamente a quienes habían caído después del bautismo.

La tradición católica, en cambio, mantuvo simultáneamente dos verdades: la gravedad real de la apostasía y la amplitud de la misericordia divina. La penitencia debía ser seria y proporcionada, pero no podía convertirse en una negación de la potestad de la Iglesia para reconciliar al pecador arrepentido.3

Expansión del movimiento

El movimiento novaciano encontró seguidores en varias regiones del Imperio romano. Su disciplina rigurosa tuvo presencia en Roma, Italia, África, Egipto, Asia Menor, Siria y España. También alcanzó una notable implantación en Constantinopla durante los siglos posteriores.6,7

Los novacianos recibieron el nombre griego de cátaros (katharoi, «puros»), denominación que expresaba su pretensión de formar una comunidad especialmente purificada de pecadores públicos. Eusebio de Cesarea los describe como un grupo surgido de una actitud orgullosa hacia quienes habían apostatado, incluso cuando estos mostraban una conversión auténtica.8

El grupo mantuvo una estructura eclesial propia, con obispos, presbíteros y comunidades separadas de la Iglesia católica. Algunos confesores que inicialmente habían apoyado a Novaciano terminaron reconociendo su conducta engañosa y regresaron a la comunión católica.9

Obras

De Trinitate

La obra más importante conservada de Novaciano es el tratado De Trinitate, o Sobre la Trinidad. El escrito consta de treinta y un capítulos y constituye una de las primeras exposiciones sistemáticas de la teología trinitaria en lengua latina.10

Novaciano comienza con la confesión de Dios Padre como creador omnipotente y absolutamente perfecto. Describe atributos divinos como la eternidad, la inmensidad, la unidad, la bondad, la inmutabilidad, la espiritualidad y la inmortalidad. También explica que las referencias bíblicas a miembros o pasiones en Dios deben entenderse de manera figurada, pues Dios no posee un cuerpo ni está sometido a cambios pasionales.10

El tratado defiende después la divinidad del Hijo mediante argumentos tomados del Antiguo y del Nuevo Testamento. Novaciano sostiene que negar la divinidad del Hijo supondría una ofensa contra el Padre, porque un Padre verdaderamente divino puede engendrar un Hijo que participa de la misma realidad divina. Su argumentación pretende conservar la distinción entre el Padre y el Hijo sin dividir la unidad de Dios.1

El esquema teológico de la obra parte de Dios uno para explicar después la confesión de la Trinidad. Este procedimiento refleja una antigua estructura catequética cristiana: la fe en el único Dios conduce a la comprensión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en la unidad de la naturaleza divina.11

De cibis Iudaicis

Otra obra conservada es De cibis Iudaicis, conocida en español como Sobre los alimentos judíos. Novaciano la escribió durante su retiro en la persecución de Decio, después de haber redactado otros tratados sobre la circuncisión y el sábado.12

El autor interpreta las prescripciones alimentarias del judaísmo de forma alegórica. Los animales considerados impuros simbolizan diversas clases de hombres viciosos. La mayor libertad concedida a los cristianos no debe conducir al desenfreno, sino a una vida moralmente ordenada y conforme al Evangelio.1,12

Otras obras

San Jerónimo atribuye a Novaciano escritos sobre la Pascua, el sábado, la circuncisión, el sacerdocio, la oración, los alimentos judíos, el celo y un personaje llamado Átalo. También le atribuye un tratado extenso sobre la Trinidad, que algunos copistas confundieron con una obra de san Cipriano.2

La producción literaria de Novaciano revela una notable capacidad doctrinal y retórica. Su teología trinitaria conservó fórmulas ortodoxas sobre el Padre y el Hijo, aunque la Iglesia rechazó su posición cismática y su doctrina penitencial. La corrección de algunos elementos de su teología no legitimó su separación de la comunión eclesial.

Valoración histórica y doctrinal

Novaciano ocupa un lugar relevante en la historia del cristianismo latino por tres razones principales:

  • protagonizó uno de los primeros grandes cismas relacionados con la sucesión de un obispo de Roma;
  • formuló una de las primeras teologías latinas desarrolladas sobre la Trinidad;
  • provocó un debate decisivo sobre la reconciliación de los apóstatas y el poder penitencial de la Iglesia.

Su movimiento nació en el contexto dramático de las persecuciones y de la crisis provocada por los cristianos que habían cedido ante las autoridades imperiales. El deseo de proteger la santidad de la Iglesia respondía a una preocupación legítima, pero Novaciano convirtió esa preocupación en una exclusión permanente de los penitentes. La Iglesia católica consideró incompatible tal exclusión con el Evangelio, con la tradición penitencial y con la misión reconciliadora confiada por Cristo a los apóstoles.

La controversia también puso de manifiesto que la unidad de la Iglesia no depende únicamente de compartir determinadas fórmulas doctrinales. Novaciano defendía importantes afirmaciones cristológicas y trinitarias, pero quedó fuera de la comunión católica al oponerse al obispo legítimo de Roma y al negar la potestad de la Iglesia para reconciliar a los pecadores arrepentidos.1,8,5

Legado

El novacianismo perduró durante varios siglos y mantuvo comunidades organizadas en diversas regiones del Imperio. Su influencia disminuyó progresivamente, aunque su existencia obligó a la Iglesia a precisar la relación entre santidad, pecado, penitencia y autoridad episcopal.

La enseñanza católica posterior rechazó tanto la indulgencia que trivializa la apostasía como el rigorismo que niega la posibilidad de reconciliación. La Iglesia debe exigir una conversión sincera y una penitencia proporcionada, pero también proclamar que la misericordia de Dios puede alcanzar al pecador arrepentido y que la comunidad eclesial posee autoridad para restaurarlo a la plena comunión.

Citas y referencias

  1. Novaciano y novacianismo. Enciclopedia Católica, Novaciano y novacianismo (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18
  2. B70. Novaciano, Eusebio Sófronio Jerónimo (Jerónimo de Estridón o San Jerónimo). De Viris Illustribus (Sobre hombres ilustres), 70. 2 3
  3. Lapsi. Enciclopedia Católica, Lapsi (1913). 2 3 4 5
  4. Cartago. Enciclopedia Católica, Cartago (1913).
  5. Novato, su modo de vida y su herejía, Eusebio de Cesarea. Historia de la Iglesia (Eusebio de Cesarea), Libro VI. Capítulo 43. 3 (325). 2
  6. John Henry Newman. Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana, 260 (1878).
  7. B4, John Henry Newman. Dificultades anglicanas, 354.
  8. Novato, su modo de vida y su herejía, Eusebio de Cesarea. Historia de la Iglesia (Eusebio de Cesarea), Libro VI. Capítulo 43. 1 (325). 2
  9. Novato, su modo de vida y su herejía, Eusebio de Cesarea. Historia de la Iglesia (Eusebio de Cesarea), Libro VI. Capítulo 43. 6 (325).
  10. Novaciano. Sobre la Trinidad, Prefacio. 2
  11. Claudio Basevi. Novaciano. La Trinidad. Introducción, texto crítico, traducción, comentario, glosario e índice, 3 (1977).
  12. Capítulo 1. Argumento.- Novaciano, un presbítero romano, durante su retiro en la época de la persecución deciana, instado por varias cartas de sus hermanos, había escrito dos epístolas anteriores contra los judíos sobre los temas de la circuncisión y el sábado, y ahora escribe la presente sobre las carnes judías, Novaciano. Sobre las carnes judías, Capítulo 1 (250). 2
Modificado el 29 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.06Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/rr3ssrf0d

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