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Étienne Gilson

Étienne Gilson (1884-1978) fue un filósofo e historiador francés de la filosofía medieval, uno de los principales renovadores del tomismo en el siglo XX. Su obra defendió la originalidad intelectual del cristianismo medieval, la centralidad metafísica del esse-el acto de ser- en santo Tomás de Aquino y la legitimidad de una filosofía cristiana entendida como ejercicio racional iluminado por la fe.1

Etienne Gilson âgé
Ver información de la imagenFoto de E. Gilson, c. 2023. Original, IsidoreHendrix, CC BY-SA 4.0 📄
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NombreÉtienne Gilson
CategoríaPersona
DescripciónFilósofo e historiador francés del siglo XX, renovador del tomismo y estudioso de la filosofía medieval. Autor de obras como «El tomismo», «La filosofía en la Edad Media», «El espíritu de la filosofía medieval», «Realismo tomista y crítica del conocimiento», «El ser y la esencia», «El filósofo y la teología» y «Las tribulaciones de Sofía». Destacado por defender la originalidad metafísica del cristianismo medieval y la legitimidad de una filosofía cristiana
Fecha de Nacimiento1884
Fecha de Muerte1978
Nacionalidadfrancés
Sexomasculino
Estado de Vidalaico
Personas relacionadas
  • Archives d’histoire doctrinale et littéraire du Moyen Âge
  • Pontificio Instituto de Estudios Medievales de Toronto
TipoLaico destacado, filósofo, historiador de la filosofía medieval

Tabla de contenido

Vida y trayectoria intelectual

Gilson comenzó su carrera en el ámbito de la historia de la filosofía. Recibió su formación en la Sorbona bajo profesores vinculados al positivismo, corriente que tendía a reducir el conocimiento válido al modelo de las ciencias positivas. El estudio histórico de las fuentes medievales de René Descartes condujo a Gilson hacia una cuestión filosófica más profunda: la relación entre la modernidad y la metafísica cristiana.1

Su investigación le llevó a concluir que las filosofías modernas no surgieron mediante una ruptura absoluta con el pensamiento medieval. Descartes, y también autores posteriores como Nicolas Malebranche, Gottfried Wilhelm Leibniz e Immanuel Kant, conservaron problemas, conceptos o supuestos relacionados con la tradición cristiana, aunque los reformularan en un marco nuevo.2

A partir de estos estudios, Gilson descubrió en el pensamiento de santo Tomás de Aquino una metafísica capaz de dialogar con las cuestiones contemporáneas. Su aproximación al tomismo no nació, por tanto, de una adhesión meramente escolar, sino de una investigación histórica que le permitió reconocer en el Aquinate una concepción coherente y viva del ser.1

Gilson ejerció una notable influencia desde las universidades laicas de Francia y de América del Norte. Su presencia en el ámbito universitario contribuyó a difundir el tomismo más allá de los centros eclesiásticos y de las instituciones propiamente escolásticas. Por este motivo, algunos estudios lo han descrito como un tomista no escolástico: un pensador profundamente vinculado a santo Tomás, pero activo en el mundo académico moderno y no integrado en una escuela religiosa concreta.3

Fundador e impulsor de instituciones

Gilson desempeñó también una función decisiva en la organización de los estudios medievales. Fundó las Archives d’histoire doctrinale et littéraire du Moyen Âge y participó en la creación del Pontificio Instituto de Estudios Medievales de Toronto. Ambas iniciativas favorecieron el examen histórico, filológico y doctrinal de los autores medievales.1

Su labor institucional respondía a una convicción metodológica: la filosofía medieval debía estudiarse a partir de sus textos y de su contexto intelectual, no mediante esquemas previamente impuestos por las categorías de la filosofía moderna. El historiador debía atender a la evolución de las doctrinas, a las diferencias entre autores y a la relación entre filosofía, teología y vida cristiana.

El redescubrimiento de santo Tomás de Aquino

Contra una visión uniforme de la escolástica

Gilson rechazó la idea de una única «filosofía escolástica» compartida sin diferencias sustanciales por todos los maestros medievales. San Anselmo de Canterbury, santo Tomás de Aquino, san Buenaventura, Juan Duns Escoto y Guillermo de Ockham elaboraron filosofías distintas, aunque todos pertenecieran al horizonte intelectual del cristianismo medieval.4

Para Gilson, la unidad de la Edad Media cristiana no procedía de la existencia de un sistema filosófico único. Los autores medievales discrepaban en cuestiones decisivas, pero compartían la verdad revelada recibida por la fe. La diversidad filosófica coexistía con una unidad religiosa y teológica fundamental.4

Esta interpretación permitió a Gilson distinguir entre:

  • La técnica filosófica, que podía incluir elementos aristotélicos.
  • Las doctrinas concretas, diferentes según cada autor.
  • El espíritu cristiano, que orientaba la investigación hacia una comprensión racional de la realidad creada y de su relación con Dios.

Gilson consideraba insuficiente identificar el pensamiento medieval con el aristotelismo. Aristóteles proporcionó instrumentos conceptuales importantes, pero el cristianismo introdujo cuestiones que transformaron profundamente la metafísica antigua, especialmente la creación, la dependencia radical de las criaturas respecto de Dios y la distinción entre esencia y existencia.4

La originalidad metafísica del tomismo

Gilson interpretó la metafísica de santo Tomás como una superación de la ontología aristotélica de la sustancia. Aristóteles había analizado el ser principalmente desde la perspectiva de la sustancia y de la forma; santo Tomás, sin abandonar esos elementos, situó en primer plano el esse, es decir, el acto por el que una realidad existe.5

En la criatura, la esencia -lo que una cosa es- no incluye necesariamente su existencia. Una cosa puede ser concebida sin que por ello exista realmente. La existencia recibida actualiza la esencia y hace que la criatura sea efectivamente real. Dios, en cambio, no recibe el ser: Él es el ser subsistente, sin composición de esencia y existencia.

Esta doctrina ocupa un lugar central en la lectura gilsoniana de santo Tomás. El tomismo no constituye simplemente una adaptación cristiana de Aristóteles, sino una metafísica del ser en la que la doctrina cristiana de la creación impulsa una profundización filosófica decisiva.5

Crítica a determinadas interpretaciones tomistas

Gilson juzgó que algunas interpretaciones posteriores habían subordinado excesivamente a santo Tomás a las categorías aristotélicas. Consideró especialmente problemática la tendencia de Cayetano a presentar el tomismo conforme a las normas del aristotelismo, en lugar de mostrar la novedad propia de la metafísica tomista.5

Desde esta perspectiva, Cayetano habría querido defender a santo Tomás, pero interpretándolo según una concepción de la verdad filosófica identificada casi por completo con Aristóteles. Gilson entendía que esa operación oscurecía precisamente aquello que hacía original al Aquinate: la integración de la metafísica de la sustancia en una metafísica más radical del acto de ser.5

La noción de filosofía cristiana

Contexto de la controversia

Uno de los temas más discutidos de Gilson fue la legitimidad de la expresión filosofía cristiana. La cuestión adquirió especial importancia en el siglo XX, cuando algunos filósofos defendían una separación estricta entre filosofía y teología. Según esta posición, la filosofía debía desarrollarse mediante la razón autónoma, mientras que la fe pertenecía exclusivamente al ámbito teológico.

Gilson consideraba que esa separación no describía adecuadamente la historia del pensamiento cristiano. Muchas doctrinas elaboradas por autores medievales poseían un contenido racional propio, pero habían nacido dentro de una visión cristiana de la realidad. La fe no sustituía a la razón, pero orientaba la elección de problemas, ampliaba el horizonte de la investigación y protegía determinadas verdades sobre Dios, el mundo y la persona humana.6

Filosofía y teología

Gilson no identificaba filosofía y teología. La filosofía utiliza la razón natural y argumenta a partir de principios accesibles al entendimiento humano. La teología, en cambio, parte de la revelación divina y la comprende mediante la inteligencia de la fe.

La filosofía cristiana designa, en su sentido propio, una filosofía ejercida por un pensador cristiano dentro de un horizonte configurado por la revelación. La fe no convierte una conclusión teológica en una conclusión filosófica, pero puede estimular a la razón a formular preguntas que una filosofía ajena al cristianismo quizá no plantearía con la misma profundidad.

Gilson también rechazó el tradicionalismo, doctrina que hace depender toda la actividad racional de la revelación. La razón posee una capacidad propia y no queda reducida a una simple repetición de la fe. La filosofía cristiana mantiene, por tanto, una distinción real entre razón y revelación, aunque reconoce su armonía.4

La interpretación de la Aeterni Patris

Gilson estudió la encíclica Aeterni Patris, publicada por León XIII el 4 de agosto de 1879. El documento promovió la restauración de la filosofía cristiana en las escuelas católicas conforme al pensamiento de santo Tomás de Aquino.7

Gilson interpretó la elección del tomismo por parte de León XIII como un reconocimiento eclesial de la capacidad de la doctrina tomista para ordenar racionalmente el patrimonio de la revelación y de la tradición cristiana. La Iglesia no habría elegido a santo Tomás por desprecio de los demás Padres o doctores, sino porque veía en su obra una síntesis particularmente completa y segura.8

Para Gilson, la filosofía cristiana, a la luz de la Aeterni Patris, consiste en el uso que el cristiano hace de la especulación filosófica para alcanzar una inteligencia más profunda de su fe. Este esfuerzo comprende tanto las verdades accesibles a la razón natural como aquellas que superan sus capacidades y sólo pueden recibirse mediante la revelación.9

La encíclica no exige que toda filosofía adopte una única forma ni declara inválidas las demás tradiciones filosóficas. Propone el pensamiento de santo Tomás como modelo especialmente adecuado para un filósofo cristiano.9

El ser y la operación del entendimiento

El esse como acto de ser

La metafísica de Gilson gira en torno al esse. El término latino designa el acto de existir, no una simple idea abstracta de existencia. En las criaturas, el esse actualiza la esencia y constituye el principio último de su realidad.

Esta concepción permite comprender la diferencia entre Dios y las criaturas:

  • La criatura posee el ser; no es el ser por esencia.
  • La criatura recibe el ser y depende radicalmente de una causa.
  • Dios es el ser subsistente y no depende de ninguna causa.
  • La composición de esencia y existencia caracteriza a los entes creados.

Gilson entendió que ignorar esta doctrina conduce a convertir el tomismo en una variante más del aristotelismo. La originalidad de santo Tomás aparece precisamente cuando la sustancia y la forma quedan integradas en una metafísica del acto de ser.9

El juicio y la existencia

La interpretación gilsoniana del conocimiento del ser provocó debates entre los tomistas. Gilson y Jacques Maritain defendieron la tesis de que el juicio intelectual capta el esse de la realidad. La primera operación del entendimiento aprehende la esencia o quididad; la segunda, el juicio, afirma o niega la existencia de algo.10

Esta tesis distingue entre:

  1. La simple aprehensión, que forma conceptos como «hombre», «árbol» o «justicia».
  2. El juicio, que compone o divide y afirma, por ejemplo, «el árbol existe» o «Sócrates es blanco».

Algunos intérpretes tomistas cuestionaron que el esse fuera el objeto propio del entendimiento. Ralph McInerny sostuvo que el ser no constituye un objeto intelectual separado, pues el entendimiento humano lo conoce en relación con la esencia y mediante ella.11

La controversia no elimina el acuerdo fundamental: el conocimiento humano alcanza la realidad y no queda encerrado en sus propias representaciones. La discusión gira alrededor del modo exacto en que el entendimiento conoce el ser, no sobre la negación de la realidad extramental.

Principales obras

El tomismo

El tomismo. Introducción al sistema de santo Tomás de Aquino fue una de las obras decisivas de Gilson. El libro ofreció una exposición histórica y doctrinal del pensamiento del Aquinate, prestando especial atención a la metafísica, la antropología, la moral y la teología natural. La obra apareció inicialmente en 1919 y alcanzó varias ediciones posteriores.1

Gilson no presentó el tomismo como un conjunto cerrado de fórmulas escolares. Intentó mostrar la dinámica interna de la doctrina tomista y su fundamento en la noción de ser.

La filosofía en la Edad Media

La filosofía en la Edad Media constituye una de sus grandes síntesis históricas. La obra estudia el desarrollo del pensamiento cristiano medieval y muestra la pluralidad de escuelas, autores y problemas que formaron la filosofía medieval.1

Su enfoque se opone a la idea de una Edad Media intelectualmente homogénea. Gilson distingue entre las tradiciones agustiniana, aristotélica, franciscana, tomista y nominalista, sin perder de vista el horizonte cristiano común.

El espíritu de la filosofía medieval

El espíritu de la filosofía medieval recoge una de las formulaciones más influyentes de la concepción gilsoniana de la filosofía cristiana. La obra nació en relación con las conferencias Gifford pronunciadas en Aberdeen durante 1931 y 1932.2

Gilson sostuvo que la filosofía medieval no podía reducirse a una doctrina única llamada «escolástica». La pluralidad filosófica medieval convivía con la unidad de la fe cristiana. Esa unidad no procedía únicamente de la lógica aristotélica, sino también de la orientación religiosa y teológica que animaba la investigación.4

Realismo tomista y crítica del conocimiento

En Realismo tomista y crítica del conocimiento, Gilson defendió el realismo frente a las corrientes modernas que situaban el conocimiento en una conciencia separada del mundo. El entendimiento humano conoce la realidad y puede alcanzar la verdad, aunque lo haga de modo limitado, progresivo y dependiente de la experiencia sensible.

El realismo tomista no afirma que el conocimiento humano sea exhaustivo ni infalible. Afirma que el ser de las cosas constituye la medida última de la verdad y que el entendimiento puede adecuarse a la realidad.

El ser y la esencia

El ser y la esencia desarrolla de forma sistemática la distinción entre esencia y existencia. La obra ocupa un lugar central en la interpretación gilsoniana de la metafísica tomista y en su defensa de una filosofía del acto de ser.1

Gilson examinó la evolución histórica de las concepciones del ser y mostró cómo santo Tomás introdujo una comprensión especialmente profunda de la dependencia de las criaturas respecto de Dios.

El filósofo y la teología

El filósofo y la teología posee un carácter autobiográfico e intelectual. Gilson volvió allí sobre las relaciones entre el cristianismo y la filosofía, así como sobre las controversias que mantuvo con Jacques Maritain y con filósofos no tomistas acerca de la filosofía cristiana.1

La obra muestra que Gilson no concebía la historia de la filosofía como una sucesión de sistemas completamente independientes. Las ideas filosóficas nacen dentro de tradiciones religiosas, culturales y espirituales concretas.

Las tribulaciones de Sofía

En Las tribulaciones de Sofía, Gilson reflexionó sobre la actualidad del tomismo, el diálogo con el marxismo y algunas cuestiones relacionadas con el pensamiento de Pierre Teilhard de Chardin.1

La obra refleja su interés por la capacidad de la filosofía cristiana para afrontar los problemas contemporáneos sin abandonar sus principios metafísicos.

Relación con Jacques Maritain

Gilson y Jacques Maritain fueron los dos laicos franceses que más contribuyeron a la renovación y difusión del tomismo en la filosofía contemporánea. Ambos trabajaron en instituciones universitarias no confesionales de Francia y América del Norte.1

Los dos pensadores compartieron la defensa del realismo, la importancia de santo Tomás y la necesidad de superar el idealismo moderno. También coincidieron en conceder un papel decisivo al juicio intelectual en el conocimiento de la existencia.10

Sin embargo, sus planteamientos no fueron idénticos. Maritain desarrolló una teoría más sistemática de las operaciones del entendimiento y de los grados del saber. Gilson insistió con mayor intensidad en la historicidad de las doctrinas y en la originalidad metafísica del cristianismo medieval.

La relación entre ambos incluyó colaboración, diálogo y desacuerdos. La cuestión de la filosofía cristiana constituyó uno de los principales ámbitos de debate intelectual entre los dos autores y entre sus respectivos intérpretes.

Gilson y el tomismo del siglo XX

Gilson influyó profundamente en la renovación tomista del siglo XX, aunque mantuvo una relación crítica con ciertas formas de neoescolástica. Consideraba que algunos manuales habían convertido el pensamiento de santo Tomás en un sistema rígido, separado de sus fuentes históricas y reducido a tesis abstractas.

Su método exigía volver a los textos del Aquinate y leerlos en el contexto de las controversias medievales. La fidelidad a santo Tomás no consistía en repetir fórmulas, sino en comprender el principio arquitectónico de su pensamiento: el ser como acto y Dios como fuente primera de toda realidad creada.

Esta orientación provocó controversias entre historiadores y tomistas. Algunos autores juzgaron que Gilson exageraba la distancia entre Aristóteles y santo Tomás; otros valoraron su capacidad para mostrar que la metafísica tomista no podía explicarse como simple continuación del aristotelismo.5

Valoración católica

Gilson no fue un teólogo eclesiástico ni pretendió sustituir la autoridad doctrinal de la Iglesia. Su aportación pertenece principalmente a la historia de la filosofía, la metafísica y la interpretación de santo Tomás de Aquino.

Desde una perspectiva católica, su importancia reside en varios aspectos:

  • Defendió la compatibilidad entre fe y razón.
  • Reivindicó la capacidad de la razón natural para conocer la realidad.
  • Mostró la originalidad de la metafísica cristiana.
  • Explicó la función de la filosofía en la inteligencia de la fe.
  • Promovió un estudio histórico riguroso de los autores medievales.
  • Presentó el tomismo como una filosofía viva y no como una colección de fórmulas antiguas.

Gilson entendió la elección eclesial de santo Tomás como una invitación a recuperar su pensamiento en las fuentes y en su espíritu propio. La doctrina tomista podía servir a la Iglesia porque integraba la herencia filosófica y teológica cristiana mediante una comprensión ordenada del ser, de Dios y de la criatura.8

Legado

El legado de Étienne Gilson alcanza la filosofía medieval, la metafísica, la teología filosófica y la cultura católica contemporánea. Su obra contribuyó a que santo Tomás dejara de aparecer como un autor exclusivamente medieval o como un simple representante del aristotelismo.

Gilson mostró que la metafísica del ser puede dialogar con la modernidad sin someterse al idealismo ni renunciar a la racionalidad. También enseñó que el cristianismo no produjo una única filosofía, sino un amplio conjunto de filosofías unidas por la fe y orientadas hacia la verdad.4

Su pensamiento continúa siendo objeto de debate, especialmente en torno a la relación entre filosofía y teología, el conocimiento del esse, la continuidad entre Aristóteles y santo Tomás y el significado exacto de «filosofía cristiana». Precisamente por la profundidad de estas cuestiones, Gilson permanece como una figura central del tomismo y de la historiografía filosófica del siglo XX.

Citas y referencias

  1. A. Livi. El regreso al estudio de Santo Tomás antes y después del Aeterni Patris, 15 (1979). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  2. George Corbett. Tomistas en Guerra: Pierre Mandonnet, Étienne Gilson y la relación controvertida entre el pensamiento de Tomás de Aquino y el de Dante (1879-2021), 10 (2022). 2
  3. George Corbett. Tomistas en Guerra: Pierre Mandonnet, Étienne Gilson y la relación controvertida entre el pensamiento de Tomás de Aquino y el de Dante (1879-2021), 5 (2022).
  4. E. Gilson. La filosofía cristiana a la luz de la Aeterni Patris, 3 (1979). 2 3 4 5 6
  5. S.T. Bonino. La historiografía de la escuela tomista: el caso Gilson, 11 (1994). 2 3 4 5
  6. E. Gilson. La filosofía cristiana a la luz de la Aeterni Patris, 4 (1979).
  7. La «filosofía cristiana» a la luz de la «Aeterni Patris», E. Gilson. La filosofía cristiana a la luz de la Aeterni Patris, 1 (1979).
  8. E. Gilson. La filosofía cristiana a la luz de la Aeterni Patris, 16 (1979). 2
  9. E. Gilson. La filosofía cristiana a la luz de la Aeterni Patris, 17 (1979). 2 3
  10. Elliot Polsky. Secunda Operatio Respicit Ipsum Esse Rei: Una evaluación de Jacques Maritain, Étienne Gilson y Ralph McInerny sobre la relación del Esse con las dos operaciones del intelecto, 5 (2021). 2
  11. Elliot Polsky. Secunda Operatio Respicit Ipsum Esse Rei: Una evaluación de Jacques Maritain, Étienne Gilson y Ralph McInerny sobre la relación del Esse con las dos operaciones del intelecto, 2 (2021).
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