Obispo auxiliar de Nueva York
El 28 de mayo de 1951 fue nombrado obispo auxiliar de Nueva York. Su ministerio episcopal coincidió con la etapa de mayor expansión de su apostolado mediante la radio y la televisión. La actividad pública no anuló sus obligaciones pastorales, pero creó una tensión característica: una personalidad conocida internacionalmente debía continuar ejerciendo la atención concreta propia de un obispo.
El obispo, en la tradición católica, no es únicamente un administrador. Su misión principal consiste en enseñar, santificar y gobernar la Iglesia particular confiada a su cuidado. La administración diocesana resulta necesaria para sostener parroquias, seminarios, escuelas, obras sociales y organismos pastorales, pero permanece subordinada a la salvación de las personas y a la comunión eclesial.
Obispo de Rochester
El 21 de octubre de 1966 Pablo VI nombró a Sheen obispo de Rochester, en el estado de Nueva York. El nombramiento quedó registrado en las actas oficiales de la Santa Sede, que lo identifican como obispo de Rochester en América.
Su gobierno diocesano tuvo lugar durante un periodo de profundos cambios culturales y eclesiales. El Concilio Vaticano II había concluido recientemente y las diócesis estadounidenses afrontaban transformaciones en la liturgia, la catequesis, la educación, la organización parroquial y la relación de la Iglesia con la sociedad.
La tarea de Sheen en Rochester no consistió en reproducir el modelo de sus programas nacionales. Una diócesis exige decisiones concretas, coordinación institucional y acompañamiento de sacerdotes y fieles. El proceso de la causa describe varias líneas de su actuación:
- reorganización y renovación de instituciones diocesanas;
- fortalecimiento de la acción eclesial y de la atención pastoral;
- cuidado de la formación de seminaristas y sacerdotes;
- ayuda a pobres y enfermos;
- aplicación de las orientaciones del Concilio Vaticano II;
- especial atención a los sectores más vulnerables de la sociedad.
Pastoral y gestión administrativa
La experiencia de Sheen permite distinguir dos aspectos complementarios del gobierno episcopal.
La labor pastoral mira directamente a las personas y comunidades: predicar el Evangelio, celebrar la fe, formar discípulos, acompañar a los enfermos, sostener a los pobres y promover la vida cristiana. La gestión administrativa organiza los bienes, las instituciones, el personal, los presupuestos y los procedimientos necesarios para que esa misión pueda desarrollarse.
En las diócesis estadounidenses del siglo XX, la administración adquirió una complejidad creciente. El aumento de parroquias, escuelas, hospitales, seminarios y asociaciones exigía estructuras estables y una adecuada planificación. Sin embargo, una administración eficiente no constituía por sí misma una garantía de fecundidad espiritual. El gobierno episcopal debía mantener la prioridad de la evangelización y del cuidado de las almas.
En Rochester, Sheen afrontó precisamente esa doble responsabilidad. No limitó su actuación a la predicación pública ni redujo su episcopado a la dirección burocrática. La renovación institucional, la atención a los sacerdotes, la educación del clero y el servicio a los necesitados formaban parte de una única visión pastoral.