El teólogo al servicio de la Palabra
La instrucción presenta la vocación teológica como una llamada suscitada por el Espíritu Santo. El teólogo busca comprender cada vez más profundamente la Palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura y transmitida por la Tradición viva de la Iglesia.
El teólogo desarrolla su misión en comunión con el Magisterio, al que Cristo confió la custodia del depósito de la fe. La investigación teológica no sustituye a la Revelación ni crea una nueva fe; procura comprender, explicar, organizar y comunicar racionalmente el contenido de la fe recibida.
La teología responde así a una exigencia misionera. La fe busca comunicarse porque la persona humana desea conocer la verdad y encontrar en ella la salvación. El teólogo ayuda a presentar las razones de la fe a quienes buscan comprender el cristianismo y contribuye a que la Iglesia cumpla el mandato de Cristo de anunciar el Evangelio a todos los pueblos.
Fe, razón y método teológico
La teología posee una dimensión científica, pues utiliza métodos de investigación, análisis histórico, argumentación racional y reflexión sistemática. Sin embargo, su objeto no equivale al de las ciencias empíricas. La teología estudia el Dios vivo y su plan de salvación manifestado en Jesucristo.
La Revelación constituye el principio fundamental de la teología. La razón trabaja dentro de la luz de la fe y procura alcanzar una comprensión auténtica, aunque siempre limitada, del misterio divino. La investigación teológica debe respetar las exigencias epistemológicas propias de su objeto y no introducir presupuestos incompatibles con la Revelación.
Oración y vida espiritual
El teólogo necesita unir investigación científica y oración. La actividad teológica no puede reducirse a una operación intelectual desconectada de la vida cristiana. El conocimiento de Dios reclama conversión, humildad y apertura a la acción del Espíritu Santo.
La vida de fe permite al teólogo acoger el sentido sobrenatural de la fe, es decir, la capacidad espiritual mediante la cual la Iglesia, bajo la acción del Espíritu Santo, reconoce y conserva la verdad cristiana. Este sentido constituye una referencia para orientar la reflexión y discernir la rectitud de sus conclusiones.
Libertad, prudencia y diálogo
La libertad de investigación no elimina la responsabilidad del teólogo ante la Iglesia. Las propuestas nuevas pueden contribuir al desarrollo doctrinal, pero necesitan maduración, diálogo y corrección. Una hipótesis personal no adquiere automáticamente autoridad para toda la comunidad cristiana.
El teólogo debe cultivar:
- Rigor científico en la investigación.
- Fidelidad a la Sagrada Escritura y a la Tradición.
- Comunión con el Magisterio.
- Paciencia ante la maduración de las nuevas propuestas.
- Humildad intelectual para revisar sus propias opiniones.
- Respeto pastoral hacia el pueblo cristiano.
La instrucción describe la teología como un servicio desinteresado a la comunidad de los fieles. Este servicio exige discusión objetiva, diálogo fraterno y disposición para modificar las propias posiciones cuando la investigación y la comunión eclesial lo aconsejen.