La Biblia
La Biblia ocupa un lugar central en la clase de Religión Católica. El alumnado conoce su estructura, sus principales libros, los géneros literarios, la historia de la salvación y los grandes temas bíblicos.
El estudio bíblico presenta la unidad de la revelación y su culminación en Jesucristo. Los relatos de la creación, la alianza, el éxodo, los profetas, la esperanza mesiánica, la vida pública de Jesús, su muerte y resurrección, y el nacimiento de la Iglesia permiten comprender el desarrollo de la fe cristiana.
La lectura escolar de la Biblia exige atención al contexto histórico y literario. La clase no debe tratar todos los textos como si pertenecieran al mismo género ni interpretar cada pasaje de manera aislada. La explicación combina el análisis racional del texto con la comprensión de su significado dentro de la tradición viva de la Iglesia.
Jesucristo
El centro de la fe católica es Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. La clase presenta su vida, su predicación del Reino de Dios, sus parábolas, sus milagros, su relación con el Padre, su entrega en la cruz y su resurrección.
El estudio de Jesús no constituye una simple aproximación histórica. La asignatura explica también su significado salvífico: Cristo revela el rostro del Padre y manifiesta la vocación plena del ser humano. El alumno descubre en el Evangelio una propuesta de vida fundada en el amor a Dios y al prójimo.
La Iglesia
La clase explica el origen apostólico de la Iglesia, su misión evangelizadora y su presencia histórica. Incluye el conocimiento de los sacramentos, la liturgia, la comunidad cristiana, el ministerio ordenado, la vida consagrada y la vocación de los fieles laicos.
La Iglesia aparece como pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo. Su acción no se reduce al culto: comprende también la educación, la atención a los necesitados, la defensa de la dignidad humana, la cultura, la misión y el servicio a la sociedad.
La profesión de fe
El Credo permite estudiar de manera sintética los contenidos fundamentales de la fe católica: la Trinidad, la creación, la encarnación, la redención, la Iglesia, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.
La asignatura explica que la fe cristiana no consiste en aceptar afirmaciones irracionales, sino en responder libremente a Dios que se revela. El conocimiento doctrinal permite superar una visión fragmentaria o meramente sentimental del cristianismo.
La moral cristiana
La moral católica presenta la vida humana como una respuesta agradecida al amor de Dios. Sus contenidos abarcan la conciencia, la libertad, la virtud, los mandamientos, las bienaventuranzas, el pecado, la conversión, el perdón y la responsabilidad social.
La clase examina cuestiones relacionadas con la vida, la familia, la sexualidad, la justicia, la economía, la política, la paz y el cuidado del medio ambiente desde la antropología y la moral cristianas. La exposición debe mantener rigor, respeto por las personas y capacidad para distinguir entre la dignidad de cada individuo y la valoración moral de determinados actos.
La historia del cristianismo
El conocimiento histórico permite comprender la expansión de la Iglesia, los primeros siglos cristianos, los concilios, el monacato, la evangelización de los pueblos, la reforma católica, las misiones, la modernidad y la vida de la Iglesia contemporánea.
La historia del cristianismo requiere una presentación honesta de sus luces y sombras. La clase reconoce la santidad, el servicio y la fecundidad cultural de numerosos cristianos, pero también estudia los errores, pecados e incoherencias cometidos por miembros de la Iglesia. La valoración histórica debe evitar tanto la idealización acrítica como la reducción de toda la tradición cristiana a sus episodios negativos.
Cristianismo y cultura
La cultura europea y española contiene numerosas huellas cristianas. La arquitectura de las catedrales, la pintura, la escultura, la música sacra, la literatura, las fiestas, el calendario, las instituciones asistenciales y numerosas expresiones del lenguaje resultan difíciles de comprender sin referencias bíblicas y cristianas.
Juan Pablo II consideró la enseñanza de la religión una aportación esencial para conocer las raíces cristianas de Europa y la influencia permanente del cristianismo en los ámbitos espiritual, ético, filosófico, artístico, jurídico y político.