Una carencia extendida
Pío X comienza constatando la existencia de numerosos cristianos que desconocen las verdades necesarias para la salvación. El Papa incluye tanto a las clases populares -cuyas condiciones de vida podían dificultar el acceso a la formación- como a personas cultas y dotadas intelectualmente que dedicaban mucha atención a los asuntos mundanos y muy poca a la religión.
La encíclica describe una ignorancia que alcanza cuestiones esenciales:
El problema aparece agravado cuando la ignorancia no provoca inquietud, sino una falsa tranquilidad. Quien desconoce el contenido de la fe difícilmente puede ordenar su vida según el Evangelio o prepararse adecuadamente para recibir los sacramentos.
Consecuencias morales
Para Pío X, la ignorancia religiosa contribuye a la corrupción de las costumbres. El entendimiento humano necesita la luz de la verdad divina para discernir el bien y rechazar el mal. Sin esa luz, la inteligencia puede quedar sometida a deseos desordenados y a criterios puramente mundanos.
La encíclica relaciona el desconocimiento de la doctrina con comportamientos contrarios a la ley moral: el odio al prójimo, los contratos injustos, los negocios deshonestos, la usura y la aceptación de pensamientos y deseos inmorales. El Papa recuerda que la ley de Cristo no condena solamente los actos externos, sino también el consentimiento deliberado a pensamientos y deseos malos.
La enseñanza cristiana cumple, por tanto, una función moral y ascética. No transmite simples datos religiosos: forma la conciencia, orienta la libertad y ayuda a reconocer el pecado, buscar el arrepentimiento y vivir según los mandamientos.
Ignorancia y salvación
La encíclica concede especial gravedad al desconocimiento de las verdades que el cristiano debe conocer y creer para vivir en comunión con Dios. Pío X recuerda una afirmación de Benedicto XIV según la cual muchas personas llegan a la perdición eterna por ignorar los misterios de la fe necesarios para pertenecer al número de los elegidos.
Esta afirmación debe comprenderse dentro de la doctrina católica sobre la responsabilidad moral. La ignorancia puede ser voluntaria o involuntaria, vencible o invencible, y la culpabilidad depende de las circunstancias concretas. La encíclica dirige principalmente su crítica a la negligencia: a quienes podrían conocer la fe, pero no muestran interés por ella, y a quienes tienen la obligación de enseñarla, pero no cumplen diligentemente su ministerio.