La encíclica Humanae vitae, publicada por el papa Pablo VI el 25 de julio de 1968, constituye uno de los documentos principales sobre la apertura a la vida y la paternidad responsable. El texto enseña que el amor matrimonial debe respetar las leyes inscritas en la naturaleza humana y que los esposos no pueden decidir arbitrariamente el modo de transmitir la vida.
La paternidad responsable
Humanae vitae presenta la paternidad responsable como una realidad compleja que exige conocimiento, dominio de los impulsos, prudencia y respeto del orden moral objetivo. Los esposos deben considerar sus condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales, así como sus deberes hacia Dios, hacia ellos mismos, hacia los hijos y hacia la sociedad.
La encíclica reconoce que una paternidad responsable puede llevar a los cónyuges:
- a acoger generosamente una familia numerosa;
- a espaciar los nacimientos;
- a posponer la llegada de nuevos hijos durante un tiempo determinado;
- a renunciar a nuevos nacimientos durante un periodo indefinido cuando existan motivos graves y proporcionados.
Esta decisión no convierte la fecundidad en un ámbito moralmente neutral. Los esposos no pueden actuar como si la transmisión de la vida dependiera únicamente de sus preferencias. Deben ordenar su decisión según la voluntad de Dios y los principios morales que la Iglesia presenta de manera constante.
La paternidad responsable no equivale a control absoluto
La palabra «responsable» no significa que los esposos puedan controlar la fecundidad mediante cualquier medio técnicamente disponible. La responsabilidad incluye precisamente el respeto a la naturaleza del acto conyugal y al orden moral objetivo.
Humanae vitae rechaza la idea de que una buena intención -por ejemplo, cuidar la salud de la madre, atender dificultades económicas o limitar temporalmente el tamaño de la familia- convierta en lícito cualquier procedimiento anticonceptivo. El fin bueno no legitima un medio que contradiga la estructura moral del acto conyugal.
La decisión responsable exige dos elementos inseparables:
- un motivo suficientemente serio y prudente para espaciar o evitar temporalmente un embarazo;
- el empleo de medios moralmente lícitos, sin destruir deliberadamente la capacidad procreativa del acto conyugal.
Diferencia entre paternidad responsable y mentalidad anticonceptiva
La paternidad responsable acepta la fecundidad como un don y busca discernir, ante Dios, cuándo conviene acoger un nuevo hijo o espaciar los nacimientos. La mentalidad anticonceptiva, en cambio, considera la fecundidad como un obstáculo que debe eliminarse del acto sexual mediante una intervención directa.
La diferencia no depende únicamente de la frecuencia con que una pareja desea tener hijos. Una pareja puede querer formar una familia numerosa y, sin embargo, cometer un acto anticonceptivo concreto. Del mismo modo, una pareja puede tener razones graves para aplazar un embarazo y actuar moralmente si respeta la integridad del acto conyugal.
El criterio decisivo reside en el modo de actuar:
| Paternidad responsable | Mentalidad anticonceptiva |
|---|
| Reconoce la fecundidad como un don y una responsabilidad. | Trata la fecundidad como un obstáculo que debe suprimirse. |
| Discierne las circunstancias familiares con prudencia. | Busca controlar el resultado mediante cualquier medio disponible. |
| Respeta la estructura del acto conyugal. | Interviene para impedir deliberadamente su capacidad procreativa. |
| Acepta la continencia periódica cuando existen motivos proporcionados. | Pretende mantener relaciones sexuales evitando la fertilidad mediante una barrera o una alteración corporal. |
| Integra la razón, la voluntad, la responsabilidad y la confianza en Dios. | Separa la unión sexual de su significado procreativo. |
La distinción se fundamenta en Humanae vitae, que admite la decisión de no tener más hijos durante un tiempo cuando existen motivos serios, pero exige al mismo tiempo el respeto de los preceptos morales y del orden objetivo establecido por Dios.