Origen y oficio
Los Evangelios identifican a Andrés como hijo de Jonás o Juan y hermano de Simón Pedro. Mateo y Marcos lo presentan junto a Pedro, echando las redes en el mar de Galilea. Jesús los llamó con estas palabras: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Ambos abandonaron las redes y siguieron al Señor.
El oficio de pescador no constituye un detalle meramente biográfico. En la llamada apostólica, Jesús transforma una actividad cotidiana en una imagen de la misión evangelizadora. Andrés conocía el lago, las redes, la espera y el esfuerzo comunitario. Cristo tomó esa experiencia y la orientó hacia una tarea nueva: reunir a los hombres en la comunión del Reino de Dios.
Discípulo de Juan el Bautista
El cuarto Evangelio ofrece el relato más desarrollado sobre el primer encuentro de Andrés con Jesús. Antes de seguir al Señor, Andrés había sido discípulo de Juan el Bautista. Cuando Juan señaló a Jesús como el Cordero de Dios, Andrés y otro discípulo comenzaron a seguirlo. Jesús les preguntó qué buscaban y los invitó a acercarse a su morada. Ellos permanecieron con él aquel día.
El relato presenta a Andrés como un hombre en búsqueda, atento a la palabra profética y dispuesto a reconocer la acción de Dios. Su discipulado nace de la escucha. Juan el Bautista no retiene a sus discípulos para sí: los conduce hacia Jesús, y Andrés responde inmediatamente a ese testimonio.
Andrés conduce a Pedro hasta Jesús
Después de encontrarse con Cristo, Andrés buscó a su hermano Simón y le anunció: «Hemos encontrado al Mesías». A continuación, lo llevó hasta Jesús. Este episodio constituye uno de los rasgos más característicos de la figura apostólica de Andrés: encuentra a Cristo y conduce a otros hacia él.
El Evangelio atribuye a Jesús la transformación del nombre y de la misión de Simón, que recibió el nombre de Pedro. Andrés no ocupa aquí el centro de la escena; su servicio consiste en facilitar el encuentro entre su hermano y el Mesías. La tradición espiritual ha visto en este gesto una imagen de la evangelización discreta: el apóstol puede actuar de manera decisiva sin buscar protagonismo.
La llamada definitiva
Los Evangelios sinópticos narran una llamada posterior y más solemne. Mientras Andrés y Pedro trabajaban como pescadores, Jesús los llamó a seguirle de forma estable. Ellos dejaron las redes y comenzaron una vida enteramente dedicada al anuncio del Evangelio.
Conviene distinguir los dos relatos evangélicos. El Evangelio según san Juan describe el primer contacto de Andrés con Jesús y su reconocimiento del Mesías; Mateo y Marcos narran la llamada pública junto al lago. La diferencia responde a perspectivas literarias y teológicas distintas, no obliga a considerar incompatibles ambos episodios.
Andrés entre los Doce
Andrés perteneció al grupo de los Doce Apóstoles, escogidos por Jesucristo para acompañarle y participar de manera singular en su misión. Los cuatro listados apostólicos del Nuevo Testamento -Mateo, Marcos, Lucas y los Hechos de los Apóstoles- incluyen su nombre. En Mateo y Lucas ocupa el segundo lugar, mientras que en Marcos y en los Hechos aparece en el cuarto.
Los Evangelios sinópticos lo nombran también cuando Pedro, Santiago, Juan y Andrés preguntan a Jesús en privado acerca de la destrucción del templo y de los acontecimientos últimos. El episodio aparece en el discurso escatológico de Marcos.
La multiplicación de los panes
El Evangelio según san Juan conserva una intervención concreta de Andrés durante la multiplicación de los panes. Al advertir la necesidad de la multitud, señaló que un muchacho llevaba cinco panes de cebada y dos peces, aunque reconoció la desproporción entre aquellos alimentos y el número de personas reunidas.
La observación de Andrés combina realismo y apertura a la acción de Jesús. Él ve la insuficiencia de los recursos humanos, pero presenta a Cristo lo poco que existe. La tradición cristiana ha leído este gesto como una enseñanza sobre la colaboración apostólica: el discípulo no produce por sí mismo el milagro, pero ofrece a Jesús los medios humildes que tiene a su alcance.
Los griegos que desean ver a Jesús
Poco antes de la pasión, algunos griegos que habían acudido a Jerusalén con motivo de la fiesta pidieron a Felipe: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe comunicó la petición a Andrés, y ambos acudieron después al Señor.
Este pasaje posee un significado teológico especial. La llegada de aquellos griegos anticipa la apertura universal del Evangelio. Andrés aparece nuevamente como mediador de un encuentro: primero llevó a Pedro hasta Cristo y después participó en la presentación ante Jesús de quienes procedían del mundo no judío.