Juan Pablo II compuso una oración dirigida a la Virgen bajo la invocación «Santina de Covadonga». La oración abre con la aclamación de fe: «Dios te salve, Reina y Madre de misericordia», y presenta el santuario como lugar donde el peregrino venera la imagen y une su voz al canto mariano.
Esperanza, caridad y comunión eclesial
La súplica pide el don de la esperanza que ilumina el futuro, la alegría perenne de la fe y el ardor de la caridad, además de la gracia para vivir en comunión sincera como Iglesia de Dios, hermanos de Cristo e hijos de María.
Perdón, reconciliación y paz
La oración solicita el don de la misericordia mediante la intercesión de la Virgen: pide la gracia del perdón y de la reconciliación que Cristo obtuvo para vivir en paz con Dios y con los hermanos.
Familia, matrimonio y acogida de la vida
Juan Pablo II incluye una petición explícita por los esposos: «Protege, Virgen santa de Covadonga, a cuantos llegan a tu templo santo para unirse en matrimonio», y pide que la fe cristiana sea cimiento firme de la familia, mientras el verdadero amor fortalece la unión y la abre fecundamente a la vida.
Emigrantes, jóvenes y vocaciones
La oración mira también a quienes viven lejos: contempla a los emigrantes que vuelven la mirada al santuario en espera de poder contemplar el rostro de la Madre, que atrae y difunde luz y paz.
El texto abarca a niños y mayores, a enfermos y a quienes sufren en el cuerpo y en el alma, pero reserva un acento especial en los jóvenes como promesa del futuro que buscan el sentido de su vida.
Finalmente, la oración solicita vocaciones y enciende una esperanza apostólica: pide que María suscite entre hijos e hijas de familias cristianas vocaciones de apóstoles y misioneros, con llamadas a sacerdotes, religiosos, religiosas, personas consagradas y laicos comprometidos al servicio del Reino y de la civilización del amor.