Crisis contemporánea de la fe
Benedicto XVI escribió Porta fidei dentro de un contexto cultural caracterizado por la secularización, la fragmentación de las referencias religiosas y la dificultad creciente para transmitir la fe cristiana. En muchas sociedades, el cristianismo había dejado de funcionar como presupuesto cultural compartido y la existencia de Dios ya no formaba parte de las certezas comunes.
El Papa distinguió entre la preocupación por las consecuencias sociales, culturales y políticas del cristianismo y la necesidad de recuperar el núcleo de la fe: el encuentro personal con Jesucristo. La renovación cristiana no podía reducirse a conservar valores heredados ni a defender una identidad cultural; exigía volver a la relación viva con el Señor.
Relación con el Concilio Vaticano II
El Año de la Fe comenzó el 11 de octubre de 2012, en el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. Benedicto XVI quiso que la celebración ayudara a leer correctamente los documentos conciliares y a recibirlos como textos normativos del magisterio dentro de la Tradición de la Iglesia.
El Papa presentó el Concilio como una gracia decisiva para la Iglesia del siglo XX y como una orientación segura para la misión cristiana en el nuevo milenio. La correcta interpretación del Concilio debía promover la renovación eclesial sin romper la continuidad con la Tradición apostólica.
Relación con el Catecismo de la Iglesia Católica
La fecha de apertura del Año de la Fe coincidió también con el vigésimo aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado por san Juan Pablo II en 1992. El Catecismo nació como fruto del Concilio Vaticano II y como instrumento para la catequesis, con la colaboración de los obispos de todo el mundo.
Benedicto XVI vinculó además el Año de la Fe con la Asamblea General del Sínodo de los Obispos convocada para octubre de 2012, cuyo tema fue «La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana». Así, el documento unió tres acontecimientos: el aniversario del Concilio, el aniversario del Catecismo y la reflexión eclesial sobre la evangelización.