La misión de los obispos y los misioneros
La evangelización báltica no comenzó siempre mediante la espada. Obispos como Meinhard y Berthold intentaron predicar, establecer comunidades, construir iglesias y dialogar con las autoridades locales. La labor misionera exigía conocer las lenguas, las costumbres y las estructuras sociales de cada pueblo.
El anuncio cristiano implicaba también formar clero, organizar diócesis y establecer comunidades estables. En Livonia, la acción de Alberto de Riga consolidó la obra iniciada por los primeros misioneros y permitió la creación de una Iglesia local vinculada a Bremen y a la Santa Sede.
La doctrina católica entiende la fe como una respuesta libre. La Congregación para la Doctrina de la Fe enseña que la evangelización debe acercarse a la persona mediante la libertad, el amor y el diálogo, teniendo en cuenta sus esperanzas, sufrimientos y circunstancias concretas. La Iglesia prohíbe obligar a alguien a abrazar la fe o atraerlo mediante procedimientos impropios.
La violencia y la imposición religiosa
Las cruzadas bálticas también incluyeron campañas en las que la conversión quedó asociada al sometimiento político. La destrucción de santuarios, la exigencia de bautismos, la toma de rehenes, la imposición de tributos y la colonización alteraron profundamente la libertad de las comunidades indígenas.
La doctrina católica contemporánea juzga de forma crítica cualquier uso de la fuerza para imponer la verdad religiosa. La Congregación para la Doctrina de la Fe enseña que el testimonio cristiano no impone nada por la coerción y que la caridad, por su propia naturaleza, debe ser libre.
La Comisión Teológica Internacional reconoce que, a lo largo de la historia, algunos cristianos emplearon medios dudosos para alcanzar fines presentados como buenos, entre ellos la proclamación del Evangelio y la defensa de la unidad de la fe. También identifica como falta moral la tolerancia de la intolerancia y del uso de la fuerza al servicio de la verdad. La revisión histórica debe distinguir los hechos, valorar su responsabilidad moral y evitar tanto la idealización como la condena simplista.
La cuestión del bautismo
La conversión auténtica requiere libertad interior. Juan Pablo II recordó que la fe y la recepción del bautismo deben ser completamente libres y que la evangelización nunca puede imponerse. El anuncio cristiano exige respeto hacia las personas evangelizadas y rechazo de toda coacción o persuasión engañosa.
Esta enseñanza permite valorar críticamente los bautismos obtenidos bajo amenaza militar, presión política o dependencia económica. Aunque algunos bautismos pudieran haber expresado posteriormente una adhesión sincera, la violencia utilizada para obtenerlos contradice la naturaleza de la fe cristiana.