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Papa Esteban VIII

Esteban VIII-denominado también Esteban IX en algunas listas antiguas- fue papa de la Iglesia católica entre julio de 939 y octubre de 942. Su pontificado transcurrió durante el saeculum obscurum, periodo de profunda subordinación del papado a las aristocracias romanas. Aunque ejerció la autoridad espiritual propia del obispo de Roma, el poder temporal de la ciudad permanecía en manos de Alberico II, príncipe de los Romanos, circunstancia que limitó considerablemente la libertad política del pontífice.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Esteban VIII
CategoríaPersona
Nombre Completo
  • Stephanus
  • Esteban IX (en algunas listas antiguas)
Cargo EclesiásticoObispo de Roma
Lugar de NacimientoRoma
NacionalidadRomana
Autoridad EclesiásticaPapa
Contexto HistóricoSaeculum obscurum
Duraciónaproximadamente 3 años
Fecha de Fin del Pontificadofinales de octubre de 942
Fecha de Inicio del Pontificado14 de julio de 939
Personas relacionadasMarino II
TipoPapa

Tabla de contenido

Identidad y cronología

Nombre y origen

El futuro papa nació en Roma y recibió el nombre de Stephanus. Antes de su elección perteneció al clero romano y ejerció como cardenal presbítero de los Santos Silvestre y Martín. Las noticias sobre su vida anterior al pontificado resultan escasas, como ocurre con muchos eclesiásticos romanos de la primera mitad del siglo X.1

Algunas tradiciones tardías atribuyeron a Esteban un origen no romano, pero la tradición historiográfica más firme lo considera romano. La identificación con el cardenal presbítero de los Santos Silvestre y Martín proporciona el principal dato sobre su carrera eclesiástica anterior a la elección.1

Fechas del pontificado

Esteban VIII fue elegido aproximadamente el 14 de julio de 939 y murió hacia finales de octubre de 942. Algunas cronologías precisan el final de su pontificado el 30 de octubre de 942, aunque la documentación medieval no siempre permite fijar con absoluta seguridad el día de la muerte.1,2

La duración de su pontificado, algo superior a tres años, superó la de varios de sus predecesores inmediatos, pero no bastó para modificar la estructura política que condicionaba la vida de la Santa Sede.

La cuestión de la numeración

Esteban elegido en 752

La sucesión de los papas llamados Esteban presenta una dificultad histórica. En marzo de 752, el presbítero romano Esteban fue elegido para suceder a san Zacarías, pero murió antes de recibir la consagración episcopal. Durante siglos, algunas listas lo incluyeron entre los papas, mientras que otras lo consideraron únicamente un papa electo.

La Iglesia acabó excluyéndolo de la numeración oficial de los pontífices, porque en la disciplina eclesiástica de la época la elección no siempre bastaba para constituir plenamente el pontificado: la consagración episcopal tenía una importancia decisiva. Por este motivo, el pontífice que reinó entre 939 y 942 aparece actualmente como Esteban VIII, aunque ciertas obras antiguas lo llaman Esteban IX.

Variaciones entre las listas medievales y modernas

La numeración también sufrió alteraciones por la inclusión o exclusión de Esteban de 752. Además, algunos repertorios antiguos aplicaron números distintos a los pontífices Esteban de los siglos VIII y IX. Así, el papa que gobernó entre 928 o 929 y 931 aparece en ciertas obras como Esteban VII y en otras como Esteban VIII.3

La nomenclatura actual distingue habitualmente:

  • Esteban II, pontífice de 752, si no se cuenta al elegido que murió antes de la consagración.
  • Esteban III, pontífice de 768-772.
  • Esteban IV, pontífice de 816-817.
  • Esteban V, pontífice de 885-891.
  • Esteban VI, pontífice de 896-897.
  • Esteban VII, pontífice de 929-931.
  • Esteban VIII, pontífice de 939-942.

Por tanto, el título Papa Esteban VIII corresponde, en la nomenclatura actualmente más extendida, al pontífice romano que ocupó la sede de Pedro entre 939 y 942.

Contexto histórico: el saeculum obscurum

Definición del periodo

La expresión latina saeculum obscurum, «siglo oscuro», designa tradicionalmente la etapa de la historia del papado comprendida, de manera aproximada, entre finales del siglo IX y mediados del siglo XI. La historiografía contemporánea utiliza el término con cautela, porque puede simplificar una realidad compleja y presentar todo el periodo como una época de decadencia uniforme. Aun así, la expresión resulta útil para describir la fuerte dependencia de la sede romana respecto de las familias aristocráticas locales.

Durante estos años, numerosos pontificados estuvieron condicionados por luchas entre facciones romanas, cambios violentos de gobierno y rivalidades entre familias nobiliarias. El papado conservó su autoridad sacramental y doctrinal, pero perdió buena parte de su autonomía política. La aristocracia podía impulsar elecciones, excluir candidatos y controlar los territorios sometidos a la administración civil de Roma.4

La familia de Teofilacto y Marozia

La familia más influyente pertenecía al círculo de Teofilacto, senador y duque de Roma. Su poder aumentó gracias a la actividad política de su esposa, Teodora la Mayor, y de sus hijas, Marozia y Teodora la Joven. Estas mujeres participaron activamente en las alianzas y conflictos que determinaron varias elecciones pontificias.5

Marozia llegó a colocar en el trono pontificio a su hijo Juan, que reinó como Juan XI, mientras la propia Marozia dominaba la política romana. En 932, su hijo Alberico II encabezó una rebelión contra ella, puso fin a su gobierno y asumió el control de Roma. Los romanos le concedieron los títulos de príncipe de los Romanos y cónsul, y le atribuyeron la dirección del poder temporal.5

Alberico II y la subordinación política del papado

Alberico II gobernó Roma hasta su muerte en 954. Su autoridad no procedía de un mandato espiritual, sino del control político y militar de la ciudad. El papa continuó siendo el obispo de Roma y cabeza visible de la Iglesia latina, pero Alberico dominaba los asuntos civiles y podía condicionar la elección pontificia.

La situación de Esteban VIII debe entenderse dentro de esta separación práctica:

  • El papa ejercía la autoridad espiritual, litúrgica y canónica de la Iglesia romana.
  • Alberico II controlaba la administración temporal de Roma, la política urbana y los mecanismos de poder que influían en la elección del pontífice.
  • Los reyes y príncipes europeos podían intervenir en los asuntos romanos mediante alianzas, protección militar o presión diplomática.

La subordinación política no significaba que Alberico poseyera la autoridad doctrinal del papa. La debilidad del pontífice afectaba sobre todo a su independencia práctica, no a la naturaleza espiritual del ministerio petrino.

El pontificado de Esteban VIII

Elección bajo la autoridad de Alberico II

Esteban VIII llegó al pontificado durante el dominio de Alberico II. La elección respondió a los equilibrios políticos de Roma y tuvo lugar en un contexto en el que el príncipe de los Romanos podía imponer su voluntad sobre la ciudad. La documentación no presenta a Esteban como un pontífice completamente independiente de Alberico; al contrario, describe todo su reinado bajo la autoridad política del gobernante romano.1

Esta dependencia explica la escasez de iniciativas propias y la limitada proyección internacional de su pontificado. Esteban no dispuso de la libertad necesaria para convertir la sede romana en un centro autónomo de decisión política, como ocurriría más tarde con la intervención de los emperadores germánicos y, posteriormente, con la reforma papal del siglo XI.

Apoyo a Luis IV de Francia

Uno de los rasgos más conocidos de la política de Esteban VIII fue su apoyo a Luis IV de Ultramar, rey de los francos occidentales. La dinastía carolingia, que había sostenido durante generaciones una relación privilegiada con el papado, atravesaba entonces una profunda decadencia.

Esteban intentó defender los derechos de Luis IV frente a los nobles que podían abandonar su fidelidad al monarca. Llegó a amenazar con la excomunión a quienes no permanecieran leales al rey franco. Esta intervención mostraba que el papa todavía conservaba una autoridad moral y canónica reconocida más allá de Roma, aunque careciera de medios militares propios para imponer sus decisiones.1

El apoyo a Luis IV también respondía a una larga tradición de cooperación entre la Santa Sede y los soberanos francos. Desde el siglo VIII, los papas habían recurrido a los reyes carolingios para proteger Roma frente a los lombardos y defender los territorios vinculados a la Iglesia romana. La alianza entre Esteban II y Pipino el Breve había constituido un precedente fundamental: el papa buscó protección franca y, a cambio, reforzó la legitimidad religiosa de la nueva dinastía.5

La decadencia carolingia

En tiempos de Esteban VIII, la unidad política construida por Carlomagno ya pertenecía al pasado. El reino franco se había dividido en distintas entidades, mientras la aristocracia regional aumentaba su poder. La autoridad de los últimos carolingios resultaba especialmente frágil, y los nobles podían actuar con amplia autonomía.

En el reino franco occidental, la monarquía de Luis IV debía enfrentarse a magnates territoriales que controlaban castillos, ejércitos y redes de vasallaje. La fidelidad al rey dependía menos de una administración central sólida que de pactos personales y equilibrios cambiantes. El papado intentó preservar la continuidad carolingia porque consideraba que una monarquía franca fuerte podía ofrecer estabilidad y protección a la Iglesia.6

La crisis carolingia tuvo consecuencias directas para Roma. Cuando desapareció una autoridad franca suficientemente fuerte, el papado quedó más expuesto a las familias nobiliarias romanas y a los poderes locales italianos. La fragmentación política debilitó la protección exterior de la Santa Sede y favoreció el predominio de los príncipes romanos.

Relaciones con los poderes europeos

La herencia de la alianza franca

La relación entre el papado y los francos no se reducía a una alianza militar ocasional. Desde Pipino el Breve, el papa había respaldado la legitimidad de la dinastía carolingia, mientras los reyes francos asumían la protección de Roma y de los territorios vinculados a san Pedro.

La intervención de Esteban VIII a favor de Luis IV prolongó esa tradición, aunque en condiciones mucho menos favorables. La Santa Sede ya no trataba con un soberano capaz de controlar la mayor parte de Europa occidental. El rey franco dependía de una nobleza poderosa, y el propio papado carecía de los recursos necesarios para transformar su apoyo en una victoria política segura.

El debilitamiento del poder imperial

Durante el siglo X, el título imperial perdió buena parte de la capacidad efectiva que había poseído bajo Carlomagno. Los últimos carolingios no lograron conservar la unidad del imperio, y varios príncipes italianos -entre ellos Guido de Spoleto, Lamberto y Berengario de Friuli- llegaron a aspirar a la dignidad imperial.6

La restauración imperial llevada a cabo por Otón I a mediados del siglo X aún no había consolidado su relación con la Santa Sede durante el pontificado de Esteban VIII. Alberico II, de hecho, impidió que Otón entrara en Roma cuando el rey germánico llegó a Italia en 951. Solo después de la muerte de Alberico se produjo una intervención decisiva de Otón en los asuntos romanos.5

Roma, Italia y los musulmanes

El papado del siglo X también afrontaba amenazas procedentes de grupos musulmanes establecidos en distintos puntos de Italia y del Mediterráneo. Durante el siglo IX, los ataques sarracenos habían afectado a Roma y obligado a reforzar las defensas de las basílicas y de la ciudad. La decadencia del poder carolingio dificultó la coordinación militar frente a esas incursiones.7

Durante el pontificado de Esteban VIII, los problemas internos de Roma y la subordinación a Alberico II impidieron que el papa desarrollara una política exterior propia de gran alcance. La defensa territorial dependía principalmente de los poderes civiles italianos y de las alianzas que estos pudieran establecer.

Herida y retirada de la vida pública

Una tradición relacionada con Esteban VIII relata que sufrió una agresión violenta que le desfiguró gravemente el rostro. La herida habría provocado su retirada de las apariciones públicas durante el resto del pontificado. Este episodio refleja el clima de violencia política que podía afectar incluso al pontífice en una Roma dominada por facciones aristocráticas.

La tradición no permite reconstruir con seguridad todos los detalles del ataque ni identificar de forma concluyente a sus responsables. Algunos relatos vinculan la agresión a conflictos políticos y a la cuestión de la sucesión carolingia. En cualquier caso, el episodio ilustra la vulnerabilidad personal del papa dentro de un sistema en el que las autoridades civiles controlaban la fuerza armada.

Autoridad espiritual y poder temporal

El ministerio petrino

Como obispo de Roma, Esteban VIII ejercía la autoridad espiritual recibida por la tradición apostólica y vinculada al ministerio de Pedro. Su pontificado incluía las funciones ordinarias de la sede romana: gobierno de la Iglesia local, confirmación de privilegios eclesiásticos, relaciones con obispos y monasterios y defensa de la comunión eclesial.

La debilidad política de la época no anulaba la concepción teológica del papado. Incluso en periodos de corrupción, violencia o dependencia aristocrática, la Iglesia distinguía entre la dignidad del oficio pontificio y la conducta concreta de quien lo ocupaba. La tradición católica sostiene que la indignidad personal de un sucesor no destruye la dignidad de la sede de Pedro.8

El poder temporal de los príncipes de los Romanos

El título de príncipe de los Romanos designaba una autoridad política sobre Roma. Alberico II controlaba los asuntos temporales, mientras Esteban VIII conservaba la responsabilidad espiritual. Esta división no equivalía a una separación moderna entre Iglesia y Estado, pero sí permite distinguir dos esferas de poder que en la práctica no coincidían.

El príncipe podía controlar las tropas, la administración urbana y las alianzas políticas. El papa, en cambio, poseía jurisdicción eclesiástica y autoridad moral sobre la Iglesia. Alberico no era papa ni podía sustituir al pontífice en las funciones sacramentales o doctrinales; sin embargo, su dominio de Roma podía limitar la actuación concreta del obispo de la ciudad.

La posterior elección de Juan XII, hijo de Alberico, volvió a unir en una misma persona la autoridad espiritual y el poder temporal de Roma. Aquella unión produjo una concentración excepcional de poder, pero también generó nuevas tensiones y facilitó la intervención del emperador Otón I.5

Valoración histórica

Un pontificado condicionado

Esteban VIII no dejó una obra política comparable a la de otros papas medievales. Su pontificado quedó condicionado por tres factores principales:

  1. La autoridad de Alberico II sobre Roma.
  2. La decadencia de la dinastía carolingia y la fragmentación del mundo franco.
  3. La violencia de las luchas aristocráticas que rodeaban la sede romana.

La falta de documentación abundante dificulta atribuirle un programa amplio de reformas o una política independiente. La principal actuación claramente identificable consiste en su apoyo a Luis IV de Francia y en el uso de la amenaza de excomunión para defender la fidelidad de los nobles al soberano.1

El papado no quedó reducido a una institución política romana

Resultaría incorrecto interpretar el pontificado de Esteban VIII como un simple episodio de política local. Aunque Alberico II controlaba Roma, el papa continuaba siendo una figura reconocida por obispos, monasterios y reyes de otros territorios. La intervención de Esteban en la política franca revela que la sede romana conservaba una dimensión suprarregional.

La contradicción entre la debilidad política local y la autoridad espiritual internacional caracteriza buena parte de la historia papal del siglo X. El pontífice podía carecer de ejércitos y depender de un gobernante romano, pero todavía podía influir en la legitimidad de los reyes, en la disciplina eclesiástica y en la conciencia de la unidad de la Iglesia.

El lugar de Esteban VIII en la historia de la Iglesia

El pontificado de Esteban VIII pertenece a una etapa de crisis, pero también a un periodo de transición. La fragmentación del mundo carolingio y el predominio de las familias romanas no destruyeron la institución pontificia. La Iglesia conservó la memoria de la primacía romana, sus redes episcopales y monásticas y su capacidad para intervenir en asuntos de toda la cristiandad.

La reforma de los siglos XI y XII modificaría profundamente la relación entre el papado, los príncipes y el Imperio. Sin embargo, los conflictos del siglo X mostraron ya la necesidad de proteger la elección pontificia frente a la dominación de las aristocracias y de distinguir con mayor claridad la autoridad espiritual de las ambiciones temporales.

Muerte y sucesión

Esteban VIII murió hacia finales de octubre de 942. Le sucedió Marino II, elegido en un contexto todavía dominado por Alberico II. La muerte de Esteban no alteró de inmediato la estructura política de Roma, pues el príncipe de los Romanos mantuvo su control sobre la ciudad y siguió condicionando la vida pontificia.1

Alberico II falleció en 954. Al año siguiente, los romanos eligieron papa a su hijo Octaviano, que tomó el nombre de Juan XII y reunió en su persona el poder espiritual del pontífice y la autoridad temporal que antes había ejercido su padre. Este cambio preparó la intervención de Otón I y la nueva reorganización de las relaciones entre la Santa Sede y el poder imperial.5

Legado

El legado de Esteban VIII reside menos en decisiones doctrinales concretas que en el testimonio de una época en la que el papado afrontaba una grave pérdida de autonomía política. Su apoyo a Luis IV muestra que la Santa Sede conservaba capacidad para intervenir en los asuntos de las monarquías occidentales, aunque la realidad romana la sometiera a la autoridad de Alberico II.

Su pontificado representa la tensión entre la continuidad espiritual de la sede de Pedro y la fragilidad temporal del gobierno romano. La experiencia de Esteban VIII ayuda a comprender por qué la Iglesia medieval desarrolló posteriormente reformas destinadas a liberar la elección pontificia de la tutela aristocrática y a afirmar con mayor precisión la independencia de la autoridad eclesiástica.

Citas y referencias

  1. Papa Esteban VIII-IX. Enciclopedia Católica, Papa Esteban VIII-IX (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  2. Papa #127: Esteban VIII. Magisterio IA. Breve Historia de los Papas de la Iglesia Católica, Papa 127 (2024).
  3. Papa Esteban VII-VIII. Enciclopedia Católica, Papa Esteban VII-VIII (1913).
  4. Emmett O’Regan. San Tomás de Aquino y los Orígenes de la Doctrina de la Infallibilidad Papal, 15 (2025).
  5. Estados de la iglesia. Enciclopedia Católica, Estados de la Iglesia (1913). 2 3 4 5 6
  6. Alemania. Enciclopedia Católica, Alemania (1913). 2
  7. Roma. Enciclopedia Católica, Roma (1913).
  8. Papa Alejandro VI. Enciclopedia Católica, Papa Alejandro VI (1913).
Modificado el 13 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.79Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/wpxwkcs5s

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