Una basílica articulada en varios espacios
La Basílica de San Francisco no consiste en una única nave superpuesta de manera simple. El conjunto monumental integra tres ámbitos cultuales principales relacionados vertical y funcionalmente:
- la iglesia inferior;
- la cripta, situada bajo el presbiterio de la iglesia inferior;
- la iglesia superior, elevada sobre la iglesia inferior.
La descripción tradicional de la basílica como un edificio compuesto por tres santuarios superpuestos expresa la complejidad del conjunto, pero conviene diferenciar la cripta de las dos iglesias. La cripta no constituye una tercera iglesia independiente equivalente a las iglesias inferior y superior, sino el espacio subterráneo que custodia el sepulcro del santo.
Iglesia inferior
La iglesia inferior presenta un ambiente más recogido y solemne que la superior. Sus proporciones, su iluminación moderada y la concentración de capillas y altares favorecen la oración, la celebración de la Eucaristía y la veneración de los santos.
El espacio está estrechamente relacionado con la memoria de la pobreza franciscana y con la espiritualidad de la cruz. Diversos ciclos pictóricos desarrollan las virtudes religiosas y los episodios de la vida de Francisco, con especial atención a la pobreza, la castidad y la obediencia.
La iglesia inferior posee también una importancia histórica singular porque acogió inicialmente la tumba de san Francisco y porque conserva algunos de los primeros grandes programas pictóricos asociados a la expansión de la iconografía franciscana.
Cripta
La cripta constituye el centro devocional del santuario. Allí reposan los restos de san Francisco, colocados dentro de un sepulcro de piedra situado bajo el altar mayor de la iglesia inferior.
La ubicación subterránea del sepulcro expresa varios significados teológicos. En primer lugar, recuerda la humildad del santo, que quiso vivir y morir en pobreza. En segundo lugar, vincula la veneración de sus reliquias con la esperanza cristiana en la resurrección del cuerpo. En tercer lugar, manifiesta la continuidad entre la vida terrena del fundador, su muerte y la comunión de los santos.
El sepulcro no funciona como un elemento meramente histórico. La cripta constituye un lugar de oración, peregrinación y veneración de una reliquia insigne. Los peregrinos acuden allí para encomendarse a la intercesión de Francisco y para confrontar su propia vida con el ideal evangélico que inspiró al santo.
La cripta debe distinguirse cuidadosamente de la iglesia inferior, que la contiene arquitectónicamente, y de la iglesia superior, situada sobre el conjunto. La iglesia inferior es un espacio litúrgico amplio; la cripta es el ámbito sepulcral directamente vinculado a los restos del santo.
Iglesia superior
La iglesia superior posee una nave más luminosa y una estructura concebida para acoger grandes celebraciones y amplios ciclos de frescos. Sus muros y bóvedas forman uno de los programas pictóricos más influyentes de la historia del arte cristiano occidental.
La relación entre la iglesia inferior y la superior no responde únicamente a una solución constructiva. El conjunto puede interpretarse también como un itinerario espiritual: la iglesia inferior conduce hacia la memoria penitencial y la veneración de la tumba, mientras que la superior desarrolla una visión más narrativa y gloriosa de la vida de san Francisco y de la historia de la salvación.