La práctica pertenece a la piedad popular mariana. El número tres suele relacionarse con las principales prerrogativas de María: su poder de intercesión, su sabiduría y su bondad maternal. Algunas formulaciones espirituales también vinculan las tres Ave Marías con la Santísima Trinidad, pues toda gracia procede del Padre, por el Hijo y en el Espíritu Santo, aunque la devoción no constituye una definición dogmática sobre las funciones de María.
El elemento esencial consiste en rezar tres veces el Ave María con atención, reverencia y confianza. La oración puede acompañarse de una breve petición, por ejemplo:
«María, Madre de Dios y Madre mía, ayúdame a vivir siempre en gracia de Dios y protégeme especialmente en la hora de mi muerte».
La devoción no exige una fórmula única. Pueden añadirse jaculatorias, una breve meditación sobre algún privilegio de la Virgen o una intención concreta. La oración conserva su sentido cuando conduce a Cristo, fomenta la conversión y fortalece la vida cristiana.
