Fundación en Annecy
Francisco de Sales proyectó una comunidad femenina que uniera la contemplación con una forma sencilla de servicio caritativo. Juana Francisca comprendió este proyecto como la respuesta a su propia vocación y aceptó abandonar progresivamente su posición social para fundar una nueva familia religiosa.
En la primavera de 1610 dejó la casa paterna y viajó a Annecy, en la Alta Saboya, donde residía Francisco de Sales. El primer núcleo de la Visitación comenzó el 6 de junio de 1610, domingo de la Santísima Trinidad, en una casa llamada «la Galería». A Juana Francisca la acompañaron María Jacqueline Favre, Carlota de Bréchard y la sirvienta Ana Jacqueline Coste, además de otras mujeres que ingresaron poco después.,,
El nombre de Visitación de Santa María aludía al misterio evangélico de la visita de la Virgen María a su prima Isabel. La fundación pretendía reproducir el dinamismo espiritual de aquel episodio: contemplar las maravillas de Dios y traducir la experiencia de la gracia en una caridad humilde, cercana y cotidiana. Juan Pablo II vinculó expresamente la vida de Juana Francisca con la actitud de María, que después de recibir el anuncio del ángel se puso en camino para ayudar a Isabel.,
La intención original: oración y visita a los enfermos
El proyecto inicial no consistía en fundar un monasterio estrictamente claustral. Francisco de Sales deseaba una congregación sin votos solemnes externos, con una clausura limitada al noviciado y con libertad para que las hermanas visitaran por turnos a los pobres enfermos. La finalidad combinaba la vida interior con el ejercicio directo de la misericordia.,
La elección del nombre expresaba precisamente esa dimensión apostólica. Las primeras Visitandinas debían llevar la oración a la acción y la acción a la oración. Su servicio no nacía de una mera actividad asistencial, sino de la contemplación de Cristo y de la imitación de la Virgen en el misterio de la Visitación.
El proyecto respondía también a una necesidad pastoral concreta. Muchas mujeres deseaban consagrarse a Dios, pero no podían asumir las austeridades corporales habituales en otras órdenes. La Visitación debía ofrecer una vía de vida religiosa caracterizada por la moderación, la dulzura y la accesibilidad para personas enfermas, débiles o de edad avanzada.
La imposición posterior de la clausura
La forma inicial de la Visitación encontró dificultades dentro de la disciplina eclesiástica de la época. El arzobispo de Lyon, en 1615, pidió que la congregación adoptara la forma de una orden religiosa claustral conforme a la práctica general y a la disciplina vinculada al Concilio de Trento. Francisco de Sales resistió inicialmente porque la clausura impedía el servicio directo a los pobres enfermos. Finalmente aceptó el cambio y comprendió aquella evolución institucional como una manifestación de la voluntad de Dios.,
En 1616 Francisco de Sales comenzó la redacción de las constituciones, inspiradas en la Regla de san Agustín. La nueva configuración no anuló la intención caritativa de los fundadores, pero modificó su forma de realización. La Visitación dejó de organizarse como una congregación femenina dedicada a salir regularmente para visitar enfermos y adoptó el régimen de una orden contemplativa de clausura.
Esta evolución exige distinguir dos momentos históricos:
- El proyecto fundacional original, que unía contemplación, vida comunitaria y visita a los pobres enfermos.
- La forma jurídica posterior, impuesta por las exigencias eclesiásticas del tiempo, que convirtió a las Visitandinas en monjas de clausura.
La clausura no significó una renuncia a la caridad, sino un cambio en su ejercicio. La atención a los necesitados pasó a expresarse principalmente mediante la oración, la acogida espiritual, la educación y diversas obras compatibles con la vida monástica. Juana Francisca impulsó también la educación e instrucción de niñas, especialmente de familias acomodadas.,
La Orden de la Visitación recibió reconocimiento canónico en 1618 bajo el pontificado de Paulo V y obtuvo la aprobación solemne de sus constituciones mediante una bula de Urbano VIII en 1626.