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Papa Celestino IV

Celestino IV, nacido Goffredo Castiglioni, fue papa durante un periodo brevísimo en 1241, en plena confrontación entre el papado y el emperador Federico II. Elegido en un cónclave extraordinariamente conflictivo y sometido a duras presiones políticas, murió pocos días después sin haber recibido la consagración episcopal ni la coronación pontificia. Su pontificado, aunque no produjo reformas duraderas, revela las profundas dificultades institucionales que afectaban a la elección del papa y a la capacidad de gobierno de la Iglesia romana en el siglo XIII.

Pope Celestine IV
Ver información de la imagenEsta ilustración proviene de Las vidas y los tiempos de los Papas, de Chevalier Artaud de Montor, Nueva York: The Catholic Publication Society of America, 1911. Fue publicada originalmente en 1842. c. 2016. https://archive.org/details/thelivesandtimes00montuoft, Artaud de Montor (1772-1849), Dominio público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Celestino IV
CategoríaPersona
Nombre CompletoGoffredo Castiglioni
Fecha de Muerte1241-11-10
Cardenalatocreado cardenal por Gregorio IX
Duración del pontificadoaproximadamente diecisiete días
Familiasobrino del papa Urbano III
Inicio del Pontificado25 de octubre de 1241
Lugar de nacimientoMilán
Nombre de nacimientoGoffredo Castiglioni
Orden religiosaprobablemente cisterciense
Personas relacionadas
  • Gregorio IX
  • Inocencio IV
TipoPapa

Tabla de contenido

Identidad y datos principales

  • Nombre de nacimiento: Goffredo Castiglioni
  • Lugar de nacimiento: Milán
  • Familia: sobrino del papa Urbano III
  • Orden religiosa: probablemente cisterciense
  • Cardenalato: creado cardenal por Gregorio IX
  • Elección pontificia: 25 de octubre de 1241
  • Nombre pontificio: Celestino IV
  • Fallecimiento: 10 de noviembre de 1241
  • Duración del pontificado: aproximadamente diecisiete días
  • Sucesor: Inocencio IV, elegido en 1243

La tradición histórica lo cuenta entre los papas con el pontificado más breve. La documentación medieval ofrece variantes en el cómputo exacto de los días, pero coincide en que Celestino IV murió poco después de su elección y antes de desarrollar una actividad pontificia efectiva.1

Origen y carrera eclesiástica

Goffredo Castiglioni procedía de Milán, una ciudad vinculada a las luchas políticas y religiosas que atravesaron el norte de Italia durante la Edad Media. Su parentesco con Urbano III, papa entre 1185 y 1187, lo situaba dentro de una familia con presencia en los círculos superiores de la Iglesia romana. La pertenencia familiar no explica por sí sola su carrera, pero facilitó su integración en el ambiente eclesiástico de alto nivel.

Gregorio IX lo incorporó al Colegio de Cardenales. En aquella época, el cardenalato no constituía todavía un cuerpo homogéneo con funciones idénticas a las actuales, pero los cardenales desempeñaban un papel decisivo en la administración de la Iglesia romana, en la diplomacia pontificia y en la elección del papa. La promoción de Goffredo por Gregorio IX lo vinculó a la línea de defensa de la autoridad pontificia frente al poder imperial.1

Las noticias biográficas sobre su personalidad, su formación y sus responsabilidades anteriores resultan escasas. La identificación de Goffredo como cisterciense aparece con cautela en la tradición histórica, que utiliza expresiones equivalentes a «probablemente cisterciense». Por ello, la historiografía distingue entre los datos firmes -su origen milanés, su cardenalato y su elección- y las atribuciones menos seguras relativas a su pertenencia religiosa.1

Contexto político y eclesiástico

El conflicto entre Gregorio IX y Federico II

Celestino IV llegó al pontificado después de la muerte de Gregorio IX, ocurrida el 22 de agosto de 1241. Gregorio había gobernado la Iglesia durante catorce años y había defendido con energía la autonomía pontificia frente al emperador Federico II. Su pontificado estuvo marcado por enfrentamientos sobre la autoridad del papa, la obediencia debida al emperador, el control de territorios italianos y la política de la cristiandad latina.

Federico II, rey de Sicilia y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, mantenía una posición especialmente poderosa en Italia. Sus dominios rodeaban en buena medida los Estados Pontificios y condicionaban las comunicaciones entre Roma, el sur de la península y las regiones septentrionales. La tensión entre el papado y el emperador no constituía una disputa meramente personal: implicaba dos concepciones rivales del orden político cristiano medieval.

Gregorio IX había defendido una amplia concepción de la autoridad pontificia y había recurrido a sanciones eclesiásticas contra Federico II. El conflicto también afectaba a las facciones italianas, a las ciudades comunales y a las familias nobles romanas. El pontificado de Celestino IV comenzó, por tanto, en un escenario en el que la elección del papa tenía consecuencias diplomáticas y militares inmediatas.2

Roma y las facciones aristocráticas

La política romana estaba profundamente condicionada por las familias nobles. Los cardenales no actuaban al margen de las alianzas urbanas ni de las tensiones entre partidarios del papado y del emperador. La elección pontificia requería una mayoría suficiente dentro del Colegio de Cardenales, pero también debía afrontar la presión de las autoridades civiles que controlaban los espacios, las comunicaciones y la seguridad de Roma.

En 1241, la ciudad atravesaba una situación de gran inestabilidad. El senador romano Matteo Rosso Orsini ejercía una autoridad decisiva sobre la ciudad y adoptó medidas coercitivas para obligar a los cardenales a alcanzar un acuerdo. La elección quedó así sometida a una combinación de rivalidad política, presión aristocrática y urgencia institucional.

La elección de 1241

Una elección sin el cónclave moderno

La elección de Celestino IV tuvo lugar antes de que la Iglesia estableciera jurídicamente el cónclave en su forma clásica. Aunque los cardenales podían reunirse en un espacio restringido, todavía no existía un sistema universal y detallado que regulase su aislamiento, su manutención, sus comunicaciones y las sanciones contra las injerencias externas.

La palabra cónclave y la legislación específica asociada a ella adquirieron forma jurídica principalmente después de la experiencia de las largas vacantes pontificias del siglo XIII. El Concilio II de Lyon, celebrado en 1274, promulgó la constitución Ubi periculum, que obligaba a los cardenales a reunirse en un espacio cerrado y común, limitaba su personal de servicio y restringía las comunicaciones con el exterior.3

La reunión de 1241 anticipó algunos rasgos materiales del futuro cónclave, pero careció de las garantías jurídicas y disciplinarias que la legislación posterior intentaría establecer. En lugar de un aislamiento regulado por normas eclesiásticas, los cardenales quedaron expuestos a la coerción directa de la autoridad civil romana.

El encierro en el Septizodio

Matteo Rosso Orsini confinó a los cardenales en el Septizodio, una monumental construcción antigua situada en las proximidades del extremo meridional del Palatino. El edificio, deteriorado pero todavía reconocible en la Roma medieval, ofrecía unas condiciones poco adecuadas para una reunión prolongada.

Las crónicas y los relatos posteriores describen el encierro en términos muy duros. La presión no consistió únicamente en cerrar a los electores en un lugar determinado: también incluyó unas condiciones de alojamiento deficientes, restricciones materiales y una vigilancia destinada a acelerar la decisión. La elección de Celestino IV nació, por tanto, bajo una fuerte coacción política.

El episodio permite comprender una diferencia fundamental entre el cónclave medieval regulado y el encierro de 1241. El primero pretendía proteger la libertad de deliberación de los cardenales frente a influencias exteriores; el segundo fue organizado por una autoridad civil que empleó el confinamiento como instrumento de presión. La existencia de un espacio cerrado no garantizaba, por sí misma, la libertad electoral.

La elección de Goffredo Castiglioni

Los cardenales eligieron a Goffredo Castiglioni el 25 de octubre de 1241. Adoptó el nombre de Celestino IV, probablemente en continuidad con la tradición de nombres pontificios asociados a la reforma y a la memoria de antiguos papas llamados Celestino.

La elección puso fin formalmente a la vacante iniciada con la muerte de Gregorio IX. Sin embargo, el nuevo papa afrontaba una situación personal muy delicada. Goffredo padecía una enfermedad grave y su salud no le permitió emprender una acción de gobierno propiamente dicha. La elección no desembocó en una fase de consolidación, sino en una sucesión inmediata de enfermedad y muerte.1

Un pontificado sin ejercicio efectivo del gobierno

Duración y estado de salud

Celestino IV murió el 10 de noviembre de 1241, aproximadamente diecisiete días después de su elección. Algunas obras antiguas calculan la duración en quince días, debido a diferencias en el modo de contar el día de la elección y el día del fallecimiento. La cifra exacta no altera la conclusión histórica: el pontificado fue extraordinariamente breve.1

La enfermedad impidió que el nuevo papa desarrollara un programa político o pastoral. No tuvo tiempo para reorganizar la Curia, resolver el conflicto con Federico II, nombrar colaboradores, emitir una política diplomática coherente ni intervenir en las disputas italianas. Su elección produjo la existencia jurídica de un nuevo pontífice, pero no una etapa significativa de gobierno.

La falta de consagración y coronación

Celestino IV murió antes de recibir la consagración episcopal y antes de la coronación pontificia. Esta circunstancia resulta relevante para comprender la diferencia entre elección, consagración y entronización en la Iglesia medieval.

La elección canónica y la aceptación del elegido constituían el núcleo de la designación pontificia. La consagración episcopal y la coronación expresaban, respectivamente, la plena incorporación sacramental al orden episcopal -si el elegido todavía no era obispo- y la manifestación solemne de su autoridad pontificia. En el caso de Celestino IV, la muerte interrumpió el proceso antes de que alcanzara esas ceremonias.

La ausencia de coronación no convirtió su elección en un simple acto provisional. La brevedad de su pontificado deriva de su fallecimiento, no de una anulación posterior ni de una renuncia. La Iglesia lo reconoció como papa elegido, aunque su gobierno no llegó a desarrollarse.

La vacante posterior

La muerte de Celestino IV abrió una nueva vacante de la Santa Sede. Las divisiones entre los cardenales, la presión política y el conflicto con Federico II dificultaron la elección de un sucesor. La Iglesia permaneció sin papa durante aproximadamente veintiún meses.

La duración de esta vacante confirma que el problema no residía únicamente en la enfermedad del elegido. El sistema electoral carecía de mecanismos eficaces para proteger la libertad de los electores y forzar una resolución estable cuando las facciones no alcanzaban un acuerdo. La experiencia de 1241 mostró que una elección apresurada podía producir un pontificado incapaz de gobernar, mientras que una elección bloqueada podía dejar a la Iglesia durante largo tiempo sin cabeza visible.

La elección de Inocencio IV, finalmente celebrada en 1243, permitió reanudar el gobierno pontificio. El nuevo papa mantuvo una relación de fuerte oposición con Federico II y trasladó parte de su actividad fuera de Roma, especialmente durante los momentos más intensos de la lucha política. La crisis que había rodeado a Celestino IV no desapareció con su muerte: pasó al pontificado de su sucesor.

Celestino IV y el desarrollo del derecho canónico electoral

Normas anteriores a 1241

La elección papal ya contaba con una evolución jurídica importante antes del siglo XIII. En 1059, Nicolás II reservó la elección del papa a los cardenales, con un papel preeminente para los cardenales obispos y una función de aprobación o aclamación para el clero y el pueblo romanos. Esta legislación buscaba proteger la elección frente a la intervención de las facciones civiles y de los poderes imperiales.4

El III Concilio de Letrán, celebrado en 1179 bajo Alejandro III, estableció que nadie podía ser reconocido como papa sin obtener el voto favorable de dos tercios de los cardenales presentes. La norma pretendía evitar elecciones disputadas y cismas, aunque no determinaba con precisión qué procedimiento debía aplicarse cuando los electores quedaban bloqueados y no conseguían alcanzar la mayoría requerida.4

La elección de 1241 evidenció precisamente esa carencia. La Iglesia poseía una regla sobre la mayoría, pero todavía no disponía de una regulación completa sobre el lugar de la elección, el aislamiento de los cardenales, la alimentación, las comunicaciones, la intervención de las autoridades civiles y las consecuencias de una demora prolongada.

La experiencia de 1241 como antecedente

La elección de Celestino IV no originó por sí sola la legislación del cónclave, pero constituyó una experiencia significativa dentro de la acumulación de crisis electorales del siglo XIII. El confinamiento en el Septizodio demostró los riesgos de dejar la organización material de la elección en manos de un poder político local.

La situación presentaba una paradoja. La Iglesia necesitaba proteger a los cardenales de la presión exterior, pero también debía impedir que la libertad de deliberación degenerase en una vacante indefinida. Un encierro impuesto por un senador romano podía acelerar la decisión, pero no garantizaba su calidad ni la salud de los electores. Una normativa pontificia posterior tendría que equilibrar ambos objetivos: libertad frente a las injerencias y obligación de llegar a una elección.

La constitución Ubi periculum

Gregorio X promulgó en el II Concilio de Lyon, en 1274, la constitución Ubi periculum. La norma ordenaba que, tras la muerte del papa, los cardenales esperasen diez días para permitir la llegada de los ausentes y después se reuniesen en el palacio pontificio. Debían vivir juntos en una sala cerrada, con un número muy limitado de servidores y sin contacto secreto con personas del exterior.5

La constitución introducía también restricciones progresivas sobre la alimentación. Si los cardenales no elegían papa en los primeros días, recibían una dieta más reducida; tras un nuevo periodo de demora, quedaban limitados a pan, vino y agua. La severidad de estas disposiciones pretendía impedir que los intereses personales o las rivalidades políticas prolongasen indefinidamente la vacante.5

El preámbulo de Ubi periculum justificaba la reforma mediante la experiencia de los daños provocados por las vacantes prolongadas. El Concilio entendía que una sede apostólica vacante durante mucho tiempo perjudicaba a la Iglesia romana y ponía en riesgo sus bienes, su autoridad y su capacidad de gobierno.5

Suspensión y restauración de la legislación

La legislación de Ubi periculum no tuvo una aplicación lineal. En las décadas posteriores, las tensiones políticas y las dificultades prácticas llevaron a suspender o modificar su aplicación. La elección de Gregorio X, después de una vacante que duró casi tres años entre 1268 y 1271, había impulsado la reforma, pero las elecciones posteriores demostraron que el equilibrio entre autonomía cardenalicia, presión urbana y autoridad pontificia todavía resultaba frágil.3

Bonifacio VIII restauró y confirmó la legislación de Ubi periculum, incorporándola al derecho canónico. Desde entonces, la elección papal quedó vinculada de manera estable al procedimiento del cónclave. La experiencia de Celestino IV pertenece así a la prehistoria inmediata de una institución que la Iglesia desarrolló para evitar tanto la imposición política como las vacantes interminables.3

Las crónicas medievales y la historiografía moderna

El testimonio de las crónicas

Las crónicas contemporáneas y cercanas a los acontecimientos conceden especial importancia al dramatismo del encierro de los cardenales. El hambre, la enfermedad, la presión del senador romano y las divisiones entre las facciones aparecen como elementos centrales del relato. La narración cronística suele concentrarse en los episodios visibles y extraordinarios: el confinamiento, las condiciones del Septizodio y la muerte rápida del elegido.

Este tipo de fuente resulta indispensable para reconstruir el ambiente político de Roma, pero exige una lectura crítica. Los cronistas escribían desde posiciones eclesiásticas, urbanas o políticas concretas. Sus relatos podían presentar a determinados actores como defensores de la Iglesia, tiranos, traidores o responsables exclusivos del fracaso electoral. La crónica ofrece acontecimientos y percepciones, pero no siempre proporciona una descripción neutral de las causas.

La interpretación de la historiografía moderna

La historiografía moderna tiende a situar a Celestino IV dentro de procesos más amplios:

  • la transformación del Colegio de Cardenales en el principal órgano electoral de la Iglesia;
  • la lucha entre el papado y el Imperio;
  • la influencia de las familias aristocráticas romanas;
  • la necesidad de proteger la elección frente a la intervención secular;
  • la ausencia de procedimientos eficaces para resolver los bloqueos electorales;
  • la progresiva juridificación del cónclave.

Desde esta perspectiva, Celestino IV no aparece como un papa sin importancia, sino como una figura que permite observar las limitaciones de la monarquía pontificia medieval. Su reinado no fracasó por una política concreta: la muerte impidió que comenzara una política pontificia estable. El verdadero objeto de análisis reside en las condiciones que hicieron posible una elección tan precaria.

La historiografía también evita atribuir a Celestino IV decisiones que nunca pudo ejecutar. La brevedad del pontificado desaconseja presentar programas de reforma, iniciativas diplomáticas o intervenciones doctrinales sin respaldo documental. La imagen histórica más rigurosa distingue entre la relevancia estructural de su elección y la escasez de actos propios de su gobierno.

Evaluación histórica

Un pontificado sin reformas propias

Celestino IV no tuvo tiempo para promulgar reformas significativas ni para desarrollar una política eclesiástica reconocible. La literatura histórica a veces describe su pontificado como «infructuoso», pero esa valoración puede resultar injusta si atribuye la falta de resultados a incapacidad personal. La causa inmediata fue su enfermedad y su muerte, no una gestión prolongada que hubiera producido resultados negativos.

Su importancia deriva de tres circunstancias:

  1. La elección ocurrió en una crisis abierta entre el papado y el Imperio.
  2. Los cardenales sufrieron una presión civil extraordinaria durante el proceso electoral.
  3. La muerte del elegido desencadenó una nueva vacante prolongada.

Estas circunstancias muestran que un pontificado breve puede tener relevancia histórica aunque no deje constituciones, tratados ni reformas administrativas.

El significado institucional

La elección de Celestino IV puso de manifiesto la vulnerabilidad del papado en una época en la que la autoridad espiritual dependía también de condiciones materiales: seguridad, libertad de movimiento, comunicaciones, control territorial y reconocimiento político.

El caso revela asimismo la tensión entre dos necesidades. Por una parte, el Colegio de Cardenales debía permanecer libre de presiones externas. Por otra, la Iglesia necesitaba que sus miembros alcanzasen una decisión dentro de un plazo razonable. El derecho canónico posterior intentó resolver esa tensión mediante el cónclave cerrado, la regulación de los contactos con el exterior y las sanciones contra quienes interfiriesen en la elección.

Muerte y memoria

Celestino IV murió el 10 de noviembre de 1241. No recibió canonización ni beatificación y carece de una memoria litúrgica propia como santo. La tradición eclesiástica lo reconoce, sin embargo, dentro de la sucesión legítima de los pontífices romanos.

Su nombre quedó asociado a uno de los pontificados más breves de la historia papal y a una elección celebrada en condiciones excepcionales. Conviene no confundirlo con:

  • Celestino II, también llamado Goffredo Castiglioni, papa entre 1143 y 1144;
  • Celestino III, papa entre 1191 y 1198;
  • san Celestino V, Pietro del Morrone, papa en 1294 y posteriormente canonizado.

La coincidencia del nombre pontificio ha provocado confusiones en obras antiguas y repertorios populares. Celestino IV perteneció a una generación distinta de los otros papas llamados Celestino y no debe identificarse con el ermitaño Pietro del Morrone, cuya renuncia pontificia tuvo lugar más de medio siglo después. Las informaciones relativas a Celestino V corresponden a otro pontificado y a otra personalidad histórica.6

Importancia histórica

El pontificado de Celestino IV ocupa un lugar reducido en la historia narrativa del papado, pero posee gran valor para comprender la evolución institucional de la Iglesia medieval. Su elección mostró los peligros de una designación pontificia sometida a la coerción de las autoridades civiles; su muerte evidenció la fragilidad de una Iglesia sin mecanismos suficientes para asegurar una sucesión estable; y la vacante posterior contribuyó al clima que impulsó una legislación más precisa sobre el cónclave.

La experiencia de 1241 no produjo inmediatamente una solución definitiva. La Iglesia necesitó nuevas crisis, especialmente las largas vacantes del siglo XIII, para configurar un sistema jurídico duradero. Con Ubi periculum, el Concilio II de Lyon estableció las bases del cónclave regulado, y Bonifacio VIII consolidó posteriormente esa normativa en el derecho canónico.3

Celestino IV representa, por tanto, el punto de encuentro entre la crisis política del papado medieval y la progresiva formación del derecho electoral pontificio. Su pontificado fue demasiado breve para ejercer un gobierno efectivo, pero su elección y su muerte forman parte de la cadena de acontecimientos que condujo a la institucionalización del cónclave.

Citas y referencias

  1. Papa Celestino IV. Enciclopedia Católica, Papa Celestino IV (1913). 2 3 4 5
  2. Papa Gregorio IX. Enciclopedia Católica, Papa Gregorio IX (1913).
  3. Conclave. Enciclopedia Católica, Conclave (1913). 2 3 4
  4. Elección de los papas. Enciclopedia Católica, Elección de los Papas (1913). 2
  5. Constituciones - Sobre la elección y el poder de la persona elegida {6}, Documento del Concilio. Segundo Concilio de Lyon (1274 d.C.), II. 2 (1274). 2 3
  6. Papa San Celestino V. Enciclopedia Católica, Papa San Celestino V (1913).
Modificado el 17 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.14Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/z2zfrx5k2

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