La misión profética de los bautizados comprende varias dimensiones inseparables: acoger la Palabra, vivirla, anunciarla y discernirla.
Acoger la Palabra de Cristo
El bautizado participa en la función profética al recibir con fe la Palabra de Dios y al adherirse a la fe apostólica. La fe no consiste en una opinión religiosa privada, sino en la respuesta de toda la persona a Dios que revela su verdad y ofrece la salvación en Jesucristo.
La Comisión Teológica Internacional relaciona la participación profética de todos los bautizados con la unción del Espíritu de la verdad. El Espíritu capacita a los fieles para dar testimonio del Evangelio y de la fe apostólica dentro de la Iglesia y ante el mundo, y les concede un conocimiento íntimo y personal de la fe eclesial.
Esta acogida exige formación. El Concilio Vaticano II exhorta a los laicos a profundizar en la verdad revelada y a pedir a Dios el don de la sabiduría. La ignorancia religiosa, la aceptación acrítica de opiniones y la reducción del cristianismo a sentimientos personales debilitan la misión profética.
Dar testimonio con la vida
La primera forma de profecía cristiana consiste en vivir de acuerdo con el Evangelio. La conducta del bautizado puede mostrar la belleza de la fe y hacer visible la esperanza cristiana. La Iglesia participa en el oficio profético de Cristo al difundir su testimonio vivo, especialmente mediante una vida de fe y caridad y mediante la alabanza ofrecida a Dios.
El testimonio abarca las decisiones ordinarias:
- la honestidad en el trabajo;
- la fidelidad matrimonial;
- la educación cristiana de los hijos;
- la defensa de la dignidad de toda persona;
- la atención a los pobres y vulnerables;
- la responsabilidad en la vida pública;
- el perdón y la reconciliación;
- la sobriedad en el uso de los bienes;
- la coherencia en la vida digital y en las relaciones sociales.
La vida cristiana no pretende ofrecer una imagen de perfección humana autosuficiente. El testimonio incluye también reconocer el pecado, pedir perdón, buscar la conversión y comenzar de nuevo con la gracia de Dios. La humildad y la misericordia hacen creíble el anuncio cristiano.
Proclamar el Evangelio con la palabra
La palabra completa el testimonio de la vida. El bautizado anuncia a Cristo cuando explica las razones de su esperanza, comparte la fe, responde a las preguntas religiosas y presenta el Evangelio con claridad y caridad.
El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica resume esta participación laical en cuatro caminos: recibir cada vez más profundamente la Palabra de Cristo, proclamarla al mundo mediante el testimonio de la vida, expresarla con palabras y realizar una acción evangelizadora y catequética. La evangelización adquiere una eficacia particular cuando ocurre en las circunstancias ordinarias de la vida.
La proclamación profética no equivale a imponer convicciones, dominar una conversación o convertir la fe en una disputa. El anuncio cristiano respeta la libertad, busca la verdad y mantiene la caridad. La firmeza en la confesión de la fe debe convivir con la paciencia, la escucha y el respeto hacia quienes todavía no creen o profesan otra religión.
Participar en la catequesis y en la evangelización
Los bautizados pueden ejercer su misión profética mediante la catequesis, la preparación sacramental, la formación de adultos, la enseñanza de la fe en la familia y la colaboración en las iniciativas evangelizadoras de la parroquia y de la diócesis.
La catequesis no transmite únicamente datos religiosos. Ayuda a comprender el misterio cristiano, introduce en la vida litúrgica, forma la conciencia moral y orienta hacia la comunión eclesial. Un catequista bautizado participa en la misión profética cuando comunica fielmente la fe de la Iglesia y acompaña el crecimiento espiritual de otras personas.
La evangelización también alcanza los ambientes profesionales, educativos, culturales, científicos, artísticos y políticos. La presencia cristiana no exige que todos desempeñen funciones eclesiales. Cada bautizado puede llevar el Evangelio a los espacios donde desarrolla su vida.