La exhortación nació de la Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, convocada para estudiar la situación de la Iglesia y de los pueblos africanos. El documento contempla el desarrollo de las comunidades cristianas, sus dificultades pastorales y sociales, y su creciente responsabilidad dentro de la misión universal de la Iglesia.
Durante casi dos siglos, el número de católicos africanos experimentó un crecimiento notable. Este crecimiento quedó acompañado por la multiplicación de las circunscripciones eclesiásticas, la formación de un clero autóctono, el aumento de los seminaristas y de los candidatos a la vida consagrada, y la expansión de la red de catequistas. La presencia cada vez mayor de obispos africanos dentro de la jerarquía del continente manifestó la madurez alcanzada por las Iglesias particulares africanas.1
La Iglesia africana también adquirió una presencia significativa en los ámbitos de la educación y de la asistencia sanitaria. Aunque los católicos constituían aproximadamente el catorce por ciento de la población africana, las instituciones sanitarias católicas representaban alrededor del diecisiete por ciento de los centros de salud del continente.1
