Dios como causa primera y la criatura como causa segunda
El punto de partida bañeciano distingue entre Dios, causa primera, y las criaturas, causas segundas. Dios no actúa como un agente más dentro del universo, situado al mismo nivel que las criaturas: da a cada criatura su capacidad de obrar y sostiene su actividad. Por eso, la acción de Dios y la acción humana no compiten como si una tuviera que reducir el espacio de la otra. En esta perspectiva, la causalidad divina puede fundamentar la actividad de la voluntad humana sin sustituirla.,
La voluntad humana continúa siendo una causa real de sus propios actos. La acción divina, según esta doctrina, mueve a la voluntad para que actúe de acuerdo con su naturaleza racional y libre, no como un mecanismo carente de elección. La cuestión central consiste en explicar cómo una acción divina infalible puede producir un acto que sigue siendo verdaderamente voluntario.
Premoción física
La expresión premoción física designa la acción causal de Dios que precede a la actuación de la criatura en el orden de la causalidad, no necesariamente en el tiempo. «Física» no significa aquí corporal o material: alude a una influencia efectiva que hace pasar una potencia a su acto. «Premoción» tampoco exige que Dios actúe primero en una secuencia temporal; expresa la prioridad causal de Dios respecto de la acción creada.,
Según el bañecianismo, Dios mueve las causas necesarias de manera necesaria y las causas libres de manera conforme con su libertad. En el caso de la voluntad, la premoción divina hace posible y eficaz un acto libre concreto. Por esta razón, la escuela también habla de predeterminación física: Dios determina eficazmente la acción, pero la voluntad realiza esa acción mediante un acto propio y voluntario.
Esta explicación pretende evitar dos extremos: que la gracia sea solo una ayuda externa sin eficacia propia, o que la intervención divina fuerce la voluntad como si esta careciera de libertad. Para el bañecianismo, la infalibilidad del efecto no equivale a coacción. La certeza de que el acto tendrá lugar pertenece al orden de la causalidad divina; la coacción, en cambio, consistiría en que la persona actuase contra su voluntad.
Gracia suficiente y gracia eficaz
La teología bañeciana distingue entre gracia suficiente y gracia eficaz. La gracia suficiente concede la capacidad necesaria para realizar una acción buena; la eficaz lleva esa capacidad a su realización efectiva. En esta explicación, la gracia eficaz no recibe su eficacia de un consentimiento humano que la preceda: el consentimiento libre ya forma parte del efecto que la gracia produce.,
La diferencia no significa que la gracia eficaz suprima la cooperación de la persona. La escuela sostiene, precisamente, que el acto se produce en la voluntad y mediante ella. Lo que niega es que la eficacia de la gracia dependa de una decisión humana independiente que determine si la ayuda divina llegará o no a producir su efecto.