El hospital de Santa María de los Inocentes
En 1409 nació en Valencia un hospital puesto bajo el patronazgo de Santa María de los Inocentes. La institución desarrolló una importante labor asistencial y quedó vinculada a una cofradía dedicada a recoger y dar sepultura a los cadáveres de personas fallecidas sin compañía ni protección familiar, tanto dentro de la ciudad como en un radio aproximado de tres millas.
La obra de misericordia que desempeñaba aquella institución proporcionó el marco espiritual y social en el que germinó la devoción a la Virgen de los Desamparados. La advocación no surgió únicamente como una expresión abstracta de piedad mariana: desde sus comienzos estuvo asociada a una atención concreta a los necesitados y a los difuntos abandonados.
La cofradía de los Desamparados
A finales del siglo XV, la cofradía vinculada al hospital se separó de la institución hospitalaria y continuó su actividad con el nombre de Cofradía para el Amparo de los Desamparados. La nueva organización mantuvo la preocupación por las personas sin auxilio y consolidó el culto a la Virgen como expresión religiosa de aquella misión caritativa.
La historia de la advocación y la historia del edificio no coinciden en el tiempo. La devoción comenzó a desarrollarse en el siglo XV, mientras que la construcción de la capilla monumental tuvo lugar más de un siglo después. La bula pontificia que otorgó al templo la dignidad basilical recordó expresamente que el culto a la imagen había surgido en el siglo XV y que, con el paso del tiempo, se había extendido desde Valencia a toda la archidiócesis.
Traslado de la imagen
En una primera etapa, los valencianos veneraron la imagen en una pequeña capilla situada junto al primer hospital de dementes. Durante el siglo XVI, el cabildo catedralicio autorizó su traslado a una capilla estrecha construida detrás de la catedral. El crecimiento de la devoción y la afluencia de fieles hicieron necesaria la construcción de un templo independiente y de mayores dimensiones.
La expansión del culto recibió el apoyo de la monarquía y de las autoridades eclesiásticas y civiles. La devoción se intensificó especialmente en tiempos de peste, guerra y hambre, cuando los habitantes de Valencia acudían a la Virgen para pedir protección y, después, para dar gracias por los favores recibidos.