El Santuario de Luján tiene sus raíces en una profunda tradición piadosa, que narra la milagrosa elección de la Virgen de Luján de permanecer en ese lugar. Desde 1630, la imagen ha acogido maternalmente a quienes se acercan para implorar su protección1. La devoción a Nuestra Señora de Luján ha sido un pilar para el pueblo argentino, hasta el punto de que la bandera nacional comparte los colores de su manto, simbolizando la unión entre la fe y la identidad del país2.
La Coronación y el Patrocinio
La importancia del santuario y de la advocación de Luján se vio oficialmente reconocida con la solemne coronación de la imagen en 1887, un evento trascendental que marcó un hito en la historia religiosa de América2. Posteriormente, en 1930, se reconoció su patrocinio sobre las tierras del Río de la Plata2. Estos actos subrayaron la trascendencia de la Virgen de Luján como Patrona de Argentina3, un título que refleja la profunda conexión espiritual entre María y la nación.
Visitas Papales y Devoción Universal
Varios pontífices han expresado su devoción a Nuestra Señora de Luján. Papas como Urbano VIII, Clemente XI, León XIII, Pío XI y Pío XII manifestaron su piedad filial hacia esta imagen bendita1. El Papa Pío XII, en un mensaje radial de 1947, recordó su visita al santuario en 1934, destacando cómo la Virgen de Luján fue la Patrona oficial del XXXII Congreso Eucarístico Internacional y cómo los grandes amores de Dios y la Patria pueden fundirse en el verdadero culto2.
El Papa Juan Pablo II realizó un peregrinaje especial a Luján en junio de 1982, donde celebró la misa y encomendó la nación a María en momentos difíciles1,4. Este evento fortaleció aún más el vínculo del santuario con la Sede de Roma y la Iglesia universal. En 1984, Juan Pablo II volvió a encomendarse a la Madre Santísima de Luján durante una visita ad Limina de los obispos argentinos5. En 1991, el Papa Juan Pablo II encomendó al recién creado Cardenal Antonio Quarracino, Arzobispo de Buenos Aires, bajo la protección de Nuestra Señora de Luján, enfatizando la adhesión a la Sede de Roma y la Nueva Evangelización6. En 1995, Juan Pablo II bendijo una reproducción de la imagen de Nuestra Señora de Luján que sería entronizada en la Iglesia Nacional Argentina de Roma3. Finalmente, en 1998, el mismo pontífice entronizó la imagen de la Virgen de Luján en la Iglesia Nacional Argentina de Roma, encomendando a la nación argentina a su protección y pidiendo su intercesión por la santidad de las familias y la prosperidad en justicia y paz1. En 2002, Juan Pablo II volvió a mencionar la imagen de la Virgen de Luján en la Iglesia Nacional Argentina de Roma, donde los sacerdotes podrían unirse a la ferviente devoción del pueblo argentino5.

