El proyecto monumental
El crecimiento constante de las peregrinaciones impulsó la construcción de un templo monumental. La basílica actual pertenece al estilo neogótico, corriente arquitectónica que recuperó en el siglo XIX las formas del gótico medieval: arcos apuntados, grandes vidrieras, bóvedas elevadas, contrafuertes y torres verticales.
El proyecto se concibió para responder a la importancia nacional del santuario y para ofrecer un espacio capaz de acoger a numerosos peregrinos. La escala del edificio expresa la expansión de la devoción mariana y el deseo de dotar al santuario de una presencia visible en el paisaje de la pampa argentina.
El templo presenta una estructura de grandes dimensiones, con tres naves, crucero, capillas laterales y dos torres principales. La verticalidad de la fachada orienta visualmente hacia el cielo y convierte el edificio en un signo público de la fe católica.
Arquitectos y fases de las obras
La construcción comenzó a finales del siglo XIX bajo la dirección del arquitecto Ulrich Courtois, sacerdote y arquitecto de origen francés. Otros profesionales participaron en las distintas fases del proyecto, que exigió varias décadas de trabajo y una considerable aportación económica de los fieles.
Las obras avanzaron mediante donativos, colectas y contribuciones de peregrinos y familias. La magnitud del proyecto obligó a ejecutar el edificio por etapas, con sucesivas intervenciones en la cimentación, las naves, el crucero, la fachada, las torres, las vidrieras y la ornamentación interior.
La basílica fue concebida como un templo votivo y nacional. Su decoración presenta numerosas referencias a la historia de la salvación, a la vida de la Virgen y a la historia del propio santuario. El conjunto arquitectónico no busca únicamente producir un efecto monumental: pretende conducir al peregrino desde el exterior hacia el altar y desde la admiración artística hacia la oración.
Arquitectura y elementos destacados
La fachada principal está dominada por dos torres de gran altura, rematadas por agujas y elementos ornamentales propios del neogótico. La portada incorpora esculturas de santos y figuras vinculadas a la historia de la Iglesia, mientras que los grandes ventanales filtran la luz mediante vidrieras de contenido bíblico y mariano.
El interior articula tres naves. La nave central conduce hacia el presbiterio, donde se encuentra el altar mayor y el ámbito reservado a la venerada imagen. Las naves laterales permiten acceder a capillas, altares y espacios de oración.
Las vidrieras desarrollan un programa iconográfico que presenta episodios de la vida de Cristo, escenas marianas y figuras de santos. La luz coloreada crea un ambiente de recogimiento y recuerda la función catequética tradicional del arte sagrado: enseñar la fe a través de imágenes y símbolos.
El camarín de la Virgen ocupa un lugar central en la experiencia del peregrino. Desde allí, los fieles pueden contemplar la imagen y presentar sus intenciones. El papa Pío XII describió el camarín como un espacio de gran riqueza artística y, al mismo tiempo, profundamente devoto.