La construcción de la Basílica de San Antonio de Padua comenzó en 1232, apenas un año después de la muerte y canonización de San Antonio1,2. San Antonio, nacido en Lisboa alrededor de 1195 con el nombre de Fernando, se unió a los Canónigos Regulares de San Agustín antes de convertirse en fraile menor, inspirado por el martirio de los primeros misioneros franciscanos en Marruecos2,3. Fue un predicador elocuente y un teólogo profundo, a quien el Papa Gregorio IX llamó «Arca del Testamento» por su vasto conocimiento de las Sagradas Escrituras2,3. Falleció el 13 de junio de 1231, y su rápida canonización en 1232 por el Papa Gregorio IX atestigua la profunda veneración que ya se le profesaba2,3.
La ciudad de Padua, que había acogido a San Antonio con afecto y devoción durante su vida, le ha rendido honor constante. Los habitantes de la ciudad erigieron un magnífico templo en su memoria, donde sus reliquias fueron trasladadas en 1263. Este evento significativo tuvo lugar en presencia de San Buenaventura, quien era el Ministro General de la orden franciscana en ese momento3.
