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Basílica de San Francisco

La Basílica de San Francisco de Asís es uno de los principales santuarios de la Iglesia católica y uno de los monumentos religiosos más relevantes de Italia. Construida en Asís tras la canonización de san Francisco, alberga su sepulcro y reúne una extraordinaria síntesis de arquitectura gótica italiana, liturgia, peregrinación y pintura medieval.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreBasílica de San Francisco
CategoríaLugar sagrado
DescripciónPrincipal santuario franciscano en Asís, Italia, con arquitectura gótica italiana y cripta que alberga la tumba de San Francisco
Fecha de Fundación25 de julio de 1228
Dirección
  • Asís
  • Asís, Umbría, Italia
Fecha de Dedicación1253
Importancia EclesialLugar de peregrinación y culto, basílica papal con relación especial a la Santa Sede.
Importancia HistóricaPapel decisivo en la expansión de la imagen de la santidad medieval y en el desarrollo de la pintura italiana.
Orden ReligiosaFrailes Menores Conventuales
PaísItalia
PatronazgoSan Francisco de Asís
Personas relacionadasFray Elías de Cortona
TipoBasílica, Basílica papal, Umbría
Uso LitúrgicoCelebración eucarística, peregrinación y veneración de reliquias

Tabla de contenido

Localización y denominación

La basílica está situada en Asís, ciudad de la región italiana de Umbría vinculada a la vida de san Francisco y de santa Clara. El templo pertenece al conjunto de lugares franciscanos que configuran la identidad espiritual de la ciudad.

La denominación actual distingue esta iglesia de las basílicas mayores de Roma. En la terminología eclesiástica contemporánea, la Basílica de San Francisco de Asís recibe el título de basílica papal. Las basílicas papales de Asís poseen una relación especial con la Santa Sede, pero no forman parte del grupo de las basílicas mayores romanas, reservado tradicionalmente a las cuatro grandes basílicas de Roma.

La basílica está confiada a la Orden de Frailes Menores Conventuales, custodios de la memoria litúrgica y espiritual del santuario.

Historia

Muerte y canonización de san Francisco

Francisco de Asís murió el 3 de octubre de 1226 en la Porciúncula. Su cuerpo recibió sepultura provisional en la iglesia de San Jorge, dentro de Asís, donde también había comenzado su predicación y donde santa Clara y sus hermanas pudieron venerar sus estigmas.1

El papa Gregorio IX canonizó a Francisco el 16 de julio de 1228, apenas dos años después de su muerte. La ceremonia tuvo lugar en la iglesia de San Jorge. El mismo día, el pontífice colocó la primera piedra de la nueva basílica dedicada al santo.1

La construcción respondió a una doble finalidad: ofrecer un santuario digno para la veneración de los restos de Francisco y proporcionar una sede monumental a la Orden franciscana, que había experimentado una rápida expansión por Europa.

Construcción

La iniciativa constructora correspondió principalmente a fray Elías de Cortona, uno de los primeros compañeros de san Francisco y vicario general de la Orden. La primera piedra quedó colocada el 25 de julio de 1228, durante el pontificado de Gregorio IX.2

La tradición histórica vincula la terminación y la solemne consagración del templo con el papa Inocencio IV, que consagró la iglesia en 1253.2

La basílica constituye uno de los primeros grandes ejemplos del gótico italiano, aunque su arquitectura incorpora también elementos propios de la tradición románica umbra. La solución espacial respondió a las necesidades de un santuario de peregrinación: circulación de fieles, celebración solemne de la liturgia, veneración de la tumba y desarrollo de un amplio programa iconográfico.

Hallazgo de la tumba

En 1230, los restos de Francisco fueron trasladados desde San Jorge a la nueva basílica. Fray Elías los depositó bajo el altar mayor de la iglesia inferior, en un lugar oculto para protegerlos. La tumba permaneció desconocida durante aproximadamente seis siglos.1

Una investigación iniciada en 1818 permitió localizar el sepulcro tras cincuenta y dos días de búsqueda. El hallazgo confirmó la existencia de una tumba excavada profundamente bajo el altar mayor de la iglesia inferior.1

Arquitectura

Una basílica articulada en varios espacios

La Basílica de San Francisco no consiste en una única nave superpuesta de manera simple. El conjunto monumental integra tres ámbitos cultuales principales relacionados vertical y funcionalmente:

  • la iglesia inferior;
  • la cripta, situada bajo el presbiterio de la iglesia inferior;
  • la iglesia superior, elevada sobre la iglesia inferior.

La descripción tradicional de la basílica como un edificio compuesto por tres santuarios superpuestos expresa la complejidad del conjunto, pero conviene diferenciar la cripta de las dos iglesias. La cripta no constituye una tercera iglesia independiente equivalente a las iglesias inferior y superior, sino el espacio subterráneo que custodia el sepulcro del santo.2

Iglesia inferior

La iglesia inferior presenta un ambiente más recogido y solemne que la superior. Sus proporciones, su iluminación moderada y la concentración de capillas y altares favorecen la oración, la celebración de la Eucaristía y la veneración de los santos.

El espacio está estrechamente relacionado con la memoria de la pobreza franciscana y con la espiritualidad de la cruz. Diversos ciclos pictóricos desarrollan las virtudes religiosas y los episodios de la vida de Francisco, con especial atención a la pobreza, la castidad y la obediencia.2

La iglesia inferior posee también una importancia histórica singular porque acogió inicialmente la tumba de san Francisco y porque conserva algunos de los primeros grandes programas pictóricos asociados a la expansión de la iconografía franciscana.

Cripta

La cripta constituye el centro devocional del santuario. Allí reposan los restos de san Francisco, colocados dentro de un sepulcro de piedra situado bajo el altar mayor de la iglesia inferior.

La ubicación subterránea del sepulcro expresa varios significados teológicos. En primer lugar, recuerda la humildad del santo, que quiso vivir y morir en pobreza. En segundo lugar, vincula la veneración de sus reliquias con la esperanza cristiana en la resurrección del cuerpo. En tercer lugar, manifiesta la continuidad entre la vida terrena del fundador, su muerte y la comunión de los santos.

El sepulcro no funciona como un elemento meramente histórico. La cripta constituye un lugar de oración, peregrinación y veneración de una reliquia insigne. Los peregrinos acuden allí para encomendarse a la intercesión de Francisco y para confrontar su propia vida con el ideal evangélico que inspiró al santo.

La cripta debe distinguirse cuidadosamente de la iglesia inferior, que la contiene arquitectónicamente, y de la iglesia superior, situada sobre el conjunto. La iglesia inferior es un espacio litúrgico amplio; la cripta es el ámbito sepulcral directamente vinculado a los restos del santo.

Iglesia superior

La iglesia superior posee una nave más luminosa y una estructura concebida para acoger grandes celebraciones y amplios ciclos de frescos. Sus muros y bóvedas forman uno de los programas pictóricos más influyentes de la historia del arte cristiano occidental.

La relación entre la iglesia inferior y la superior no responde únicamente a una solución constructiva. El conjunto puede interpretarse también como un itinerario espiritual: la iglesia inferior conduce hacia la memoria penitencial y la veneración de la tumba, mientras que la superior desarrolla una visión más narrativa y gloriosa de la vida de san Francisco y de la historia de la salvación.

Programa iconográfico

La vida de san Francisco

El ciclo más famoso de la iglesia superior narra episodios de la vida de san Francisco en veintiocho escenas. Giotto recibió el encargo de realizar este conjunto a finales del siglo XIII, bajo el generalato franciscano de Juan de Murro. Las escenas siguieron principalmente la vida de Francisco escrita por san Buenaventura, aprobada por el capítulo franciscano de 1263 como relato oficial de referencia.3

El ciclo presenta la existencia del santo como una configuración progresiva con Cristo. La narración no reduce a Francisco a un reformador social ni a un personaje pintoresco: lo muestra como discípulo que abandona los privilegios mundanos, abraza el Evangelio, sirve a los pobres, predica la paz y recibe los estigmas.

Entre los episodios representados figuran:

  • la renuncia de Francisco a los bienes de su padre;
  • la aprobación de la misión apostólica por el papa;
  • la expulsión de los demonios de Arezzo;
  • el encuentro con el sultán;
  • la institución del belén de Greccio;
  • la predicación a las aves;
  • la aparición del Crucificado seráfico;
  • la recepción de los estigmas;
  • la muerte y glorificación del santo.

La iconografía combina escenas milagrosas con ambientes urbanos y rurales reconocibles. La arquitectura, los vestidos, los oficios y los gestos aproximan la vida del santo a la experiencia cotidiana del público medieval. El ciclo convierte la historia de Francisco en una catequesis visual sobre la imitación de Cristo.

El significado de los estigmas

La representación de los estigmas ocupa un lugar central en la iconografía franciscana. Según la tradición de la Orden, Francisco recibió en 1224, en el monte Alvernia, una visión de Cristo crucificado en forma de serafín. De aquella experiencia surgieron las llagas que lo identificaron corporalmente con el Crucificado.4

La imagen de los estigmas posee un significado cristológico. Francisco no aparece como una figura divina, sino como un santo transformado por la contemplación y la conformidad con Jesucristo. Benedicto XVI explicó que este don expresaba la identificación íntima del santo con el Señor crucificado.4

Las virtudes franciscanas

La decoración de la iglesia inferior incluye alegorías relacionadas con las virtudes franciscanas, especialmente la pobreza, la castidad y la obediencia. Estas figuras presentan la vida religiosa como una respuesta concreta al Evangelio y como un camino de configuración con Cristo.2

La pobreza no aparece como simple miseria material, sino como libertad interior y confianza en Dios. La castidad expresa la entrega indivisa del corazón a Dios. La obediencia manifiesta la disposición del discípulo a recibir la voluntad divina dentro de la Iglesia y de la fraternidad.

Este programa alegórico complementa la narración de la iglesia superior. Las escenas muestran acontecimientos; las virtudes explican su sentido espiritual.

Principales artistas

Cimabue

Cimabue participó en la decoración de la basílica y representa una fase decisiva de la pintura italiana anterior a la plena maduración de Giotto. Sus composiciones conservan rasgos de la tradición bizantina, especialmente en la solemnidad de las figuras, el fondo dorado y la organización jerárquica del espacio sagrado.

Giotto

Giotto transformó la narración pictórica de la vida de los santos. En Asís, sus escenas de san Francisco incorporaron una atención renovada a los cuerpos, los gestos, los espacios arquitectónicos y las relaciones humanas.3

El ciclo presenta una teología visual de la encarnación: la santidad aparece en acontecimientos concretos, dentro de lugares habitados por personas reales. La pintura no abandona el carácter sagrado de la narración, pero lo expresa mediante una mayor proximidad a la experiencia humana.

La tradición atribuye a Giotto las primeras veintiuna escenas y considera que las siete restantes fueron terminadas por discípulos a partir de sus diseños. La humedad y diversas restauraciones afectaron considerablemente a los frescos, aunque el programa conserva una importancia excepcional para la historia de la pintura cristiana occidental.3

Pietro y Ambrogio Lorenzetti

La iglesia inferior conserva también obras vinculadas a Pietro Lorenzetti y a otros maestros sieneses. Sus composiciones desarrollan episodios de la pasión de Cristo y escenas de la vida de la Virgen y de los santos.

La presencia de estos artistas muestra cómo la basílica reunió diversas corrientes de la pintura italiana medieval. El programa no presenta una única manera de representar la fe, sino una convergencia de lenguajes pictóricos al servicio de la liturgia y de la catequesis.

Teología del conjunto monumental

Francisco como discípulo de Cristo

La basílica presenta a Francisco como un santo cuya vida se comprende desde Jesucristo. El núcleo de su espiritualidad consistió en contemplar el Evangelio, amar a Cristo e imitar sus virtudes. Benedicto XVI describió al santo como una auténtica imagen viviente de Cristo, siempre dentro de la condición propia de un discípulo y no como una figura divina.4

La pobreza ocupa un lugar central en esta presentación. Francisco quiso vivir desprendido de los bienes materiales para seguir a Cristo con libertad y confianza en Dios. Su testimonio continúa invitando a adoptar una vida sobria y a superar el apego desordenado a las riquezas.4

Eucaristía y sacerdocio

La espiritualidad franciscana que inspira el santuario concede un lugar esencial a la Eucaristía. Francisco manifestó una profunda reverencia hacia el Santísimo Sacramento y hacia los sacerdotes, porque mediante el ministerio sacerdotal Cristo se hace sacramentalmente presente en la celebración eucarística.4

La basílica, por tanto, no es únicamente un monumento funerario. Su finalidad principal pertenece al culto cristiano: la proclamación de la Palabra, la celebración de la Eucaristía, la penitencia, la oración y la veneración de las reliquias dentro de la comunión de la Iglesia.

Fraternidad y creación

La iconografía y la memoria de Francisco también evocan su fraternidad universal. El santo contempló a los seres humanos y a las criaturas como dones relacionados con el Creador. Esta visión inspiró el Cántico de las criaturas, expresión de alabanza a Dios por el sol, el agua, la tierra, el fuego y la vida.

Juan Pablo II presentó a Francisco como hombre de paz, sencillez, oración y amor a la creación, aunque situó siempre esas características en el centro de su relación con Jesucristo.5

La basílica como lugar de peregrinación

La tumba de san Francisco convierte la basílica en uno de los grandes destinos de peregrinación de la cristiandad. Los visitantes recorren el santuario como un espacio de memoria apostólica, veneran los restos del santo y contemplan los ciclos pictóricos que narran su conversión y su misión.4

La peregrinación posee una dimensión penitencial y sacramental. El fiel no acude solamente para conocer una obra artística, sino para entrar en contacto con el testimonio de un cristiano que buscó vivir radicalmente el Evangelio.

La basílica conserva además una dimensión universal. Francisco ha influido en creyentes de culturas diversas por su defensa de la paz, su amor a los pobres, su sencillez de vida y su cuidado de la creación. Juan Pablo II relacionó expresamente la identidad de Asís y de otras ciudades franciscanas con el espíritu de san Francisco.5

Importancia histórica y eclesial

La Basílica de San Francisco desempeñó un papel decisivo en la expansión de la imagen cristiana de la santidad durante la Baja Edad Media. Sus frescos trasladaron la vida de un santo reciente a un programa monumental accesible a los peregrinos y a la comunidad eclesial.

El templo también contribuyó al desarrollo de la pintura italiana. El ciclo de Giotto introdujo una narración más dinámica y concreta, capaz de presentar la historia sagrada mediante personajes, espacios y acciones reconocibles. La basílica se convirtió así en un punto de encuentro entre liturgia, teología, arquitectura y arte sacro.3

Su importancia no deriva únicamente de la antigüedad del edificio o del valor de sus frescos. El santuario conserva la memoria viva de una forma de vida religiosa que puso en el centro la fraternidad, la pobreza evangélica, la predicación, la Eucaristía y la conformidad con Cristo crucificado.

Sentido actual

La Basílica de San Francisco continúa siendo un lugar de culto, peregrinación y formación espiritual. La cripta dirige la atención hacia los restos del santo; la iglesia inferior invita a meditar sobre la cruz, la penitencia y las virtudes; la iglesia superior narra la vocación y la misión de Francisco dentro de la historia de la salvación.

El conjunto recuerda que el arte sacro cristiano no pretende únicamente decorar un espacio. Los frescos, la arquitectura y la disposición de los altares forman un lenguaje catequético que conduce desde la contemplación de la vida de Francisco hacia el misterio de Cristo.

La basílica conserva, finalmente, una enseñanza central de la tradición franciscana: la santidad nace de la gracia de Dios y alcanza su forma visible cuando una persona se entrega al Evangelio con humildad, pobreza, caridad y alegría.

Citas y referencias

  1. San Francisco de Asís. Enciclopedia Católica, San Francisco de Asís (1913). 2 3 4
  2. Asís. Enciclopedia Católica, Asís (1913). 2 3 4 5
  3. Giotto di Bondone. Enciclopedia Católica, Giotto di Bondone (1913). 2 3 4
  4. San Francisco de Asís, Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 27 de enero de 2010: San Francisco de Asís, 1 (2010). 2 3 4 5 6
  5. Papa Juan Pablo II. A los fieles reunidos en la Basílica de la Misión Dolores de San Francisco (17 de septiembre de 1987) - Discurso, 1 (1987). 2
Modificado el 27 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.90Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/x9522b19g

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