La construcción de la Basílica de San Francisco comenzó bajo la dirección de Fray Elías, dos años después de la muerte de San Francisco1. La primera piedra fue colocada por el Papa Gregorio IX el 25 de julio de 1228, poco después de la canonización del santo1,2,3. Este mismo Papa declaró la iglesia como la «Cabeza y Madre» de la Orden Seráfica4. La basílica fue consagrada por el Papa Inocencio IV1.
El complejo se distingue por ser una de las primeras expresiones de la arquitectura gótica en Italia, compuesta por tres santuarios superpuestos1. La magnificencia de su diseño y construcción sirvió como un gran estímulo para el arte italiano, atrayendo a los más destacados pintores de la época para su decoración1.
