La historia de la Basílica de San Marcos está intrínsecamente ligada a la ciudad de Venecia. Originalmente concebida para albergar los restos de San Marcos Evangelista, que, según la tradición, fueron trasladados desde Alejandría en el año 828, la basílica ha sufrido varias transformaciones a lo largo de los siglos. La primera iglesia dedicada a San Marcos fue construida en el siglo IX, pero fue destruida por un incendio en el año 976. La reconstrucción comenzó poco después, y la forma actual de la basílica data principalmente del siglo XI, con importantes adiciones y modificaciones en los siglos posteriores1.
En los siglos X y XI, se añadieron mosaicos a la Basílica de San Marcos. Hacia el año 1071-1084, el Dux Domenico Selvo encargó la ejecución de más mosaicos, especialmente en la cúpula principal y en partes del pavimento. Es probable que los smalti (piezas de mosaico) fueran fabricados por artistas griegos, quienes también se cree que fueron los diseñadores y ejecutores de estas obras1.
El trabajo de mosaicos continuó en la basílica en el siglo XV. En 1430, en la capilla de los Mascoli, se diseñó y ejecutó la «Vida de la Santísima Virgen» por Crambono. Otros mosaicistas como Petrus, Lazarus, Sylvester y Antonius también trabajaron allí. En el siglo XVI, el trabajo en San Marcos continuó, con muchos artistas de renombre involucrados en los diseños. Sin embargo, los mosaicos realizados a partir de 1530 son considerados, en ocasiones, menos adecuados para el edificio que los anteriores, llegando incluso a describirse como toscos, pesados y grotescos, incluso cuando se basaban en diseños de grandes pintores como Tiziano1.

