Fundación de la basílica
La tradición romana atribuye el origen de la basílica al papa Liberio, cuyo pontificado transcurrió entre los años 352 y 366. Por esta razón, el templo recibió los nombres de Basílica Liberiana y Basilica Liberii. La construcción formaba parte del desarrollo de los grandes edificios cristianos levantados en Roma después de la libertad concedida a la Iglesia en el siglo IV.1
La tradición piadosa relaciona la fundación con un prodigio ocurrido el 5 de agosto. Según el relato, un matrimonio romano sin hijos pidió a la Virgen que le indicara cómo emplear sus bienes en su honor. Durante la noche, la Virgen habría revelado el lugar mediante una nevada extraordinaria sobre la cima del Esquilino; el papa Liberio habría recibido una visión semejante. Al día siguiente, el pontífice trazó el perímetro de la iglesia sobre la nieve y el patricio Juan financió la obra.2
La tradición explica los títulos de Santa María de las Nieves y Dedicatio Sanctae Mariae ad Nives. Sin embargo, la historiografía debe distinguir este relato devocional de la documentación histórica. La leyenda no aparece en los testimonios antiguos conocidos y tampoco figura en la inscripción dedicada por Sixto III; por ello, el prodigio de la nieve pertenece al ámbito de la tradición religiosa, no al de los hechos arqueológicamente demostrados.1
Reconstrucción de Sixto III
El papa Sixto III reconstruyó la basílica entre los años 432 y 440, poco después del Concilio de Éfeso, celebrado en 431. El concilio proclamó solemnemente a María como Madre de Dios, Theotokos, y el nuevo edificio expresó arquitectónicamente la fe de la Iglesia en la maternidad divina de la Virgen.2
La decoración de la basílica, especialmente los mosaicos de la nave y del arco triunfal, presenta numerosos episodios de la infancia de Cristo y un programa teológico centrado en la Encarnación. La elección de estos temas no fue meramente ornamental: vinculó la identidad mariana del templo con la afirmación cristológica del Concilio de Éfeso.
La inscripción dedicatoria de Sixto III proclamaba que el papa había ofrecido a la Virgen un nuevo edificio digno de su maternidad y de la salvación nacida de ella. El conjunto visual y epigráfico convirtió la basílica en una declaración monumental sobre la Encarnación del Verbo y la maternidad virginal de María.3
Desarrollo medieval y moderno
Durante la Edad Media, el templo recibió nuevas estructuras, restauraciones y elementos litúrgicos. El papa Eugenio III añadió el pórtico y promovió intervenciones en la fachada y en el ábside. Con el paso de los siglos, distintas obras modificaron la percepción del edificio original, aunque la basílica conservó la organización fundamental de la gran iglesia basilical paleocristiana.4
En la época moderna, los papas Sixto V y Paulo V levantaron dos grandes capillas laterales con cúpula. La capilla Sixtina alberga el altar del Santísimo Sacramento y las tumbas de Sixto V y san Pío V. La capilla Paulina conserva la venerada imagen de María conocida como Salus Populi Romani.4
Bajo Benedicto XIV, el arquitecto Ferdinando Fuga restauró la basílica y construyó la fachada actual, que modificó la visión exterior de los mosaicos. Estas reformas respondieron al gusto barroco y a las necesidades ceremoniales de la Roma pontificia.4




