La Basílica de Santa María la Mayor tiene sus raíces en una tradición piadosa que la vincula con un milagro de nieve en pleno verano. Según esta tradición, la Virgen María se apareció en sueños al Papa Liberio y al patricio Juan, pidiéndoles que construyeran una iglesia en el lugar donde nevara la mañana siguiente2. El 5 de agosto, en el monte Esquilino, cayó una abundante nevada, y el Papa Liberio marcó el trazado de la iglesia, que fue construida a expensas del patricio Juan2. Por esta razón, la basílica es también conocida como «Santa María de la Nieve» o «Basílica Liberiana»2, y su dedicación es celebrada con particular solemnidad1,5.
Ochenta años después, en el año 432, el Papa Sixto III ordenó su reedificación2. Esta reconstrucción tuvo como objetivo principal exaltar el dogma de la Maternidad Divina de María Santísima, que había sido solemnemente proclamado en el Concilio Ecuménico de Éfeso el año anterior2. Este hecho subraya la importancia teológica de la basílica como un monumento a la fe en María como Theotokos, Madre de Dios.

