El santuario de Covadonga, cuyo nombre antiguo es Cova longa, se dedica a la Santísima Virgen. Su historia está intrínsecamente ligada a la victoria española sobre los árabes en el año 718, bajo el mando de Pelayo1. Este evento marcó el inicio de la Reconquista y el nacimiento de un reino cristiano en estas montañas, que inspiró un estilo de vida y una expresión de existencia basados en el Evangelio2.
El complejo original sufrió un incendio el 17 de octubre de 1777. Los Canónigos Regulares de San Agustín, que estaban a cargo del santuario, se vieron obligados a dispersarse debido a la falta de ingresos. Sin embargo, el rey Felipe IV les ordenó regresar a la vida comunitaria, aumentando su dotación y construyendo casas junto al monasterio. Urbano VII decretó que el abad de Covadonga sería dignatario de la catedral de Oviedo. Aunque Carlos III deseó reconstruir la capilla con suntuosidad, la obra no se completó en su totalidad hasta tiempos más recientes, cuando fue restaurada por el obispo Sanz y Fores1.

