Santa Teresa de Jesús, nacida Teresa de Cepeda y Ahumada en Ávila, España, en 1515, fue una figura pivotal en la historia de la Iglesia Católica durante el siglo XVI1. Su vida estuvo marcada por una profunda experiencia mística y un incansable celo por la reforma de la Orden Carmelita1. Ingresó en el Convento de la Encarnación en Ávila, donde hizo su profesión religiosa y experimentó una «conversión» decisiva hacia una total consagración a Cristo2.
En 1562, Santa Teresa fundó el primer convento de Carmelitas Descalzas, San José en Ávila, marcando el inicio de la reforma del Carmelo2,3. Su objetivo era restaurar la vida carmelita a su regla original de pobreza, clausura y oración contemplativa2,1. Junto con San Juan de la Cruz, reformó la Orden del Carmelo, y el nombre que eligió para sí, Teresa de Jesús, refleja su profunda unión con Cristo4. Sus escritos, como El Castillo Interior y El Camino de Perfección, son obras maestras de la literatura mística y le valieron ser proclamada la primera mujer Doctora de la Iglesia por el Papa Pablo VI en 19705,6,1,4. Falleció el 15 de octubre de 1582 en Alba de Tormes, después de haber fundado numerosos conventos1. Fue beatificada en 1614 y canonizada en 16221.
