El Bautismo de deseo recibe en la teología latina el nombre de baptismus flaminis, expresión relacionada con la acción interior del Espíritu Santo. No constituye un segundo sacramento ni una ceremonia alternativa al Bautismo con agua. Designa la incorporación invisible a Cristo que puede producirse cuando una persona desea recibir el Bautismo y la muerte le impide cumplir ese deseo.2
La doctrina distingue entre:
- El Bautismo sacramental o de agua, administrado con agua y mediante la fórmula trinitaria.
- El Bautismo de deseo, que puede alcanzar la gracia propia de la justificación cuando falta la recepción material del sacramento.
- El Bautismo de sangre, vinculado al martirio sufrido por la fe en Cristo.1
Estas realidades no compiten entre sí. El Bautismo sacramental continúa siendo el medio ordinario de iniciación cristiana; el Bautismo de deseo y el Bautismo de sangre manifiestan que la acción salvadora de Dios puede alcanzar a una persona cuando circunstancias ajenas a su voluntad impiden la recepción sacramental.3


