Preparación y voluntad
La Iglesia católica bautiza a los adultos que abrazan la fe cristiana. En el caso ordinario, el adulto debe manifestar su intención de recibir el bautismo, recibir instrucción suficiente sobre las verdades de la fe y las obligaciones cristianas, y formarse en la vida cristiana mediante el catecumenado. También debe exhortársele a arrepentirse de sus pecados personales.
La recepción del sacramento requiere una voluntad real de recibirlo. La tradición catequética católica enseña que el bautismo no debe imponerse a quien lo rechaza: el adulto debe querer recibirlo. La enseñanza canónica distingue estas disposiciones de preparación de la validez sacramental: la falta de instrucción suficiente o de arrepentimiento no equivale, por sí sola, a que el bautismo sea inválido; para un adulto, resulta decisiva la voluntad de recibirlo.
En caso de peligro de muerte, el derecho prevé una preparación más breve: basta que el adulto conozca algunas verdades principales de la fe, manifieste de algún modo su deseo de recibir el bautismo y prometa observar los mandamientos de la religión cristiana.
Fe, validez y fruto espiritual
La teología católica diferencia entre validez y fruto espiritual. La validez se refiere a que el sacramento haya sido realmente conferido; el fruto espiritual alude a los efectos de gracia que el bautismo produce en quien lo recibe con las disposiciones adecuadas.
La tradición teológica recogida por la Rota Romana distingue la fe requerida para recibir la gracia de la fe como condición de validez: la ausencia de fe no invalida necesariamente el bautismo si concurren los demás elementos esenciales, pero puede impedir que el sacramento produzca su fruto de gracia. Para que un adulto reciba válidamente el bautismo, sí resulta necesaria una voluntad positiva de recibirlo; el rechazo interno o la mera aceptación externa de la ceremonia sin voluntad de recibir el sacramento plantean un problema de validez.,
Por tanto, no debe confundirse la falta de una comprensión completa de la fe con la ausencia de intención. Una persona puede tener una comprensión imperfecta y, aun así, querer recibir el bautismo. La cuestión es si acepta realmente el sacramento, no si comprende de manera exhaustiva toda la doctrina cristiana. La valoración de un caso concreto depende de sus circunstancias.