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Bautismo de Jesús

El Bautismo de Jesús es el episodio del Evangelio en el que Jesucristo acude al río Jordán y recibe de Juan el Bautista un bautismo destinado a los pecadores. Este acontecimiento inaugura la vida pública de Jesús, manifiesta la comunión de las tres Personas divinas y revela su identidad como Hijo amado del Padre. La tradición católica lo denomina también Teofanía, es decir, manifestación de Dios, y lo celebra litúrgicamente al concluir el tiempo de Navidad.

The Baptism of Christ
Ver información de la imagenBautismo de Jesús. c. 1450. aiwaz.net, Piero della Francesca, Dominio Público. 📄
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NombreBautismo de Jesús
CategoríaEvento
Nombre CompletoTeofanía
DescripciónJesús es bautizado por Juan el Bautista en el Jordán, manifestando la Trinidad y comenzando su vida pública. En los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, Jesús recibe el bautismo de Juan en el Jordán; el Espíritu Santo desciende sobre él como paloma y una voz del Padre lo proclama Hijo amado. El evento inaugura la misión pública de Cristo, revela la Santísima Trinidad y prefigura el sacramento del Bautismo cristiano
Contexto BíblicoEvangelios de Mateo 3, Marcos 1, Lucas 3 y referencia en el evangelio de Juan.
Contexto HistóricoPredicación de Juan el Bautista en el desierto, llamado a la conversión y a la llegada del Reino de los cielos; preparación del Mesías.
Fecha de CelebraciónDomingo posterior al 6 de enero
ImportanciaManifiesta la Trinidad; revela la identidad divina de Jesús; inicia su ministerio público; prefigura el sacramento del Bautismo; conecta la Navidad con el tiempo ordinario litúrgico.
TipoSuceso histórico, Bautismo, Río
UbicaciónRío Jordán

Tabla de contenido

Relato evangélico

Los cuatro evangelios relacionan el ministerio de Juan el Bautista con el comienzo de la misión pública de Jesús. Mateo, Marcos y Lucas narran directamente el bautismo; san Juan no describe el rito con el mismo esquema narrativo, pero conserva el testimonio del Bautista acerca del descenso del Espíritu y de la identidad divina de Jesús.

El relato de san Mateo

Jesús llega desde Galilea al Jordán y pide a Juan que lo bautice. Juan intenta impedirlo porque reconoce la superioridad de Cristo: él mismo necesita ser bautizado por Jesús, no Jesús por él. Cristo responde: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia». Juan acepta y bautiza al Señor.

Después del bautismo, Jesús sale del agua, los cielos se abren, el Espíritu de Dios desciende sobre él «como una paloma» y una voz del cielo proclama: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».1

La expresión cumplir toda justicia no significa que Jesús necesitara convertirse o recibir el perdón de los pecados. Cristo es el Santo y el Hijo eterno del Padre. Su entrada en las aguas manifiesta su obediencia al designio salvífico y su solidaridad con la humanidad pecadora, cuya condición ha venido a asumir para redimirla. La tradición cristiana interpreta este gesto como una manifestación de humildad y de vaciamiento voluntario: el Hijo de Dios acepta ocupar el lugar de los pecadores sin compartir su pecado.2

El relato de san Marcos

San Marcos presenta el episodio de forma más breve. Jesús llega desde Nazaret de Galilea y Juan lo bautiza en el Jordán. Al salir del agua, Jesús ve los cielos rasgarse y al Espíritu descender sobre él como una paloma. La voz celestial declara: «Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco».3

El verbo utilizado por Marcos para describir la apertura de los cielos evoca una irrupción decisiva de Dios en la historia. El bautismo no constituye un episodio privado sin consecuencias públicas: inaugura la misión mesiánica de Jesús y anuncia que el tiempo de la salvación ha comenzado.

El relato de san Lucas

San Lucas sitúa el bautismo en un contexto de oración. Después de que Jesús recibe el bautismo y ora, el cielo se abre; el Espíritu Santo desciende sobre él en forma corporal, como una paloma, y la voz del Padre proclama: «Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco».4

La referencia a la oración concuerda con un rasgo característico del tercer evangelio: Lucas presenta repetidamente a Jesús en diálogo con el Padre en los momentos decisivos de su misión. El bautismo aparece así como una escena de revelación y, al mismo tiempo, como el umbral de la actividad evangelizadora de Cristo.

El testimonio de san Juan Bautista

El cuarto evangelio conserva la interpretación del acontecimiento por boca de Juan. El Bautista identifica a Jesús como «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» y explica que su propio bautismo con agua tenía como finalidad manifestar a Jesús a Israel. Juan declara haber visto al Espíritu descender del cielo y permanecer sobre Cristo. También afirma que Dios le había dado este signo para reconocer a aquel que bautiza con el Espíritu Santo. Finalmente proclama: «Este es el Hijo de Dios».5

El testimonio de Juan une tres títulos fundamentales de Jesús:

  • Cordero de Dios, porque Cristo ofrece su vida para quitar el pecado del mundo.
  • Hijo de Dios, porque posee una relación única y eterna con el Padre.
  • Aquel que bautiza con el Espíritu Santo, porque comunica la vida divina y lleva a plenitud la preparación iniciada por Juan.

El contexto histórico y religioso

Juan el Bautista predicaba en el desierto y llamaba a la conversión ante la cercanía del Reino de los cielos. Su bautismo expresaba arrepentimiento, disposición a abandonar el pecado y voluntad de prepararse para la llegada del Mesías.

Este rito no equivalía todavía al sacramento cristiano del Bautismo. Juan utilizaba agua como signo de penitencia y conversión, pero la plenitud sacramental llegaría con la muerte, la resurrección y la efusión del Espíritu Santo por parte de Cristo. La interpretación cristiana antigua distingue el bautismo de Juan, orientado a preparar el camino, del Bautismo instituido por Jesús, que comunica el perdón de los pecados, la filiación divina y la incorporación a la Iglesia.6

Juan comprendía que su misión consistía en preceder al Mesías, no en ocupar su lugar. Por eso proclamaba: «El que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno ni siquiera de llevarle las sandalias». Los comentaristas cristianos antiguos interpretaron esta afirmación como una confesión de la absoluta superioridad de Cristo y como una expresión de la humildad propia del precursor.7

Por qué Jesús recibió el bautismo

Jesús no necesitaba el perdón de los pecados

El bautismo de Juan estaba dirigido a quienes reconocían su pecado y deseaban convertirse. Jesús, sin embargo, es el Hijo santo de Dios y no posee pecado alguno. Su bautismo no responde a una necesidad personal de purificación moral.

Cristo entra en el Jordán en nombre de la humanidad. Acoge el camino de obediencia que conduce a la cruz y se coloca junto a los pecadores para salvarlos desde dentro de su condición histórica, aunque sin participar de su culpa. La tradición cristiana expresa esta paradoja afirmando que Jesús no necesitaba ser limpiado por las aguas; al recibirlas, él mismo les comunica su fuerza regeneradora.8

Cumplimiento de la voluntad del Padre

Jesús recibe el bautismo para cumplir la voluntad del Padre y manifestar una obediencia perfecta. Su humildad no consiste en negar su dignidad divina, sino en aceptar el camino concreto que el Padre ha establecido para la salvación.

La escena anticipa el conjunto del misterio pascual. El descenso a las aguas prefigura la muerte; la salida del agua anuncia la vida nueva; la presencia del Espíritu manifiesta que la obra de Cristo se realiza en la fuerza divina; y la voz del Padre confirma la identidad del Hijo. El Catecismo relaciona el Bautismo con la muerte y resurrección de Cristo, pues el bautizado queda unido sacramentalmente a ambos misterios.2

Inicio de la vida pública

El Bautismo de Jesús marca el comienzo de su ministerio público. A partir de este acontecimiento, Jesús proclama el Reino de Dios, llama a la conversión, anuncia el Evangelio, cura a los enfermos y reúne a sus discípulos. La tradición cristiana vincula explícitamente el bautismo en el Jordán con el inicio de la misión salvadora de Cristo.9

La manifestación de la Santísima Trinidad

El Bautismo de Jesús constituye una de las revelaciones más claras de la Trinidad en el Nuevo Testamento. Las tres Personas aparecen simultáneamente:

  • El Hijo está presente en las aguas del Jordán.
  • El Espíritu Santo desciende sobre él en forma de paloma.
  • El Padre habla desde el cielo y proclama que Jesús es su Hijo amado.

La Iglesia reconoce en esta escena una manifestación trinitaria: el Padre da testimonio del Hijo y el Espíritu confirma visiblemente ese testimonio. El acontecimiento revela que la misión de Jesús procede del Padre y se realiza en la comunión del Espíritu Santo.9

La voz divina evoca varios textos del Antiguo Testamento relacionados con el rey mesiánico y el Siervo elegido. Sin convertir la escena en una simple cita literaria, el evangelio presenta a Jesús como el Mesías esperado, el Siervo obediente y el Hijo que cumple plenamente la voluntad del Padre.

El agua, el Espíritu y la nueva creación

El agua posee en la Biblia un doble significado. Puede representar la muerte y el caos, pero también la vida, la fecundidad y la purificación. En el Bautismo de Jesús, el agua del Jordán queda asociada a la renovación de la creación.

El Catecismo contempla en diversos episodios bíblicos una preparación del sacramento cristiano: las aguas primordiales sobre las que aleteaba el Espíritu, el diluvio, el paso del mar Rojo y la entrada de Israel en la tierra prometida a través del Jordán. Estos acontecimientos anticipan la liberación, la purificación y la vida nueva que Cristo concede mediante el Bautismo.2

Cuando el Espíritu desciende sobre Jesús, la escena evoca también el comienzo de la creación. El mismo Espíritu que daba vida a las aguas aparece ahora vinculado a la inauguración de la nueva creación en Cristo. La santificación de la humanidad comienza en el Hijo encarnado y alcanza, mediante él, a toda la creación.10

Diferencia entre el bautismo de Juan y el Bautismo de Cristo

La distinción entre ambos bautismos resulta esencial para comprender el episodio.

El bautismo de Juan

El bautismo administrado por Juan:

  • Utilizaba agua como signo externo.
  • Expresaba arrepentimiento y conversión.
  • Preparaba al pueblo para la llegada del Mesías.
  • Movía a reconocer el pecado y a esperar la salvación.
  • No comunicaba todavía la plenitud de la gracia sacramental cristiana.

Juan podía llamar a la conversión, pero no podía otorgar por sí mismo la remisión sacramental de los pecados ni comunicar el Espíritu Santo como don de la Nueva Alianza. La tradición teológica explica que la obra redentora de Cristo aún no había alcanzado su cumplimiento histórico en la cruz y la resurrección.7

El Bautismo de Cristo

Cristo trae un bautismo infinitamente superior:

  • Incorpora al creyente a la muerte y resurrección de Jesús.
  • Perdona los pecados.
  • Comunica el Espíritu Santo.
  • Hace al bautizado hijo adoptivo de Dios.
  • Incorpora a la Iglesia.
  • Imprime un carácter espiritual indeleble.
  • Abre la puerta a los demás sacramentos.

El Código de Derecho Canónico define el Bautismo como la puerta de los sacramentos. El sacramento libera del pecado, hace renacer como hijo de Dios, configura con Cristo mediante un carácter indeleble e incorpora a la Iglesia.11

«Con Espíritu Santo y fuego»

Juan anuncia que Jesús bautizará «con Espíritu Santo y fuego». Esta fórmula expresa la plenitud y la eficacia del don mesiánico. Juan emplea agua para significar la conversión; Cristo comunica el Espíritu, que purifica, transforma y vivifica interiormente.7

La palabra fuego admite varios sentidos relacionados entre sí:

  • Purificación, porque la gracia elimina el pecado y ordena el corazón hacia Dios.
  • Transformación, porque el Espíritu hace participar al creyente de la vida divina.
  • Fervor apostólico, porque el discípulo recibe fuerza para anunciar el Evangelio.
  • Juicio, porque la venida de Cristo manifiesta la verdad y separa la fidelidad de la resistencia a Dios.

La imagen alcanzará una expresión visible en Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descienda sobre los apóstoles en forma de lenguas como de fuego. La tradición cristiana vincula ese fuego con la acción poderosa del Espíritu y con la misión evangelizadora de la Iglesia.7

El bautismo cristiano conserva el agua, pero no queda reducido a una ablución corporal. El agua actúa como signo sacramental unido a la palabra y a la acción del Espíritu. El Catecismo llama al Bautismo «sacramento de la regeneración por el agua y la palabra», porque Dios utiliza un elemento visible para comunicar una gracia invisible y eficaz.2

El Bautismo de Jesús y el sacramento cristiano

Jesús recibe el bautismo de Juan, pero después de su Pascua instituye el Bautismo de la Nueva Alianza. Antes de ascender al cielo, confía a los apóstoles la misión de hacer discípulos de todas las naciones y bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.2

El Bautismo cristiano encuentra su fuente en el misterio pascual. Del costado abierto de Cristo crucificado brotan sangre y agua, signos relacionados con el Bautismo y la Eucaristía. La Iglesia comprende así que las aguas bautismales reciben su eficacia salvadora de la muerte redentora de Jesús.2

Por el Bautismo, el creyente participa sacramentalmente en la Pascua de Cristo: muere al pecado, es sepultado con él y resucita a una vida nueva. La persona bautizada se reviste de Cristo, recibe el Espíritu Santo y queda incorporada a la comunidad eclesial.2

El Bautismo constituye, por tanto, el fundamento de toda la vida cristiana. Junto con la Confirmación y la Eucaristía, forma los sacramentos de la iniciación cristiana. Estos sacramentos comunican progresivamente los dones de la vida divina y orientan al creyente hacia la plenitud de la caridad.2

Teofanía en el Jordán y Epifanía a las naciones

El sentido de la Teofanía

La palabra Teofanía procede del griego y significa manifestación de Dios. El Bautismo de Jesús recibe este nombre porque el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo aparecen unidos en una única escena reveladora.

La teofanía del Jordán manifiesta principalmente quién es Jesús. El Padre lo proclama Hijo amado, el Espíritu reposa sobre él y Juan lo identifica como el enviado de Dios. El acontecimiento revela la identidad divina y mesiánica de Cristo antes de que comience su predicación pública.9

El sentido de la Epifanía

La Epifanía del Señor, celebrada tradicionalmente el 6 de enero, contempla particularmente la manifestación de Cristo a las naciones, representadas por los Magos. La estrella los conduce hasta el Niño y muestra que la salvación alcanza no sólo a Israel, sino también a todos los pueblos.

La Teofanía en el Jordán y la Epifanía de los Magos pertenecen a un mismo conjunto de manifestaciones del misterio de Cristo, pero no significan exactamente lo mismo:

  • En la Epifanía, Cristo se manifiesta a las naciones mediante la adoración de los Magos.
  • En el Bautismo, el Padre manifiesta públicamente la identidad de Jesús y el Espíritu Santo desciende sobre él.
  • En Caná, otro acontecimiento vinculado a este ciclo, Cristo manifiesta su gloria mediante el primer signo de su ministerio.

La tradición litúrgica conecta estos acontecimientos porque todos revelan progresivamente la gloria del Verbo encarnado. En la Navidad, el Hijo nace en la carne; en la Epifanía, las naciones lo reconocen; en el Jordán, el Padre da testimonio de él; y en Caná, sus discípulos comienzan a creer en su gloria.12

La liturgia oriental conserva con especial intensidad el nombre de fiesta de la Teofanía para el Bautismo del Señor. Sus textos relacionan la estrella que guio a los Magos con la voz del Padre que revela a Cristo en el Jordán: la estrella manifestó al Salvador en Belén y el Padre lo manifiesta ahora ante el mundo.13

El Jordán como lugar de salvación

El río Jordán posee una profunda significación bíblica. Israel lo atravesó para entrar en la tierra prometida; Jesús entra en sus aguas para inaugurar la salvación definitiva. El paso de Israel anunciaba la entrada en una herencia terrena; el Bautismo de Cristo abre el camino hacia la vida eterna.

La tradición litúrgica contempla el Jordán como un lugar transformado por la presencia del Señor. Las aguas, que no purifican a Cristo porque él no tiene pecado, reciben de Cristo una capacidad nueva: convertirse en signo y medio de regeneración para la humanidad. La bendición del agua expresa esta transformación al presentar el Jordán como fuente de incorruptibilidad y de salvación bautismal.10

Esta interpretación no atribuye una eficacia mágica al agua. El sacramento nace de la acción conjunta del signo visible, de la palabra instituida por Cristo y de la gracia del Espíritu Santo. El agua conservada en una pila bautismal no constituye por sí sola el sacramento; el Bautismo acontece cuando el ministro aplica el agua a la persona mientras pronuncia la fórmula establecida por el Señor.14

Significado cristológico

El Bautismo revela varios aspectos inseparables de la persona y de la misión de Cristo.

Cristo, el nuevo Adán

Jesús aparece como el principio de la humanidad renovada. Allí donde el pecado había introducido ruptura y muerte, Cristo inaugura una existencia reconciliada con Dios. Su descenso a las aguas representa la entrada del Salvador en la situación humana para conducirla hacia la vida nueva.

Cristo, el Siervo obediente

La voz del Padre presenta a Jesús como el Hijo amado, pero la escena también introduce el camino humilde del Siervo. La gloria de Cristo no se manifiesta mediante poder político o dominio terreno, sino mediante la obediencia, la solidaridad con los pecadores y la entrega que culminará en la cruz.

Cristo, el Esposo de la Iglesia

La imagen de las sandalias en el testimonio de Juan ha recibido una interpretación nupcial en la tradición cristiana. Juan actúa como amigo del Esposo y reconoce que la Iglesia pertenece a Cristo. Al declararse indigno de desatar la correa de su calzado, manifiesta que Jesús es el verdadero Esposo y que la misión del Bautista consiste en conducir al pueblo hacia él.7

Significado para la vida del bautizado

El Bautismo de Jesús invita a los cristianos a recordar su propio Bautismo. La voz que proclama al Hijo amado revela también la dignidad que Dios concede a quienes quedan unidos a Cristo. El cristiano no recibe una mera pertenencia cultural, sino una nueva identidad fundada en la gracia.

El Bautismo:

  • Libera del pecado.
  • Hace renacer a la vida divina.
  • Incorpora a Cristo.
  • Introduce en la Iglesia.
  • Concede participación en la misión evangelizadora.
  • Orienta toda la existencia hacia la santidad.

La Iglesia considera el Bautismo el primer y principal sacramento del perdón de los pecados. Por él, la persona queda unida a Cristo muerto y resucitado y recibe el Espíritu Santo.15

La memoria del Bautismo reclama una vida coherente con la gracia recibida. El creyente debe renunciar al pecado, profesar la fe, vivir como hijo de Dios y dar testimonio de Cristo. La celebración no recuerda únicamente un acontecimiento pasado: actualiza la llamada a caminar en la novedad de vida recibida en las aguas bautismales.

Celebración litúrgica

La fiesta del Bautismo del Señor

La Iglesia católica celebra el Bautismo del Señor como una fiesta del tiempo de Navidad. En el calendario litúrgico romano, la fiesta tiene lugar el domingo posterior al 6 de enero.16

Esta celebración marca el final del tiempo de Navidad. Después de contemplar el nacimiento del Salvador, la adoración de los Magos y la manifestación de su gloria, la liturgia presenta a Cristo adulto junto al Jordán, dispuesto a comenzar su misión pública.

La fiesta sirve de transición entre el ciclo navideño y el tiempo ordinario. La Iglesia deja de contemplar principalmente la infancia y la manifestación inicial de Jesús para acompañar su predicación, sus signos, su llamada a los discípulos y su camino hacia Jerusalén.

Signos litúrgicos

La liturgia puede emplear la aspersión con agua en lugar del acto penitencial, especialmente porque la fiesta ofrece una ocasión adecuada para recordar el Bautismo. Las homilías suelen relacionar el agua, la conversión, la filiación divina y la misión cristiana.12

La celebración recuerda que el Bautismo no constituye un rito aislado de la vida cotidiana. El agua, la profesión de fe, la renuncia al pecado y la invocación de la Trinidad expresan una existencia entera orientada hacia Cristo.

Interpretación de los Padres de la Iglesia

Los Padres de la Iglesia contemplaron el Bautismo del Señor desde varias perspectivas complementarias.

San Agustín explicó que Cristo acudió a Juan no por necesidad de purificación, sino para manifestar su humildad y conferir dignidad al Bautismo cristiano. Si Jesús, que es el Señor, aceptó el bautismo administrado por un siervo, los seres humanos no deben despreciar el sacramento que Cristo mismo ha recibido como signo precursor.17

San Juan Crisóstomo contrapuso el bautismo de Juan y el de Cristo para mostrar la grandeza del don mesiánico. Juan conduce al arrepentimiento mediante el agua; Cristo otorga el Espíritu Santo y el fuego. El Bautista no utiliza la diferencia para engrandecerse, sino para orientar toda la atención hacia Jesús.18

Santo Tomás de Aquino interpretó el bautismo de Juan como una preparación para el Reino. Juan reunía a la multitud, llamaba a la penitencia y preparaba la manifestación de Cristo. Jesús, en cambio, concede el Espíritu Santo y comunica la gracia que Juan anunciaba.7

Los Padres también relacionaron el fuego con la fuerza transformadora del Espíritu Santo, con la purificación interior y con la futura manifestación del juicio de Dios. Estas interpretaciones no se excluyen necesariamente: la gracia purifica ya al creyente y orienta la historia hacia la manifestación final de la verdad.6

Importancia doctrinal

El Bautismo de Jesús ocupa un lugar central en la fe católica porque:

  1. Manifiesta la Trinidad: el Padre habla, el Hijo está presente y el Espíritu desciende.
  2. Revela la identidad de Jesús como Hijo amado y Mesías.
  3. Inaugura la vida pública de Cristo.
  4. Prefigura el sacramento del Bautismo.
  5. Anuncia la muerte y resurrección mediante el descenso y la salida de las aguas.
  6. Muestra la humildad y obediencia del Hijo.
  7. Distingue la preparación de Juan de la plenitud sacramental de Cristo.
  8. Conecta la Navidad, la Epifanía y la misión pública del Señor.
  9. Recuerda a los cristianos su dignidad bautismal.
  10. Cierra el tiempo litúrgico de Navidad en el rito romano.

Conclusión

El Bautismo de Jesús en el Jordán no representa una conversión del Señor, sino la revelación pública de su identidad y el comienzo de su misión redentora. Cristo entra en las aguas destinadas a los pecadores para cumplir la voluntad del Padre, cargar con la condición humana y convertir el Jordán en signo de la nueva creación.

Juan bautiza con agua para preparar la conversión; Jesús bautiza con el Espíritu Santo y con fuego, comunicando la gracia que perdona, transforma y santifica. La voz del Padre y el descenso del Espíritu manifiestan la Santísima Trinidad, mientras que el testimonio de Juan presenta a Cristo como el Cordero de Dios y Salvador del mundo.

La fiesta del Bautismo del Señor concluye el tiempo de Navidad y conduce a la Iglesia hacia el tiempo ordinario, donde la comunidad cristiana contempla y prolonga la misión pública de Cristo. A través de este misterio, cada bautizado reconoce que ha nacido de nuevo en el agua y el Espíritu, ha sido incorporado a Cristo y ha recibido la llamada a vivir como hijo de Dios.

Citas y referencias

  1. La Santa Biblia, The New Revised Standard Version, Catholic Edition (NRSV-CE). La Santa Biblia, Mateo 3:13-3:17 (1993).
  2. Capítulo I, los sacramentos de la iniciación cristiana, . Catecismo de la Iglesia Católica, 1212 (1992). 2 3 4 5 6 7 8
  3. La Santa Biblia, The New Revised Standard Version, Catholic Edition (NRSV-CE). La Santa Biblia, Marcos 1:9-1:11 (1993).
  4. La Santa Biblia, The New Revised Standard Version, Catholic Edition (NRSV-CE). La Santa Biblia, Lucas 3:21-3:22 (1993).
  5. La Santa Biblia, The New Revised Standard Version, Catholic Edition (NRSV-CE). La Santa Biblia, Juan 1:29-1:34 (1993).
  6. Capítulo 3, Tomás de Aquino. Catena Aurea sobre Mateo, 3.5 (1272). 2
  7. Capítulo 3, Tomás de Aquino. Comentario sobre Mateo, 3:11 (1272). 2 3 4 5 6
  8. Parte uno - La fe de la Iglesia - III. Creemos en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra, y en nuestro salvador Jesucristo, y en el Espíritu Santo, el Señor, dador de vida - B. «Dios se hizo humano para que los humanos se convirtieran en Dios»139 - 1. La encarnación del Hijo de Dios - C. Teofanía, Sínodo de la Iglesia Greco-cautórica ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestra Pascua, 199 (2016).
  9. Parte uno - La fe de la Iglesia - III. Creemos en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra, y en nuestro salvador Jesucristo, y en el Espíritu Santo, el Señor, dador de vida - B. «Dios se hizo humano para que los humanos se convirtieran en Dios»139 - 1. La encarnación del Hijo de Dios - C. Teofanía, Sínodo de la Iglesia Greco-cautórica ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestra Pascua, 197 (2016). 2 3
  10. Parte uno - La fe de la Iglesia - III. Creemos en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra, y en nuestro salvador Jesucristo, y en el Espíritu Santo, el Señor, dador de vida - B. «Dios se hizo humano para que los humanos se convirtieran en Dios»139 - 1. La encarnación del Hijo de Dios - C. Teofanía, Sínodo de la Iglesia Greco-cautórica ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestra Pascua, 201 (2016). 2
  11. Can. 849, . Código de Derecho Canónico, 849 (1983).
  12. Parte dos: Directrices para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo IV: El año litúrgico y la piedad popular - Tiempo de Navidad - La fiesta del bautismo del Señor, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: Principios y Directrices, 119 (2002). 2
  13. Parte uno - La fe de la Iglesia - III. Creemos en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra, y en nuestro salvador Jesucristo, y en el Espíritu Santo, el Señor, dador de vida - B. «Dios se hizo humano para que los humanos se convirtieran en Dios»139 - 1. La encarnación del Hijo de Dios - C. Teofanía, Sínodo de la Iglesia Greco-cautórica ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestra Pascua, 198 (2016).
  14. Los sacramentos - Bautismo - Importancia de la instrucción sobre el bautismo, Papa Pío V. Catecismo del Concilio de Trento, Los sacramentos - Bautismo (1566).
  15. Capítulo III, credo en el Espíritu Santo, . Catecismo de la Iglesia Católica, 985 (1992).
  16. Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario - Capítulo I: El año litúrgico - Título II - el ciclo del año - IV. Tiempo de Navidad, Papa Pablo VI. Normas universales sobre el año litúrgico y el Calendario Romano General, 38 (1969).
  17. Tractatus (conferencias) sobre el evangelio de Juan: Tractatus 4 Juan 1:19-33, Agustín de Hipona. Tractatus 4 Juan 1:19-33, 14.
  18. Homilía sobre Mateo, Juan Crisóstomo. Homilía 11 sobre Mateo, 5.
Modificado el 24 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.71Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/8nrt991kh

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