El Bautismo es el sacramento de la regeneración por el agua en la palabra1. Es la base de toda la vida cristiana y el acceso a la vida en el Espíritu, permitiendo el ingreso a los demás sacramentos1. A través del Bautismo, la persona es liberada del pecado, renace como hijo de Dios, se une a Cristo y es incorporada a la Iglesia, compartiendo su misión1.
Desde el inicio de la Iglesia en Pentecostés, la conversión a Cristo ha estado ligada al Bautismo como el medio por el cual las personas son incorporadas al Cuerpo de Cristo2. No es meramente un signo externo de conversión, sino un sacramento que significa y efectúa el nuevo nacimiento del Espíritu2. Por el Bautismo, los receptores se convierten en hijos adoptivos del Padre en el Hijo, se configuran a Cristo y son hechos templos vivos del Espíritu Santo2.
La Iglesia Católica enfatiza la importancia suprema del Bautismo, describiéndolo como un don magnífico de Dios3. Es un sacramento de iluminación interior, liberación espiritual y nueva vida, otorgando una participación vital en la muerte redentora y resurrección de Cristo4. Por esta razón, el Bautismo es la fuente de todas las responsabilidades morales de los cristianos, quienes deben considerarse «muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús»4.
Nombres y Simbolismo
El Bautismo ha recibido varios nombres a lo largo de la historia de la Iglesia, cada uno destacando una faceta de su profundo significado5:
Don (o regalo): Porque se concede a quienes no aportan nada por sí mismos5.
Lavatorio de regeneración y renovación en el Espíritu Santo: Como se menciona en Tito 3:5, y porque el pecado es sepultado en el agua6,5.
Unción: Porque quienes son ungidos son de naturaleza sacerdotal y real5.
Iluminación: Porque ilumina el entendimiento de quienes reciben la instrucción catequética, convirtiéndolos en «hijos de la luz»6,5.
Vestidura de inmortalidad: Porque cubre nuestra vergüenza5.
Baño: Porque nos lava5.
Sello: Porque nos guarda y es signo del señorío de Dios5.
Los elementos perceptibles del rito sacramental, especialmente la inmersión en agua, simbolizan la muerte y purificación, así como la regeneración y renovación7. Así, los principales efectos son la purificación de los pecados y el nuevo nacimiento en el Espíritu Santo7. El agua es tanto un símbolo de muerte, invitando a la conversión hacia una nueva identidad, como un símbolo de vida, un «vientre» en el que se renace siguiendo a Cristo en su nueva vida8.

