Infancia y primeros años
Ana Catalina nació en Flamsche, cerca de Coesfeld, en la diócesis de Münster, en el seno de una familia campesina muy pobre pero profundamente piadosa1. A los doce años fue entregada como sirvienta a una familia de agricultores y, más tarde, trabajó varios años como costurera. A pesar de su delicada salud, utilizó los escasos ahorros que había conseguido para ayudar a la familia del organista y, finalmente, para ingresar al convento agustino de Agnetenberg en Dulmen1.
Vocación religiosa y vida conventual
En 1802, a los veintiocho años, Ana Catalina tomó los hábitos en el convento de las Agustinas de Dulmen, donde se mostró siempre dispuesta a desempeñar los trabajos más humildes, aceptando ser considerada la «más baja» de la casa1. Su fervor y sus «poderes extraños» despertaron recelo entre algunas hermanas, que la trataban con cierta antipatía pese a sus constantes ecstasias en la iglesia, la celda y el trabajo cotidiano1. Cuando el hermano Jerome Bonaparte cerró el convento en 1812, se vio obligada a refugiarse en la casa de una viuda pobre, y en 1813 cayó enferma, permaneciendo postrada en cama hasta su muerte1.

