El lugar de nacimiento de Álvaro no está claro: algunas autoridades antiguas lo situaron en Lisboa y otras en Córdoba, ciudad donde transcurrió buena parte de su vida. Ingresó en 1368 en el convento dominico de San Pablo de Córdoba. Con el tiempo destacó como predicador y desarrolló su ministerio primero en Andalucía y después en Italia.1
Tras la muerte de Enrique II de Castilla, Álvaro llegó a ser confesor y consejero de Catalina de Lancaster, reina madre, y participó en la primera formación del futuro Juan II. Durante esa etapa ejerció una influencia notable en la corte. Cuando las disputas políticas dividieron la regencia, dejó el ambiente cortesano y volvió a la predicación. Su trayectoria muestra dos ámbitos distintos de servicio: la orientación religiosa de quienes gobernaban y el anuncio directo del Evangelio a la población.1




