Infancia y formación
Pironio nació en Nueve de Julio, en la provincia de Buenos Aires, en una familia católica de origen italiano. Ingresó en 1932 en el seminario de San José de La Plata, donde cursó los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote el 5 de diciembre de 1943 en la basílica de Nuestra Señora de Luján.1,3
En los primeros años de su ministerio trabajó en la formación de seminaristas. Enseñó literatura, dogmática, cristología, teología sacramental, teología fundamental y filosofía. En 1953 viajó a Roma para estudiar en el Ateneo Pontificio Angelicum, donde obtuvo la licenciatura en Teología. De regreso a Argentina, retomó la docencia y la predicación. En 1958 fue nombrado vicario general y comenzó a enseñar en la Universidad Católica Argentina, en Buenos Aires.1,4
En 1960 asumió la rectoría del Seminario Metropolitano de Villa Devoto. Su actividad docente y pastoral quedó vinculada desde entonces a la formación de sacerdotes y a la renovación de la vida eclesial argentina.1
Concilio Vaticano II y episcopado
Pironio asistió como observador a la sesión inaugural del Concilio Vaticano II, en 1962, y al año siguiente fue nombrado experto conciliar. En 1964 Pablo VI lo nombró obispo auxiliar de La Plata; recibió la ordenación episcopal el 31 de mayo de ese año, en la basílica de Nuestra Señora de Luján.1,4
En 1967 asumió como administrador apostólico de la diócesis de Avellaneda. En 1968 pasó a ser secretario general del CELAM, organismo que presidió entre 1972 y 1975. Tuvo un papel destacado en la preparación y el desarrollo de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Medellín del 26 de agosto al 6 de septiembre de 1968.1
En 1972 fue nombrado obispo de Mar del Plata. Dos años después, Pablo VI lo invitó a predicar los ejercicios espirituales de la Curia romana. En 1975, tras regresar a Argentina, recibió amenazas en un contexto de violencia contra la Iglesia. Rechazó que le asignaran una escolta porque no quería poner en peligro la vida de otras personas.1,5
Servicio en la Curia romana
En septiembre de 1975 Pablo VI lo nombró pro-prefecto de la Congregación para los Religiosos y los Institutos Seculares. Comenzó su trabajo en Roma en diciembre de ese año y, el 24 de mayo de 1976, Pablo VI lo creó cardenal. Juan Pablo II lo confirmó al frente de la congregación, que Pironio dirigió como prefecto.1,5
Su labor se centró en impulsar la renovación de la vida consagrada conforme a las orientaciones del Concilio Vaticano II. Visitó comunidades religiosas, escuchó sus dificultades y promovió la formación inicial y permanente, la relación entre religiosos y obispos diocesanos, y el equilibrio entre la promoción humana y la contemplación. Entendía su responsabilidad no solo como una tarea administrativa, sino también como un servicio destinado a abrir caminos de vida evangélica.5,6
En 1984 Juan Pablo II lo nombró presidente del Consejo Pontificio para los Laicos. Pironio articuló su labor en torno a tres prioridades: formación, comunión y participación. Quería que los laicos asumieran su vocación en la vida de la Iglesia y su responsabilidad cristiana en la sociedad, la política y la cultura. También acompañó el discernimiento y la promoción de los movimientos eclesiales.1,5
Jóvenes y Jornadas Mundiales de la Juventud
Pironio dedicó una atención especial a los jóvenes y colaboró estrechamente con Juan Pablo II en la organización de las Jornadas Mundiales de la Juventud. La Santa Sede lo reconoce como uno de los impulsores de estos encuentros, que llegaron a ser una de las iniciativas más reconocibles de su servicio pastoral. Por su cercanía y comprensión de las inquietudes juveniles, recibió el apelativo de «cardenal de los jóvenes».1,5,4
Últimos años y fallecimiento
En 1984 le diagnosticaron un cáncer de próstata. Aunque la enfermedad se agravó con el paso de los años, continuó en su cargo hasta que Juan Pablo II aceptó su renuncia el 6 de agosto de 1996. En su enfermedad vivió el sufrimiento como una ocasión para ofrecerse por la Iglesia, los sacerdotes, la vida consagrada, los laicos, el papa y la redención del mundo.1,4
Murió en Roma el 5 de febrero de 1998. Trasladaron sus restos a Argentina y los sepultaron en la basílica de Nuestra Señora de Luján, el santuario mariano al que permaneció unido durante toda su vida.1,7



