Pedro Armengol nació en el seno de una familia noble de Arbós, en la provincia de Tarragona, en el Reino de Aragón, hacia el año 1238. Provenía de un linaje vinculado a la nobleza catalana, lo que le proporcionó una educación inicial marcada por los valores cristianos y el servicio a la comunidad. Desde joven, mostró una inclinación hacia la vida religiosa, influido por el contexto de las tensiones entre cristianos y musulmanes en la península ibérica durante la Reconquista.
En su juventud, Armengol se vio envuelto en actividades que reflejaban el espíritu guerrero de la época, participando en escaramuzas contra fuerzas musulmanas. Sin embargo, un episodio transformador ocurrió cuando, durante un enfrentamiento, resultó herido y capturado. Este suceso lo llevó a reflexionar sobre su vida y a buscar una conversión profunda. Liberado gracias a la intervención de la Orden de la Merced, fundada en 1218 por San Pedro Nolasco con el propósito específico de redimir cautivos cristianos de manos infieles, Armengol decidió unirse a esta congregación religiosa.
Ingresó en la orden como hermano lego, no como sacerdote, destacando por su humildad y dedicación. La Orden de la Merced, aprobada por el papa Honorio III, se caracterizaba por el voto especial de redimir a los prisioneros aun a costa de la propia vida, un compromiso que Armengol abrazó con fervor. Su formación en el convento de Barcelona lo preparó para misiones peligrosas en el norte de África, donde los cautivos cristianos sufrían esclavitud y conversiones forzadas al islam.
