Origen y formación cristiana
Daudi Okelo nació hacia 1902 en Ogom-Payira, una aldea del norte de Uganda situada en el camino entre Gulu y Kitgum. Sus padres, Lodi y Amona, practicaban la religión tradicional. Daudi recibió formación catequética y fue bautizado por el padre Cesare Gambaretto el 1 de junio de 1916, cuando tenía aproximadamente catorce años. El mismo día recibió la primera Comunión y el 15 de octubre de 1916 fue confirmado.
Una vez terminada su formación, Daudi aceptó incorporarse a la lista de catequistas. Su decisión muestra la rapidez con la que un joven recién iniciado en la vida cristiana asumió responsabilidades dentro de una comunidad que necesitaba colaboradores locales para transmitir el Evangelio.
Envío a Paimol
A comienzos de 1917 había muerto Antonio, el catequista destinado en Paimol. Daudi acudió al padre Gambaretto, superior de la misión de Kitgum, y se ofreció para sustituirlo. La decisión definitiva llegó a finales de aquel año, durante una reunión mensual de catequistas, cuando determinaron enviar a Daudi acompañado por Jildo Irwa como ayudante.
El padre Gambaretto les explicó las dificultades del destino: la gran distancia desde Kitgum y los peligros derivados de las luchas locales, las incursiones de saqueadores y la inseguridad de la región. Daudi respondió con una frase que resume su disposición interior: «Yo no temo la muerte. También Jesús murió por nosotros».
Hacia noviembre o diciembre de 1917, Daudi y Jildo recibieron la bendición del sacerdote y marcharon a Paimol acompañados por Bonifacio, catequista principal de Kitgum. Daudi asumió allí la responsabilidad de la misión catequética.
Actividad catequética
Daudi reunía a los muchachos interesados en conocer la religión cristiana. Al amanecer tocaba el tambor para convocarlos a la oración de la mañana. Después rezaba el rosario junto con Jildo y enseñaba las oraciones y las preguntas y respuestas del catecismo.
Las primeras nociones de la doctrina cristiana recibían el nombre de lok-odiku, expresión que significa «las palabras de la mañana». Daudi ayudaba a memorizar esas fórmulas mediante la repetición y el canto, un método adaptado a la tradición oral y a las condiciones de la comunidad.
Su apostolado incluía también visitas a pequeñas aldeas cercanas. Allí encontraba a los catecúmenos mientras cuidaban el ganado o trabajaban en el campo. Al atardecer convocaba de nuevo a la oración común y al rosario, que concluía con cantos dedicados a la Virgen María. Los domingos organizaba una reunión de oración más extensa, a la que acudían en ocasiones catecúmenos y catequistas de zonas próximas.
Los testimonios recogidos durante la causa describen a Daudi como un joven tranquilo, tímido, constante en sus obligaciones y querido por la población. También afirman que evitaba intervenir en disputas tribales y políticas, frecuentes en aquella época. Su conducta manifestaba una dedicación centrada en el servicio religioso y en la instrucción de los catecúmenos.