Periodo de los Jueces
Tras la entrada de los israelitas en la tierra prometida, Betel quedó asignada a la tribu de Benjamín, aunque los efraimitas la ocuparon. Durante el periodo de los Jueces, los israelitas acudían allí para consultar al Señor. La tradición también relaciona Betel con una presencia temporal del Arca de la Alianza y con la actividad judicial de Samuel, que juzgaba anualmente en la ciudad.
La importancia religiosa de Betel no dependía solo de la memoria de Jacob. Su ubicación y su antigüedad la convirtieron en un centro de culto y consulta para las tribus del centro de Palestina. La ciudad pertenecía, por tanto, a la red de santuarios vinculados a la primera historia de Israel.
El santuario del reino del Norte
Después de la división del reino unido, Jeroboán I procuró impedir que sus súbditos peregrinaran a Jerusalén, que había quedado dentro del reino de Judá. Para ello estableció dos centros cultuales, uno en Betel y otro en Dan, y colocó en cada uno un becerro de oro. El relato bíblico pone en boca del rey una fórmula que presenta aquellas imágenes como los dioses que habían sacado a Israel de Egipto.
Jeroboán edificó lugares altos, instituyó sacerdotes que no pertenecían a la tribu de Leví y fijó una fiesta propia en el octavo mes. El texto interpreta estas decisiones como una ruptura religiosa y las resume con la expresión «esto fue ocasión de pecado».
La condena bíblica no convierte a Betel en un lugar intrínsecamente impío. El problema reside en la transformación de un antiguo santuario en instrumento político y en la introducción de una forma de culto incompatible con la fidelidad exclusiva al Señor. Betel aparece así como un lugar de memoria patriarcal que el poder real reutiliza para legitimar la separación del reino del Norte.
Elías, Eliseo y los profetas
Poco antes de su asunción, Elías visitó Betel, donde existía una comunidad o escuela de profetas. Eliseo lo acompañó en aquel itinerario. La tradición bíblica vincula también con Betel el episodio de los muchachos que se burlaron de Eliseo y fueron atacados por dos osas.
Los profetas Oseas y Amós denunciaron con frecuencia la corrupción cultual de Betel. El lugar, que había recibido una interpretación positiva en las tradiciones de Jacob, pasó a simbolizar para la predicación profética la infidelidad religiosa del reino de Israel. La ironía teológica resulta especialmente intensa: la «casa de Dios» puede convertirse en un centro de culto deformado cuando la liturgia abandona la alianza.
La caída del reino del Norte
Después de la conquista asiria, uno de los sacerdotes deportados regresó a Betel para enseñar a la población. Sin embargo, la tradición bíblica describe una persistencia de prácticas cultuales mezcladas y de una notable confusión religiosa. Más tarde, el rey Josías destruyó el altar y el lugar alto de Betel durante su reforma religiosa.
La destrucción de aquel altar expresa la centralización del culto en Jerusalén promovida por la reforma deuteronómica. Betel, que había sido un santuario antiguo, quedó así asociada al recuerdo de la división, la idolatría y la crítica profética.