Para entender la relación entre la Biblia y la ciencia, la Iglesia ha desarrollado principios de interpretación bíblica que reconocen la naturaleza y el propósito de los textos sagrados.
El propósito de la Escritura
La Iglesia enseña que los autores sagrados, o más precisamente, el Espíritu Santo que habló a través de ellos, no tuvieron la intención de enseñar la naturaleza esencial de las cosas del universo visible, ya que estas no son de utilidad para la salvación. Por lo tanto, no buscaron penetrar los secretos de la naturaleza, sino que describieron y trataron las cosas de manera más o menos figurada, o en términos comúnmente usados en su tiempo. La Biblia principalmente describe lo que se presenta a los sentidos, y los escritores sagrados «se guiaron por lo que aparecía sensiblemente», o registraron lo que Dios, al hablar a los hombres, significaba de una manera que estos podían entender y estaban acostumbrados.
En este sentido, cuando la ciencia demuestra hechos verdaderos sobre la naturaleza física, la fe católica busca conciliar estos descubrimientos con las Escrituras. Si alguna afirmación científica contradice las Escrituras o la fe católica, debe ser probada como falsa o, en cualquier caso, debe creerse que lo es sin dudar.
Los primeros capítulos del Génesis
Un ejemplo clave de la interacción entre la Biblia y la ciencia se encuentra en la interpretación de los primeros once capítulos del Génesis. La Iglesia ha aclarado que estos capítulos, aunque no se ajustan al método histórico utilizado por los mejores escritores griegos y latinos o por autores competentes de nuestro tiempo, pertenecen a la historia en un sentido verdadero. Este sentido, sin embargo, debe ser estudiado y determinado por los exegetas.
Estos capítulos, con un lenguaje sencillo y metafórico adaptado a la mentalidad de un pueblo poco culto, exponen verdades fundamentales para la salvación y ofrecen una descripción popular del origen del género humano y del pueblo elegido. Si los antiguos escritores sagrados tomaron algo de narraciones populares, lo hicieron con la ayuda de la inspiración divina, que los hizo inmunes a cualquier error al seleccionar y evaluar esos documentos.
La no-contradicción entre verdad revelada y verdad científica
La Iglesia sostiene que no puede haber una verdadera contradicción entre las verdades de la fe y las de la razón, ya que ambas provienen del mismo Dios,. La fe y la razón se apoyan mutuamente. La fe agudiza la mirada interior, abriendo la mente a descubrir en el flujo de los acontecimientos la acción de la Providencia. Por otro lado, la razón ayuda a la teología a comprender mejor la Palabra de Dios, mientras que la revelación de la Palabra de Dios incita a la razón a explorar caminos que por sí misma ni siquiera habría sospechado.
Es fundamental reconocer que el mundo creado y la vida humana no son autosuficientes. Cualquier ilusión de autonomía que niegue la dependencia esencial de Dios de toda criatura lleva a situaciones dramáticas que subvierten la búsqueda racional de la armonía y el significado de la vida humana.