La fe católica sostiene que toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia (2 Tm 3,14-16)1. Esta inspiración divina no niega las cualidades humanas de los autores, incluyendo sus fortalezas, limitaciones, características culturalmente condicionadas y actitudes históricamente datadas2. La investigación y la interpretación de estos documentos buscan clarificar problemas de fe cristiana, promover la oración personal y comunitaria, y facilitar un encuentro con Dios2.
La teología de la inspiración y la hermenéutica bíblica están interconectadas2. Las declaraciones sobre el carácter inspirado de los textos sagrados o la inspiración de sus autores se han realizado frecuentemente en el contexto de la interpretación, para introducir y calificar las afirmaciones sobre cómo deben leerse2. Los principios de inspiración se han explicado y argumentado usualmente en el contexto de la exégesis y en su defensa2.
La acción del Espíritu Santo no solo opera en el autor antiguo, sino también en el lector actual, impulsando y guiando la razón humana hacia la sabiduría que Dios desea revelar3,4. Este vínculo entre el camino literario hacia el significado del texto y la preparación para la gracia de Dios es la razón principal por la que el texto original debe ser escrupulosamente respetado3,4. San Jerónimo afirmó que «la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo»3,4.

