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Biblia

La Biblia es la colección de libros sagrados que transmite por escrito la Revelación divina y ocupa un lugar central en la fe, la oración y la vida de la Iglesia católica. Reúne el Antiguo y el Nuevo Testamento, escritos en épocas y géneros diversos, pero unidos por una misma historia de salvación cuyo centro es Jesucristo.1,2

Gutenberg Bible, Lenox Copy, New York Public Library, 2009. Pic 01
Ver información de la imagenBiblia de Gutenberg, copia Lenox, Biblioteca Pública de Nueva York, 2009. Imagen 01, c. 2009. Publicada originalmente en Flickr como Biblia de Gutenberg, NYC Wanderer (Kevin Eng), CC BY-SA 2.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreBiblia
CategoríaLibro
DescripciónColección de libros sagrados que reúne el Antiguo y el Nuevo Testamento. Colección de libros sagrados que transmite por escrito la Revelación divina
ComposiciónAntiguo Testamento y Nuevo Testamento
ContenidoAntiguo y Nuevo Testamento unidos por la historia de salvación centrada en Jesucristo. La Biblia es Palabra de Dios escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo
Doctrinas RelacionadasRevelación divina, Inspiración y verdad de la Escritura
Importancia EclesialOcupa un lugar central en la fe, la oración y la vida de la Iglesia católica.
Tema
TipoLibro, Colección de libros sagrados

Tabla de contenido

Nombre y significado

La palabra Biblia procede del griego ta biblía, «los libros». Su forma plural expresa bien su naturaleza: no es una obra escrita de una sola vez ni por un único autor humano, sino una colección de escritos de épocas, autores y estilos distintos. La Iglesia reconoce en esa diversidad una unidad profunda, porque los libros forman parte de un único plan divino de salvación.1,2

Para los católicos, la Biblia es Palabra de Dios escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo. Dios es su autor en sentido principal, y los autores humanos escribieron con sus capacidades, su lenguaje y las circunstancias propias de su tiempo. Por eso, la Escritura posee a la vez una dimensión divina y una dimensión humana: transmite la Palabra de Dios mediante palabras humanas.1,3,4

La Biblia contiene la Revelación divina escrita, aunque la fe católica no identifica toda la Revelación con la Escritura: la Tradición apostólica también transmite la Palabra de Dios. Escritura y Tradición pertenecen, por tanto, a la transmisión de la Revelación recibida por la Iglesia.1,5

Composición y estructura

La Biblia cristiana se divide en dos grandes partes: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Ambos se distinguen y, al mismo tiempo, se complementan. El Nuevo Testamento recibe las Escrituras del pueblo judío como herencia sagrada; la Iglesia las lee en relación con Jesucristo, mientras que los escritos apostólicos dan testimonio de la vida, la enseñanza y el misterio de Cristo.6,2

Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento reúne los escritos sagrados recibidos del pueblo de Israel. La Iglesia los considera parte de la Biblia cristiana y reconoce su valor permanente. En ellos encuentra el testimonio de la alianza de Dios con su pueblo y la preparación de la plenitud de la Revelación en Jesucristo.6,7,2

El canon católico incluye libros que no forman parte de algunas ediciones de la Biblia hebrea ni de ciertas Biblias protestantes. Entre ellos figuran Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico o Sirácida, Baruc y los dos libros de los Macabeos, además de pasajes adicionales de Ester y Daniel. La tradición católica denomina deuterocanónicos a estos libros y pasajes; el término indica que su reconocimiento en el canon fue objeto de debate en determinados periodos de la historia cristiana, no que tengan menor autoridad para la Iglesia católica.1

Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento contiene escritos vinculados al testimonio apostólico y a la vida de las primeras comunidades cristianas. La Iglesia los recibió junto con las Escrituras de Israel y los reconoció como testimonio inspirado del cumplimiento de la promesa divina en Jesucristo.6

Su centro es Jesucristo: los libros que lo anuncian y transmiten su mensaje se comprenden dentro de la unidad de toda la Escritura. La diversidad de sus escritos no elimina esa unidad, sino que ofrece perspectivas distintas sobre el mismo acontecimiento de salvación.4,2

Formación del canon

El canon bíblico es la lista de libros que la Iglesia reconoce como sagrados e inspirados. Su formación fue un proceso histórico: las comunidades del Antiguo Testamento recibieron y conservaron determinados escritos como patrimonio de fe, y las primeras comunidades cristianas acogieron también los escritos que reconocían como testimonio apostólico. La Iglesia discernió qué libros pertenecían a la Escritura en continuidad con la Tradición viva recibida.6

La Iglesia no considera que un escrito se volviera inspirado porque ella lo reconociera. Reconoce en esos libros una inspiración anterior a su discernimiento y, guiada por el Espíritu Santo y la Tradición, determinó cuáles debían formar parte del canon.1,6

El reconocimiento del canon tiene relevancia para la fe y la vida cristianas: determina qué escritos reciben la condición de Escritura sagrada y sirven como norma escrita de la fe. El discernimiento de la Iglesia sobre el canon forma parte de la transmisión de la Revelación, no de una decisión desvinculada de la fe apostólica.6,8

Inspiración y verdad

La inspiración bíblica es la acción del Espíritu Santo por la que Dios actúa en los autores humanos para que los libros sagrados comuniquen la verdad que quiso consignar para la salvación. La inspiración no suprime la personalidad, el talento literario ni las condiciones históricas de los escritores; la autoría divina y la autoría humana concurren en una misma obra.6,3,4

Por esta razón, la Biblia no debe entenderse como si Dios hubiera dictado mecánicamente cada palabra. Los autores emplearon formas de expresión propias de su lengua y cultura, y escribieron con los recursos literarios de su tiempo. Para interpretarla correctamente, conviene investigar qué quiso expresar el autor humano y qué comunica Dios mediante esas palabras.1,4

La verdad de la Escritura debe comprenderse atendiendo a su finalidad salvífica y a la forma concreta de cada pasaje. Un poema, una narración, una exhortación o una exposición doctrinal no comunican su contenido del mismo modo. La variedad de géneros y perspectivas forma parte de la riqueza de la Biblia y no contradice su unidad.4,2

Géneros literarios y lectura

La Biblia es también una colección de obras literarias. Sus libros nacieron en circunstancias históricas particulares y presentan distintos estilos y maneras de comunicar. Una lectura rigurosa tiene en cuenta el vocabulario, el contexto, la forma literaria y la intención del escritor, en lugar de tratar todos los pasajes como si pertenecieran a un único género.1,9,4

El estudio de las lenguas originales -principalmente el hebreo y el griego, junto con el arameo en algunos textos- puede ayudar a percibir matices que una traducción no siempre reproduce por completo. El análisis histórico y literario constituye una dimensión necesaria de la interpretación, aunque la lectura católica también considera la inspiración divina y la unidad de la Escritura.9,4

Interpretación en la Iglesia católica

La interpretación católica combina la investigación histórica y literaria con la lectura de la Biblia como Palabra de Dios. El Concilio Vaticano II ofrece tres criterios fundamentales: atender a la unidad de toda la Escritura, leerla dentro de la Tradición viva de la Iglesia y mantener la coherencia entre las verdades de la fe.4

La unidad de la Escritura significa que cada libro y cada pasaje forman parte de un conjunto. Los textos del Antiguo y el Nuevo Testamento presentan diferencias reales, pero la fe cristiana los comprende dentro del plan de Dios, cuyo centro es Jesucristo. La lectura conjunta evita aislar un versículo de su contexto y ayuda a captar el desarrollo de la Revelación.4,2

La Tradición viva es el ámbito en que la Iglesia conserva y transmite la Palabra recibida. El Magisterio -la autoridad docente de la Iglesia- no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio: la custodia y propone su interpretación de acuerdo con la fe apostólica.5,4

La analogía de la fe pide interpretar cada pasaje de manera coherente con el conjunto de las verdades cristianas y con el plan global de la Revelación. Estos criterios no sustituyen el estudio de los textos; orientan su lectura para que el análisis histórico y literario concuerde con su carácter de Escritura inspirada.4

Lugar en la vida cristiana

La Biblia ocupa un lugar esencial en la vida de la Iglesia. En ella, los fieles encuentran el testimonio escrito de la Revelación y una fuente para la formación de la fe, la oración y la conducta cristiana. Su lectura adquiere su sentido pleno dentro de la comunidad que la recibió, la conserva y la proclama.6,5

La lectura cristiana no separa el conocimiento de la Escritura de la vida de fe. Estudiar sus lenguas, su historia y sus géneros permite comprender mejor su dimensión humana; leerla en la Iglesia permite acogerla también como Palabra de Dios dirigida a la comunidad y a cada creyente.9,4

Citas y referencias

  1. La Biblia, Enciclopedia Católica, La Biblia (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  2. Conclusión general, Comisión Bíblica Pontificia. La inspiración y la verdad de la Sagrada Escritura, 139 (2014). 2 3 4 5 6 7
  3. Conclusión general, Comisión Bíblica Pontificia. La inspiración y la verdad de la Sagrada Escritura, 137 (2014). 2
  4. A los miembros de la Comisión Bíblica Pontificia, Papa Benedicto XVI. A los miembros de la Comisión Bíblica Pontificia (23 de abril de 2009), 1 (2009). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  5. G. Aranda-Pérez. La Sagrada Escritura en el Catecismo de la Iglesia Católica, 5 (1993). 2 3
  6. Prefacio, Comisión Bíblica Pontificia. La interpretación de la Biblia en la Iglesia, 1 (1993). 2 3 4 5 6 7 8
  7. II. Enseñanza del catecismo sobre la sagrada escritura, G. Aranda-Pérez. La Sagrada Escritura en el Catecismo de la Iglesia Católica, 7 (1993).
  8. E), G. Aranda-Pérez. La Sagrada Escritura en el Catecismo de la Iglesia Católica, 14 (1993).
  9. Exégesis bíblica, Enciclopedia Católica, Exégesis bíblica (1913). 2 3
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