La palabra Biblia procede del griego ta biblía, «los libros». Su forma plural expresa bien su naturaleza: no es una obra escrita de una sola vez ni por un único autor humano, sino una colección de escritos de épocas, autores y estilos distintos. La Iglesia reconoce en esa diversidad una unidad profunda, porque los libros forman parte de un único plan divino de salvación.1,2
Para los católicos, la Biblia es Palabra de Dios escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo. Dios es su autor en sentido principal, y los autores humanos escribieron con sus capacidades, su lenguaje y las circunstancias propias de su tiempo. Por eso, la Escritura posee a la vez una dimensión divina y una dimensión humana: transmite la Palabra de Dios mediante palabras humanas.1,3,4
La Biblia contiene la Revelación divina escrita, aunque la fe católica no identifica toda la Revelación con la Escritura: la Tradición apostólica también transmite la Palabra de Dios. Escritura y Tradición pertenecen, por tanto, a la transmisión de la Revelación recibida por la Iglesia.1,5




