La palabra bilocación procede del latín bis-«dos veces»- y locatio-«localización»-. En sentido teológico, describe la presencia simultánea de una misma persona en dos lugares diferentes mediante una intervención extraordinaria de Dios.
La bilocación no significa que una persona posea naturalmente dos cuerpos ni que su alma se divida. La criatura permanece limitada por su condición creada. La teología católica considera la bilocación un posible milagro, es decir, un acontecimiento que supera las capacidades ordinarias de la naturaleza y depende de la omnipotencia divina.1
La reflexión escolástica distinguió entre varios modos de presencia. Un cuerpo ocupa normalmente un lugar de manera circunscriptiva: sus partes corresponden a las distintas partes del espacio que lo rodea. En cambio, un espíritu está presente de un modo distinto, porque no posee partes extensas. La bilocación atribuida a un santo implicaría una modalidad sobrenatural de presencia de un cuerpo humano en dos lugares.1



