San Felipe Neri, nacido en Florencia el 22 de julio de 1515 y fallecido en Roma el 26 de mayo de 1595, fue un sacerdote secular italiano célebre por su apostolado en la Ciudad Eterna durante el siglo XVI.1,2 Procedente de una familia de notarios, recibió tempranas influencias dominicas en San Marcos, lo que moldeó su piedad. Llegó a Roma como peregrino pobre en 1534 y dedicó su vida a la oración, la confesión y la educación espiritual, fundando el Oratorio de San Felipe Neri en la iglesia de Santa Maria in Vallicella (Chiesa Nuova).3
Su santidad se manifestó en éxtasis, profecías y milagros, incluyendo un corazón dilatado milagrosamente, como relata su biografía.1 Canonizado en 1622 por Gregorio XV, es copatrono de Roma junto a San Pedro y San Pablo.2 En este marco, los relatos de bilocación emergen como signos de su unión mística con Dios, similares a otros santos reformadores de la época.
Apostolado en Roma y fenómenos místicos
Neri ejerció un ministerio único: confesiones masivas, visitas a las Siete Iglesias y oratorios con música y predicación para contrarrestar la Reforma protestante.4 Fuentes hagiográficas destacan su amor ardiente por Dios, comparable al de San Pedro de Alcántara, que le causaba éxtasis dolorosos.5 Aunque las referencias primarias no detallan episodios específicos de bilocación en su vida, la tradición oratoriana los asocia a su capacidad para multiplicar su presencia pastoral en una Roma marcada por plagas, hambre y herejías.2
Papa Juan Pablo II lo describió como «hombre de cultura y caridad, de estudio y oración», un confesor incansable cuya memoria santificadora perdura.2 Estos elementos contextualizan los presuntos fenómenos bilocatorios como extensiones de su caridad apostólica.
