Vida y ministerio
Felipe Romolo Neri nació en Florencia en 1515 y llegó a Roma en 1534. Allí desarrolló un apostolado especialmente dirigido a los pobres, los enfermos, los peregrinos y los jóvenes. Primero actuó como laico y, más tarde, recibió la ordenación sacerdotal en 1551. Su ministerio encontró uno de sus centros principales en el sacramento de la Penitencia, la dirección espiritual y las conversaciones de formación cristiana.1,2
En torno a él nació la comunidad que daría origen a la Congregación del Oratorio. Felipe promovía la lectura espiritual, el canto, la oración, las visitas a iglesias y las obras de misericordia. La tradición del Oratorio quedó vinculada a una espiritualidad caracterizada por la alegría cristiana, la sencillez evangélica, la humildad y el servicio al prójimo.3
Su actividad tuvo un marcado carácter romano. Atendió a numerosos penitentes, acompañó a personas de toda condición social y contribuyó al cuidado de peregrinos y convalecientes mediante la obra de la Santísima Trinidad de los Peregrinos. Juan Pablo II lo llamó «el Apóstol de Roma» y describió su ministerio como una combinación de cultura, caridad, oración, enseñanza y dirección de las conciencias.4
La fama de fenómenos extraordinarios
Las biografías tradicionales atribuyen a Felipe Neri diversos carismas místicos: éxtasis, visiones, conocimiento de acontecimientos ocultos, curaciones y otros fenómenos extraordinarios. Butler relata que el santo podía entrar en éxtasis durante el rezo del oficio divino, la celebración de la misa e incluso mientras realizaba actividades cotidianas.5
Estos relatos pertenecen al marco de la literatura hagiográfica de la época. La hagiografía pretende transmitir la santidad de una persona y edificar a los lectores, pero no todos sus detalles poseen el mismo grado de valor histórico. Por ello, conviene diferenciar entre la existencia de una tradición antigua, la declaración de testigos en un proceso y la certeza histórica o sobrenatural de cada episodio concreto.



