San Juan Bosco, nacido en Becchi (Piamonte, Italia), dedicó su existencia al rescate de jóvenes abandonados en las calles de Turín, fundando oratorios y la Sociedad Salesiana.1 Su ministerio, marcado por visiones proféticas y milagros, culminó en su canonización en 1934 por Pío XI. En este marco, se sitúan los relatos de bilocación, fenómeno que ilustra su unión mística con Dios y su capacidad para atender necesidades espirituales en múltiples lugares.
Durante el siglo XIX, Turín era un hervidero industrial con miles de jóvenes desamparados, propensos a la delincuencia. Bosco, ordenado sacerdote en 1841, visitaba prisiones y fundaba centros educativos, lo que le valió fama de taumaturgo.1 Testimonios de la época, recopilados por biógrafos salesianos, narran apariciones suyas en momentos imposibles, interpretadas como gracias divinas para confirmar su misión.

