Vida y misión apostólica
San Juan Bosco nació en 1815 en el Piamonte, en el seno de una familia humilde. La muerte de su padre, cuando Juan todavía era muy pequeño, dejó a su madre, Margarita Occhiena, la responsabilidad de sacar adelante a la familia. La educación recibida de ella influyó profundamente en su vida espiritual y en su concepción de la formación cristiana.1
Después de su ordenación sacerdotal, Don Bosco desarrolló su ministerio en Turín, donde entró en contacto con jóvenes pobres, aprendices, huérfanos y muchachos expuestos a la delincuencia y a la miseria. La experiencia de las cárceles y de los barrios desfavorecidos orientó definitivamente su apostolado hacia la juventud abandonada.2
Su obra combinó catequesis, educación, formación profesional, asistencia material y acompañamiento espiritual. El Oratorio de Valdocco ofrecía a los muchachos un espacio de oración, estudio, trabajo y recreo. Con el tiempo, Don Bosco fundó talleres, escuelas, internados y centros de formación, convencido de que la educación cristiana debía atender a la persona entera.3
Fundaciones religiosas
En 1854 comenzó a organizar con algunos colaboradores una forma estable de apostolado que daría origen a la Sociedad de San Francisco de Sales, conocida como Congregación Salesiana. Su finalidad consistía en continuar la atención educativa y evangelizadora de los jóvenes, especialmente de los más necesitados.3
En 1872, junto con santa María Domenica Mazzarello, impulsó el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, destinado principalmente a la educación cristiana de las niñas y jóvenes. También promovió la cooperación de seglares mediante los Cooperadores Salesianos. La obra de Don Bosco adquirió una dimensión misionera internacional y llegó a Europa, América y otras regiones.4
La Santa Sede presentó a Don Bosco como sacerdote, educador de la juventud, fundador de nuevas familias religiosas y propagador de la fe.1




